Cubetazo de agua fría cuando AMLO dijo -y cumplió- que la quería para cónsul de México en Barcelona a la ex gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich Arellano. Ni hablar, si una pizca de credibilidad le podía quedar al gobierno de la autoproclamada Cuarta Transformación, con esta decisión, para mí, se fue al caño, y eso me pasa por idealista a mis años.

Pues, vaya que este “Blue Monday” como se le conoce al tercer lunes del año que comienza, según los estudios de un psicólogo que dice que este será el día más triste del año por razones científicamente comprobables, si fue un lunes triste. Pero, mientras son peras o son limones, para la mayoría de los sonorenses esta noticia nos hizo en verdad triste el día al darse a conocer  a medio día la noticia de  que la exgobernadora, quien, además de dejar el estado endeudadísimo, cero obra pública, se podría decir, violencia a su máxima expresión, olvido total del sur del Estado, escuelas derruidas, gastos superfluos, tráfico de poder, carreteras tomadas, vamos, ni el más mínimo trabajo político de altura, fue premiada con un consulado nada más y nada menos que en Barcelona, España. Tú dijeras, es que es una mujer muy capaz, que le entiende a la administración y al servicio público, pero ni eso. 

Es, sin duda, un premio por haber entregado el gobierno a Alfonso Durazo sin meter las manos y traicionando a su partido… (Menudo favor le hace al gobernador que, con este revés, pierde credibilidad, mucha más que la que perdió cuando se supo que el Bebo Zatarain y el Temo Galindo solo iban de comparsa en las boletas de las elecciones pasadas y que hoy ocupan importantes puestos en su gobierno, pero no se compara). Es más, estoy casi seguro que ni el mismo gobernador está contento con esta decisión, pero esto pasa cuando se tienen un presidente autoritario y conservador como jefe. No le queda otra más que aguantarse, digo, si es que está molesto.

Con esto, nos queda muy claro que no es cierto que buscan una transformación de la vida política en México y en el estado, que su mal llamada revolución no es otra cosa que palabras huecas y que lo único que mueve a nuestra nefasta clase política es el dinero del poder o el poder del dinero, como quieras decirle. De ahí que las cosas anden tan mal en el país, aunque muchos no lo quieran aceptar. Ya la realidad los alcanzará cuando ya no alcancen las dádivas y cuando sigan saliendo este tipo de osos políticos. 

Sé que hay algunos muy contentos con esta designación, y son los cómplices, compadres y los voceros que durante seis años callaron todo lo malo que sucedía en el Estado, contrario a lo que hicieron durante el gobierno de Padrés y de Bours que no pasó un solo día sin que nos informaran de malos manejos, reales o inventados, pero que ahora callaron. Son ellos los únicos que celebran, pues regresan de nuevo al ruedo del dinero fácil; son esos que muy pronto andarán en Barcelona de paseo con todos los gastos pagados los únicos que están contentos, porque así son: solo les interesa su bienestar a costa de lo que sea. Son de la familia, pues. Pero para los sonorenses y para los mexicanos está decisión del presidente, que supongo será avalada por el senado, nos cae como cubetazo de agua fría en pleno invierno.

Por Jesús Huerta Suárez

Fotografía de Cuartoscuro

Sobre el autor

Obregonense, músico, columnista, amante del medio ambiente y del boxeo

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