En busca de la música sonorense


Hace unos años, gracias a una tarea universitaria, el destino me llevó a conocer la música tradicional de Sonora. Debo admitir que fue una bofetada de realidad pues en ese tiempo yo era un soberbio norteño radicado en la gran Ciudad de México, jactándose de conocer todo lo que un sonorense que se respete debía de. Venga, motivo de orgullo es tener facultades para cocinar tamales de elote, tortillas de harina, obviamente gallina pinta y carne asada, sin pasar por alto los coricos de maíz. Más orgullo aún es haber vivido muchos años en el Distrito Federal sin mermar un solo grado mi acento hermosillense. Y como buen nacido en la otrora ciudad con aroma a flor de azahar: aficionado y fiel seguidor de los multi-campeones Naranjeros de Hermosillo. Sin duda era un buen hermosillense, mejor aún, un buen sonorense.

 

Pero algo caló hondo en mi orgullo aquel día que conclui la tarea de la escuela… desconocía por completo la música típica de mi tierra natal, desconocía (recordando a Emiliana de Zubeldía) el elemento con el cual se mide la cultura de un pueblo, lo cual consideré imperdonable para mí, alguien que estudiaba y se dedicaba al arte musical desde hacía años. [Nota 1: Según el profesor David Camalich la maestra Emiliana de Zubeldía solía repetir constantemente la frase: “La cultura de un pueblo se mide a través de su música”].

 

Una de las maneras que consideré correctas para dispensar mi ignorancia fue trabajar en investigar, conocer, analizar, asimilar y reescribir una «Nueva Música Sonorense». Y lo entrecomillo porque a pesar de haber escrito música original con los principios estéticos característicos que encontré en la música de Sonora, no es todavía un movimiento generalizado entre los compositores regionales. Como corriente artística es, pues, inexistente. Otra conducta que hallé honesta para redimir mi insensibilidad hacia la historia de la música en Sonora fue hacer de mi persona un difusor y promotor del quehacer musical hecho por quienes nos precedieron. No está de más mencionar que es un trabajo que requiere paciencia y constancia, implica ser consciente que los resultados se darán poco a poco a través del tiempo, no de un día para otro. Por ello es importante recordar que Roma non fuit una die condita, aunque mis ansias desean que hubiese sido así.

 

Bajo el manto de esta conducta está escrito el texto y esa es su intención: difundir y promover la música tradicional sonorense, provocar en quienes leen una reflexión sobre los conocimientos que poseen sobre ella pues se puede caer en la confusión de considerar a la música hecha en el vecino estado de Sinaloa, o a la creada en el otro norte (sustancialmente en el estado de Nuevo León), como la música típica de Sonora. Es importante dejar en claro que NO se trata de hacer un ejercicio de chovinismo sonorense en lo absoluto, pues quien escribe el texto es un habitual y gozoso consumidor de la música tradicional de los territorios norteños mencionados y no mencionados. Incluso he de confesar que en mi adolescencia fui un orgulloso miembro de una banda sinaloense de bastante fama en Sonora, es por ello que “no es por ahí”, no se debe confundir el objetivo. Se trata de conocer la música típica de este estado para dotarla de significaciones contemporáneas, universales y clásicas. Hacer de ella una música digna de ser interpretada en la lira de Apolo pues considero y creo apasionadamente que sus propiedades la hacen merecedora de tal trato. [Nota 2: Al hablar de una significación clásica me refiero a la acepciones romana y romántica de la palabra clásico. Classicus: Reclutas del ejercito romano de primer y más alto nivel; Clásico: aquello que es digno y válido de enseñarse e imitarse pues constituye la base de cualquier formación, permanentemente modélico y no sujeto a modas. Respecto al dios griego Apolo es importante decir que es el patrono de la música y su lira es un rasgo común en sus representaciones].

 

Otro elemento importante a destacar es el baile, pues es muy significativo que ciertas músicas se hacen populares y tradicionales de una región en función de cuánto se bailen. Como músico es algo que no me es grato, sin embargo es mi obligación aceptar la realidad para poder hacer un estudio los más objetivo e imparcial posible. Y si bien no es una regla aplicable a todas las músicas tradicionales del mundo, es una repetición constante en muchas de ellas que el baile determina si la música trasciende a la siguiente generación.

 

Un primer y obligatorio acercamiento es definir la música tradicional para poder discriminar entre las manifestaciones musicales que existen hoy en día en el estado y seleccionar aquellas que cumplan el perfil deseado. Según el prestigiado New Grove Dictionary of Music and Musicians, la música tradicional (folk music) ha sido causa de acalorados debates a lo largo de los años pues muchas definiciones “han sido utilizadas para la construcción y negación de identidades relacionadas a las clases sociales, los nacionalismos y los grupos étnicos” (p. 2065). Para los fines de este texto citamos los principios acordados el año de 1947 en Sao Paulo, Brasil, por el International Folk Music Council (hoy International Traditional Music Council -I. T. M. C. en lo sucesivoacreditada por la UNESCO) que ayudan a identificar la música tradicional del mundo. No significa que sean los únicos criterios ni que ya no sean perfectibles, pero sí son muy claros, universales y libres de cualquier intención política. Los principios son los siguientes:

 

  1. Principio de Tradición Oral: Para que una música sea tradicional debe de ser transmitida de una generación a otra vía tradición oral. (Lo interesante será definir qué es y qué no es tradición oral en la música)
  2. Principio de Variación: Para que una música sea tradicional debe poseer variaciones musicales a la original. Dichas variaciones son producto de la espontánea inventiva de un individuo. Un ejemplo claro es Viva Tepupa original y sus muchas variaciones interpretadas hoy en día:

Original: https://www.youtube.com/watch?v=u7CCQ7QjY9s

Variación 1: https://www.youtube.com/watch?v=OmPZ53fKLkE

Variación 2: https://www.youtube.com/watch?v=OoB8x9hi34I

3.- Principio de Selección: De todo el universo de piezas musicales existentes en una comunidad y tiempo dado, la                               sociedad de dicha región selecciona las músicas que trascienden a la siguiente generación.

 

Al conocer estos principios mi primera impresión fue que el fenómeno de la música tradicional, según los principios del I. T. M. C., es algo muy parecido a la Selección Natural de Darwin.  Sin duda los principios nos auxilian en poder encontrar la música tradicional de una región. Lamentablemente para mi, que he pasado por bastantes momentos de particular alegría por no encontrar respuestas claras, al empezar a hacer un pequeño ejercicio de clasificación de las músicas que se escuchan en el Sonora actual y que hayan cumplido con los tres criterios a través del tiempo, se postró ante mi (en realidad yo me postré ante ella) una gran revelación que tiró por la borda mis creencias respecto a la música sonorense: los avances tecnológicos en la industria musical, los choques culturales de diferentes sociedades (en muchos casos, la imposición de una sobre la otra casi en su totalidad) y el aspecto económico-social, cortaron de tajo la música que se hacía de manera tradicional en Sonora para darle espacio a una “nueva” proveniente de otras latitudes.

 

Camou Healy y Lagarda (1985) comentan que en la década de los sesenta la masificación del disco de acetato fue determinante para la caída del gusto y consumo en la sociedad sonorense por las grandes orquestas, sin pasar por alto el “abaratamiento” al amenizar reuniones sociales o bailes que ya no requerían de música en vivo. Los mismos autores señalan que gracias al “nuevo” ritmo de rock n’ roll, tan popular en los jóvenes de aquellos ayeres, como a su poca exigencia en la técnica musical (comparándolo, claro está, con una orquesta) se dio una proliferación de bandas que resultaban más atractivas para la juventud. También influyó el hecho de la accesibilidad, pues resulta evidente que es más económico contratar y controlar a una banda de cuatro miembros que a una orquesta de veinticinco. No hay que olvidar tampoco la revolución de los instrumentos musicales eléctricos, que por sus propiedades inherentes requieren de un amplificador, siendo este suficientemente poderoso como para sustituir el volumen de una gran orquesta (1985).

 

El profesor Camalich Landavazo argumenta que la música de las grandes orquestas de Sonora sucumbió ante el “progreso y modernización” de los años sesenta (1992). Es claro que los autores citados nos indican la existencia, no muy lejana en tiempos históricos, de un tipo de música orquestal que vibró a lo largo y ancho del estado de Sonora, misma que hoy en día no es reproducida de manera cotidiana por músicos, ni en la radio, mucho menos en discos de acetato o bien por medio del streaming. ¿Podrá acaso esa música ser la tradicional sonorense? Veámoslo.

 

Rascón Valencia ubicó a 139 compositores nacidos en Sonora en el período comprendido entre 1860 y 1940. También nos comenta que dichos creadores escribieron música en formas muy definidas y constantes: vals, fox trot, mazurka, marcha y polka, en ocasiones en forma bolero, pero son las menos (1992). Camou y Lagarda son precisos al mostrar la dotación instrumental de aquellas orquestas: violín, viola, cello y contrabajo. Después, en un segundo momento, se le sumaron la flauta, el saxofón, el clarinete, la trompeta, el trombón, el piano, el bajo, la tuba y la guitarra o banjo (1985). ¿Qué nos dice toda esta información? Me atrevo a darle una breve interpretación: Durante al menos ochenta años en Sonora existió una música que cumplía a cabalidad con los tres principios que exige el I. T. M. C. para ser considerada tradicional ¿Cómo demostrarlo? Muy fácil, voy a repetir lo recién escrito de manera más enfática para ilustrarlo: ¡139 compositores escribieron, al menos durante ochenta años (sí, ¡OCHENTA AÑOS!) música para una dotación instrumental muy determinada (¡los mismos instrumentos siempre!) y para formas musicales constantes y cíclicas (¡los mismos géneros una y otra vez!), sufriendo variaciones con el pasar de los años para resultar en una sonoridad muy particular y característica de la música de Sonora, cumpliendo de esta manera con los tres principios exigidos. Es decir: ¡SÍ, HABÍA UNA MÚSICA DEL Y PARA EL SONORENSE COMÚN! [Nota 3: Recordando la bella y épica fanfarria compuesta por Aaron Copland para honrar al hombre común, refiriéndose a quienes construyen naciones a través del trabajo, titulada Fanfarria del hombre común.]

 

Sin embargo, al llegar en los años sesenta la revolución tecnológica en la industria musical, aunada la avanzada neoleonesa que tanto éxito mediático (y también musical) ha tenido en todo el norte mexicano, más la popularización del rock n’ roll entre la juventud, y añadiendo lo económico que fue contratar bandas del mencionado género, todo ello resultó en, otra vez, cortar de tajo la tradición musical de las bellas orquestas sonorenses… No sé ustedes que me leen pero yo no conozco de alguna manifestación artística que sucumba casi hasta la extinción ante un cambio de paradigmas, como sucedió en las décadas de los sesenta y setenta, por lo mismo me niego a creer que la música de las orquestas haya desaparecido tan abruptamente y les doy mis razones.

 

El antropólogo y etnomusicólogo Miguel Olmos Aguilera ilustra de manera muy clara los primeros estudios etnomusicológicos hechos a las culturas nativas de Sonora. El estudio México Desconocido hecho por Carl Lumholtz al final del siglo XIX es, según Olmos Aguilera, el primer registro que se tiene sobre un análisis de la música indígena de Sonora y Chihuahua. Incluso existe un registro fonográfico hecho por Lumholtz con el revolucionario cilindro de cera que le dio otra dinámica a la etnomusicología en todo el mundo (2003). Entre las muchas buenas referencias que contiene el artículo mencionado se encuentra la de Frances Densmore, quien en 1932 publica Yuma and Yaqui Music donde recopila y graba música cucapá y yaqui. En las mencionadas grabaciones, afirma Densmore, se escuchan mitos sobre la creación cantadas con la universal escala pentatónica, escala que muchos músicos y etnomusicólogos consideran como la más pura de todas pues los estudios indican que se ha encontrado en los cantos de prácticamente todas las civilizaciones del mundo sin encontrar una conexión sólida entre ellas.

 

Puedo deducir, pues, que los cantos que Densmore grabó están casi libres (si no es que totalmente libres) de las formas musicales europeas que los españoles trajeron con ellos. Me aventuro a asegurar que la música fono-registrada en Yuma and Yaqui Music es música tradicional yaqui al cumplir con los tres principios, ya que es posible escucharla incluso hoy en día en algunos sectores de Sonora. Sin embargo, el mismo Olmos Aguilera, en su página personal de trabajos de El Colegio de la Frontera Norte, muestra música no sólo yaqui, también comcáac y mayo, pero con algunas “pequeñas grandes” diferencias a los registros de Densmore: la influencia de la música europea y su organología. Se puede escuchar música que es totalmente tradicional de las culturas nativas de Sonora pero ejecutadas a través de los cánones de la escuela de Europa. Es normal escuchar danzas y sones mayos cumpliendo cabalmente con los grados armónicos I-V-IV-I tan típicamente europeos, no por eso dejan de ser considerados como música tradicional mayo ni mucho menos. Incluso en tiempos más contemporáneos se da el caso de la bella pieza musical Flor de Capomo de José Molina, que a todas luces es una canción yaqui cantada a través de una polka (origen europeo) y “moviéndose” por los grados I-V-I que generan una cadencia auténtica (cadencia europea por excelencia). Rascón Valencia es claro al mencionar que los españoles quedaron maravillados por los cantos ópatas (p. 12) y que melodías originales de la etnia fueron incorporadas a las formas musicales de los conquistadores, tal es el caso de la Danza de la Parosi, de indudable corte europeo (p. 17) y de origen ópata.

 

Todo esto me lleva a la siguiente reflexión. Si la música tradicional de las culturas originarias de Sonora aún se mantiene viva con todo y la influencia europea a cuestas, a pesar de la sangrienta y hasta hoy polémica conquista que sufrieron por parte de los que migraron a tierra sonorense en el pasado, ¿cómo es posible que la música de las grandes orquestas de Sonora haya dejado de ejecutarse de manera cotidiana si estas no sufrieron un proceso histórico tan doloroso como las etnias? Es muy alentador y sirve como guía el caso de la música de las culturas nativas del estado (música también sonorense) para encontrar el status actual de la música tradicional de Sonora, pues para mí es más que claro que no ha desaparecido, se ha transformado, al igual que la música tradicional de las etnias, a una expresión con nuevos recursos artísticos, ajenos a ella, pero igual de valiosos que los propios. Es tarea sustancialmente de los músicos, pero también de los sociólogos, historiadores y antropólogos contemporáneos de Sonora, buscar y encontrar en qué se ha transformado la música de las grandes orquestas, en dónde ha quedado toda esa escuela musical que se desarrolló en la primera mitad del siglo pasado, con influencia de música indígena y con alta escuela europea en su composición, para dotarla de nuevos significados contemporáneos, universales y clásicos, pues, otra vez, dicha música es digna de ser interpretada en la lira de Apolo.

 

Para finalizar comparto esta liga en la que pueden escuchar música tradicional sonorense escrita en los períodos referidos e interpretada por distintas agrupaciones, destacando entre ellas la Orquesta Típica de Sonora que dirige el Mtro. Horacio Lagarda (la cual tiene tres producciones discográficas) y el Grupo Añoranza, haciendo de ambas agrupaciones un par de grandes centinelas de la música sonorense. Será muy interesante y enriquecedor que los músicos de Sonora iniciemos un debate y una búsqueda musical para dar con nuestras alabanzas a Euterpe y elevarlas al grado de la música clásica universal.

 

REFERENCIAS

 

Sadie, S. & Tyrrell, J. (2001). The New Grove Dictionary of Music and Musicians. USA: OUP USA.

 

Camou Healy, E. & Lagarda, H. (1985). Historia General de Sonora, Tomo V, Capítulo XX: La Música Popular (1929-1980). Hermosillo, Sonora: Gobierno del Estado de Sonora.

 

Rascón Valencia, R. (1992). Compositores Sonorenses 1860-1940. Hermosillo, Sonora: Editorial UniSon.

 

Camalich Landavazo, D. (1992). Prólogo en Compositores Sonorenses 1860-1940. Hermosillo, Sonora: Editorial UniSon.

 

Olmos Aguilera, Miguel. (2003). La etnomusicología y el noroeste de México. Desacatos, (12), 45-61. Recuperado el 10 de septiembre de 2015, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-92742003000200004&lng=en&tlng=es

 

Por Gibrán Valencia

Fotografía de Benjamín Alonso



Acerca de

Gibrán Valencia Murrieta (Hermosillo, 1985) ejecuta, compone y produce música, además de reflexionar en torno a ella como fenómeno social. Tiene estudios por la Escuela Nacional de Música y por la UNAM.


'En busca de la música sonorense' tiene 6 comentarios

  1. octubre 7, 2015 @ 11:28 am Manuel Santillana

    Tres puntos: 1) Hay que definir qué es «lo sonorense», según en regionalismo barato es, nacer en Sonora. María Félix nacida aquí decía Ÿo no soy sonorense, los sonorenses no me quieren». 2) La música es una imposición cultural, como el español en toda Latinoamérica, por tanto es un mestizaje ya de inicio, no hay algo autóctono. 3) Hace años apoyé a la None Nohemí Bañuelos, bióloga del CIAD, en su tesis sobre herbolaria medicinal indigena Mayo. Resulta que el 60 o el 70% de la herbolaria Mayo es con hierbas europeas. Igual la comida, la musica, etcétera.

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    • octubre 8, 2015 @ 1:12 pm Gibrán

      Buen día, Sr. Santillana, es un gusto que se haya tomado el tiempo de comentar el texto. Para continuar con el debate le comento lo siguiente respecto a sus observaciones:
      En el primer punto tiene toda la razón en definir «lo sonorense», es algo muy difícil y subjetivo aplicable también para definir «lo mexicano», «lo gringo», «lo chilango», «lo brasileño», etc., sin embargo se sabe, pero más importante, se siente en el cuerpo y en el espíritu que «lo sonorense» existe, como «lo mexicano», «lo gringo» y demás menciones. Precisamente para evitar caer en terrenos de lo subjetivo me ceñí a los principios acuñados por la I. T. M. C. de la UNESCO para identificar la música tradicional de Sonora, principios libres de interpretaciones personales, fines políticos o de clases sociales, pero sí poseedores del rigor de la ciencia social aplicada a la música, en el texto están descritos de manera muy clara con la firme intención de evitar caer en los regionalismos que hacen daño. En su segunda observación es una cuestión de percepciones personales, yo no creo en lo absoluto que tanto la música como el español sean una imposición, por lo contrario, creo que son un bien cultural y lo digo por la siguiente razón: En tiempos de la Unión Soviética se tenía prohibida la composición de cualquier música que pudiera tener el menor atisbo de música estadounidense u occidental, mas los compositores, so pena de pagar con su vida o el exilio, siguieron escribiendo sus formas musicales tomando el riesgo. La música, como la lengua, son bienes culturales que no se imponen, sólo se transmiten vía tradición oral y empiezan a desaparecer cuando su propia población deja de practicarlo, son bienes allende a decisiones políticas o ideológicas. Vamos, el pueblo judío (entre otros) tiene centurias siendo perseguido y aún no lo eliminan. Lo anterior es lo que yo creo, sin embargo usted es libre de estar en desacuerdo conmigo. Respecto al tercer punto, permítame decirle que estoy plenamente de acuerdo con usted, incluso en el mismo texto argumento como hoy en día la música de los pueblos originarios de Sonora está cargada de las formas musicales europeas, no son puras, la misma música típica sonorense no hubiese existido sin las influencias extranjeras como la música de los afroamericanos. Pero una vez que es asimilada por la sociedad de una región adquiere características propias que la hacen diferente al resto de las músicas del mundo, como puede ser el timbre orquestal, el timbre individual de los instrumentos, los tipos melódicos, la modalidad, ritmos armónicos, dinámicas, instrumentación, etc. ¿Nuestra música tiene elementos similares a los de otras latitudes? Sí, ¿Son iguales? No. En verdad aprecio esta oportunidad de estar debatiendo con las personas que han leído el texto, pues es justamente lo que se necesitan para dotar de nuevas significaciones a la música que durante mucho tiempo vibró en estas tierras, muchas gracias de nuevo y estoy a sus órdenes. ¡Un abrazo!… Gibrán

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  2. octubre 7, 2015 @ 6:18 pm Hiram Felix

    Me gustó mucho el inicio del artículo, pintaba para una reflexión personal acerca de la historia de la música sonorense, pero la incorporación de fragmentos de lo que parece un trabajo académico le robó frescura y ritmo a la lectura. De cualquier manera, se aportan elementos y referencias para acercarnos a un tema tan apasionante como indispensable de comprender.

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    • octubre 8, 2015 @ 1:24 pm Gibrán

      ¡Mi estimado Hiram, qué gusto saber que has leído el texto, personas como tú me interesa mucho que entren a la discusión! Y lamento (y voy contra mi ego) darte la razón, aún no logro desarrollar un texto sin poderme olvidar de la estructura de los textos académicos, te la debo. Sin embargo me doy cuenta que pude ser al menos un poco transparente en aportar datos, elementos y referencias para seguirle la huella a este apasionante tema que ya tengo al menos 5 años estudiándolo, sustancialmente más la estructura musical, pero es imposible no explicar qué pasó con la música sonorense sin utilizar herramientas originadas en las ciencias sociales y aplicadas a la música. Un abrazo fraternal, aún guardo aquella constancia cuando tocó CatacumVa en historia, hace unos 15 años, jajajajajajaja.

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      • octubre 14, 2015 @ 11:32 am Hiram Felix

        Hola, Gibrán. Me da mucho gusto que además de hacer e interpretar música te dediques a estudiar su historia y su relevancia en el contexto sonorense. La constancia de CatacumVa es nada, comparada con el vídeo de su presentación en aquel lejano octubre de 2004, hace 11 años. Por ahí anda en un cajón donde conservo unos VHS. Un abrazo y que sigan los frutos del trabajo.

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  3. agosto 9, 2019 @ 3:32 am PepeLon

    Aunque yo solo andaba buscando nombre de música netamente sonorense, llegué aquí, me avente todo el chorizo, me emociono saber de tanto orgullo que muestras por lo que aquí detallas, y pues gracias, trataré de descargar algunas para bailar está noche!

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