“Los crímenes de Grindelwald”: se acaba la magia, empieza la política


Sin olvidar que el origen de esta cinta está en el Colegio Hoghwarts de Magia y Hechicería, ¿cómo es posible que con espectaculares efectos visuales, un elenco de primera categoría y firma de autor incluída – J.K. Rowling – termine siendo esta una producción tan confusa y recargada?  

La respuesta está en la decisión de involucrar demasiadas líneas discursivas, demasiados personajes. Así, esta película olvida su función principal. Entretener a todos: novicios y catequizados. De seguir por estas rutas, en ambos bandos pronto se agotará la paciencia. 

Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald (David Yates, 2018) pierde la perspectiva casi desde el principio. Sorprende con un arranque frenético, el escape de Grindelwald (Johnny Depp, entre David Bowie y Donald Trump). Los primeros minutos son vertiginosos. Los más avezados descubrirán en esta introducción el homenaje a La carroza de la muerte (Víctor Sjöstrom, 1921), cine silente que impresionó a Bergman y Kubrick, por ejemplo. 

Newt Scamander (Eddie Redmayne) se encuentra en el ojo del huracán. Albus Dumbledore (Jude Law) le pide ir a París, a pesar de la prohibición expresa que le impide a Scamander viajar. El motivo para esta desobediencia es localizar a Credence Barebone, último sobreviviente de un linaje de magos pura sangre.

Grindelwald busca a Credence para explotarlo y convertirlo a su causa: los magos deben gobernar el mundo; el ministerio de magia- MACUSA- quiere encontrar a Barebone para liquidarlo y Dumbledore pretende hallarlo porque, tal vez, es el único ser capaz de matar al venerable maestro. 

Una dirección de arte magistral, con escenarios art deco y art noveau, recibe a los personajes de Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald en el París de 1927. Entonces el modernismo sostenía: “el futuro ha comenzado”, un manifiesto artístico que parece ir de maravilla con el pensamiento político de Gellert Grindelwald.

Si la película se hubiera concentrado en su argumento principal, la lucha soterrada entre Dumbledore y Grindelwald – ¿acaso una insinuación de homoerotismo en la antigua amistad entre estos dos personajes? -, el resultado sería mejor. Pero el hubiera no existe. Y ese es el problema. 

Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald teje demasiadas subtramas. Desde el amor contracorriente, entre Kowalski (Dan Fogler) y Queenie (Alison Sudol), la venganza pura de Yusuf Kama (Wiliam Nadylam) y los conflictos sentimentales de Scamander, poco espacio deja para la exhibición de más animales fantásticos. 

Que es lo que muchos espectadores esperan ver. 

Quizás la peor secuencia en Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald ocurre de noche, en un cementerio francés. La confusión creada por tantas intrigas y conspiraciones, pretende resolverse entre confesiones sobre parentescos y revelaciones que a nadie sorprenden. 

Ahora, la mejor parte es el discurso de Grindelwald: los magos deben apoderarse del mundo porque la humanidad avanza hacia su destrucción. El ascenso del nazismo y la amenaza comunista se profetizan con puntualidad espantosa. 

El hongo de la bomba atómica surge como máxima advertencia. Y ante esta distopia unirse a Grindelwald es irresistible. Sin embargo, para muchos, la conclusión de esta producción puede resultar anticlimática, por no decir aburrida. 

Es verdad. Las historias de Harry Potter han acompañado a toda una generación reflejada en el “niño mago”. Y  estos fans ya han crecido. 

Tramas más oscuras y complejas se antojan como solución. Sin embargo la gran falla de Animales fantásticos: los crímines de Grindelwald es que parece indispensable ver la primera película para comprender, en su totalidad, el nuevo despliegue que ven nuestros ojos. 

En occidente, nuestro pequeño gran mundo gira más y más polarizado. Entre la crisis de las democracias liberales y el surgimiento del populismo autoritario – que es la referencia fundamental para construir el espíritu libertario de Grindelwald -, no hay lugar para pokemones. 

Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald es la segunda entrega de cinco. Como su antecesora inmediata, se agota pronto. La realidad política que vivimos no inspira a esta película. Tampoco las fabulosas criaturas que aparecieron antes. El elenco no puede lucirse. 

Les queda poco tiempo. Hay neblina sobre el futuro de esta franquicia. Y la magia parece esfumarse. 

Habrá, cada vez, más decepcionados. 



Acerca de

Horacio Vidal ( Hermosillo, 1964 ) es publicista y crítico de cine. Ha colaborado para la prensa escrita y electrónica. Actualmente participa en Z 93FM en la emisión "Café 93" con una reseña cinematográfica semanal, así como en Stereo 100.3FM, con crítica de cine y recomendación de lectura. Y en esa misma estación, todos los sábados de 11:00 A.M. a 1:00 P.M., produce y conduce "Cinema 100" el único programa en la radio comercial en México especializado en la música de cine. También ahí hace critica de cine y recomendación de lectura en "Reporte 100", con Sergio Valle.


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