Lenguaje inclusivo. Apuntes sobre lo que hubiera querido escuchar en el debate


Hermosillo, Sonora.-

Desde que supe que Librería Hypatia organizaba diálogos y debates sobre asuntos escabrosos e interesantes, no quise evitar ser testigo de este siglo y proyecté asistir a uno de los debates que prometía ser, desde mi expectativa indómita, la quintaescencia de la adrenalina controversial. El tema a debatir era el lenguaje inclusivo y, según lo que entendí, había tres preguntas que los participantes iban a desglosar durante el debate con las agujas de sus argumentos. El asunto de una nueva morfología de género que visibilizara a ciertas entidades se me antojaba por demás cautivador, estaba expectante a introducirme a esos criterios posibles que justifiquen teóricamente la alternancia de la variable genérica porque, honestamente, no había encontrado algún artículo o conferencia que explique desde la estructura del lenguaje mismo por qué habría que sustituir un género por otro y bajo qué parámetros lingüísticos. Es un tema escabroso en sí mismo: Pensar en un lenguaje inclusivo pareciera partir de la idea de que el lenguaje es excluyente a priori. ¿Despejaría todas las telarañas de la incertidumbre en mi cabeza el esperado debate? Llegada la hora de desembarazar la incógnita, me senté en una silla al interior de Hypatia y esperé el salivado arranque. Sólo había un participante en contra y un participante a favor. Estos contendientes eran, en el lado de la oposición al lenguaje inclusivo: Natalie Navalles, muy conocida por todos gracias al caso Santo’s Grill, en el que escribió contra este restaurante una carta abierta en la que refutaba todos los argumentos que el gerente publicó en una “disculpa por escrito” y que el análisis discursivo que Natalie hizo sobre la redacción de las ideas en esa disculpa escrita, los descubrió como los nada arrepentidos responsables de un atropello.

En el flanco a favor del lenguaje inclusivo estaba Alan Saldaña, y aquí se apagó la primera velita de mis ilusiones, porque en su introducción del tema a debatir, se autoproclamó como neófito de la materia, con recientes apuntes del tema y una postura flotante al justificar esta iniciativa de lenguaje inclusivo porque la considera inocua.

Natalie por su parte, acusaba una profusa documentación sobre el tema y los subtemas, aristas filosas como vidrios que bien supo exponer y que a más de uno suceptibilizó: en resumen, de lo que vale la pena parafrasear, basta este quote: el que desaprueba el lenguaje inclusivo no lo hace para desaprobar una ideología política que busca ciertos efectos sociales a su favor, denostar el lenguaje inclusivo no es estar en contra del feminismo, es poner en la palestra que ese lenguaje inclusivo no es congruente con las maneras en la que los lenguajes cambian naturalmente según ciertas restricciones que operan dentro de un sistema hasta cierto punto universal, y lo que los científicos lingüistas han sabido bien explicar en los últimos años” Después de unos minutos, Natalie también agregó que la idea de pretender cambiar la ideología del machismo desde la inserción de morfemas de género femenino a voces que originalmente están en masculino neutro, no repercute, según la lingüística cognitiva, en una reducción del machismo del usuario de la lengua.

Los aires se acaloraron cuando el público mostró su inconfundible membresía a alguno de los bandos. Pero el pimpón dialógico de los debatientes se desvirtuó. Primero porque las reglas del debate no se siguieron con orden y limpieza. El moderador, Paco Alonso, desapareció entre los trinos de la organización y el mismo Alan fue quien se quedó con la repartición del turno de las opiniones (algo totalmente inadecuado por obvias razones) y eso impidió en muchos sentidos, que Natalie pudiera erguir sus esquemas argumentativos sobre los subtemas e implicaciones sociales y políticas sobre acciones como legislar el lenguaje. Porque lo que no quise incluir en esta supuesta crónica, ahora no podré evitar confesar: me dio la impresión que se le fueron un poco encima. Lo interesante de esta dinámica de reacción es que fue claro que los subtemas medulares, como saber qué es el género gramatical y cómo opera en la evolución del español, no eran del todo explotado para amarrar las ideas flotantes. Esta posibilidad quedó diluida por la ausencia de un moderador comprometido con la dinámica de exposición y con el tema. Natalie trató de perfilar su discurso hacia estos cauces, pero la moderación se volcó a las inquietudes notables de los presentes y desbarató el elemental esquema de lo que apuntaba a ser un debate, en lugar de darle la prioridad a su oponente para elaborar todas sus réplicas.

Me dio la impresión que las aguas se calentaron más cuando reflexionamos acerca del género gramatical y nos encontramos con que las últimas investigaciones morfológicas del género en el español, revelan que tanto la o, la a y la e operan como morfemas tanto para femenino como para masculinos. Los ánimos a este punto de la noche, estaban tan caldeados que toda aportación académica quedó reducida a nivel de opinión con la participación de voces más apasionadas que informadas.

La idea de que la lengua tiene un sesgo machista en su misma estructura profunda no tiene fundamentos. La lengua en su uso es machista, sí, pero el uso es la ejecución de quien lo usa, y no un atributo del instrumento. Todos estos interesantes conceptos asomaron rápidamente la cabeza, en el debate, pero no hubo la afortunada casualidad de que los oponentes estuvieran a la altura uno del otro en preparación y ni con alguien que los moderara.

También percibí un tufo de maniqueísmo, quienes vieron en la opositora del lenguaje inclusivo un radical censor no toman en cuenta que el “no” de Navalles atiende a las estructuras y organizaciones del lenguaje mismo. Alan Saldaña llevaba una sola bala, que la gente es libre de hablar como quiera. Desafortunadamente para él, Natalie siempre estuvo de acuerdo en eso. y lo reiteró tantas veces como fue necesario. Y no miente, porque en la carta en la que encaraba a Santo’s Grill por un acto de discriminación por orientación sexual, escribió un postada a las personas agredidas:  “no están solxs”, afirmó.

¿Habrá una segunda revancha donde se retome esta interesante y escabrosa madeja? Es rescatable que la Aridoamérica sonorense incluya estos tópicos en su lista de reflexiones necesarias. Es destacable el interés que propició entre los oyentes. Esperemos más disponibilidad y organización de personas que sigan manteniendo viva el ejercicio de reflexión y multidiversidad.

Por Carlos Iván Córdova

Meme cortesía de Taringa

Carta abierta a Santo’s Grill



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Escribe dramaturgia, poesía y ensayo


'Lenguaje inclusivo. Apuntes sobre lo que hubiera querido escuchar en el debate' tiene 3 comentarios

    • octubre 11, 2018 @ 9:09 am Benjamín Alonso

      «No quiero que me incluyan por ser mujer, pero tampoco que me excluyan, que no me vean o no me tengan en cuenta por serlo»… Gracias, Juan. Saludos

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  1. octubre 14, 2018 @ 7:45 am enrique ramos

    muy interesante texto, saber que en Hypatia hay debates, cuando es el próximo? y esto que tenemos que aprender, a moderar, a debatir, sin comernos el tiempo, muy bien redactado el tema escabroso, un poco largo, solamente

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