Don Francisco se inspiró y Edith Cota hizo lo suyo clic tras clic. Total que aquí tenemos la reseña de OOOTRO evento chilo organizado por el pueblo y para el pueblo.

¡Desaparezcan el Instituto Sonorense de Cultura de una vez!


Hermosillo, Sonora.-

Casi a una cuarta de distancia de llegar al cielo, Dios me dio un sopapo con la potencia de un rayo para detener mi festejo y regresarme al suelo. Gracias a esto, volteé a mi lado y encontré una Diosa con plumas de cenzontle, sangre de maíz y perfume de tunas y pitahayas. 

Instantáneamente, mi espíritu y cerebro hicieron Clyo Mendoza; era un nuevo pagano, tenía nueva deidad. Después de esta nalgada que inauguró con un llanto de murciélago mi existencia en este foro, el tiempo me echó a su boca y comenzó a masticarme como a una tortilla. 

Sintiendo la presión de sus muelas anchas en mis costillas y alrededor de mi cráneo; antes que los chapulines de las percusiones cardiacas quedaran silenciados y que los copechis ya no estuvieran a disposición de traer luz a mis ojos. Escuché el grito de Macondo y Bogotá bañado en la pedagogía griega de Camilo Rodríguez; el cual me instigó a decir estas palabras: respirar y existir eran narrar la vida enfrentando las estocadas de los segunderos. El mundo es una crónica que divierte a los dioses. Sientes, dices y existes: pues de no ser así, los gusanos te comen. Aclaró, señalándome los caminos que alejan de la oscuridad a cualquiera. Así que, no tuve más opción; tomé la pluma y encendí mi computadora suponiendo que podría hacerle una buena faena a la muerte. 

Mientras el Paco, el Beto y el Hiram salpicaban con sudores de poetas los adobes de Babel y daban pellizcos a las curvas de las nubes del eros para ablandar los rígidos rostros del tiempo. Las vigas de las infancias y los árboles de los feminismos hacían buena sombra; gracias a esto, los hijos de Hypatia pudieron seguir batiendo la diversidad de las piedras, la arena de las ideas y el agua con el cemento de la totalidad humana que vaciaron en los cimientos y en los pilares de esta construcción que incomodaría a los gobiernos en turno, al sol y al resto de las estrellas. 

En tanto que esto sucedía, la furia y el dulce de la vida hecho trenza en la lengua de una mujer oaxaqueña, despertaron mi potencial hacia la adoración y/o la esclavitud. Sujeto a esta vulnerabilidad humana, sentí que Cronos y la ignorancia por primera vez recibían su merecido y que mis primeras canas no significaban nada. Consciente del fórum de la multitud de almas niños que se encontraban ávidas por aprender las vocales de los dioses; Clyo, me invitó de manera amable a mirar la escena en donde su abuela enmudecida le entregó su lengua para que la transformara en poesía y para que jamás nadie osara en sepultarla. 

Después de este martillazo a los pulmones; lentamente, me hizo caminar en el desierto para empujarme a la experiencia de sentir como el fuego consumía la madera seca de mis pies y como la locura de la guerra acuchillaba mi hígado y riñones. 

Para consolarme un poco y alentarme a seguir en las veredas del atrevimiento de aprender, me susurró al oído que no tuviera miedo: ¡podemos morir en paz, aunque estemos en medio de un bombardeo! Tratando de controlar cualquier idea que pudiera brindarme cierto aroma o estatus de machista en un jardín sembrado de rosas, petunias, claveles y girasoles con sabiduría feminista; sacudí mi cabeza para estabilizar los pensamientos. Con este esfuerzo, sentí que el aire se alejaba de mi nariz. Inmediatamente, le supliqué a los dioses y a mi posible imprudencia de jardinero rudimentario que se fuera del evento lo más pronto posible. Había que prestar atención a la mesa del amor sin mostrar ninguna hambre hacia este. ¿Qué es el amor? -preguntó uno de los ponentes. 

Ante tal cuestionamiento, la capital de Sonora tembló, las espinas de los sahuaros cayeron y los perros callejeros aullaron en coro. La mayoría de los asistentes quisimos escondernos debajo de las sillas; pero, cuando vimos que la negación o estrategia para enfrentarse a esta realidad consistía en recurrir a los viejos escudos de los conceptos y prejuicios, todos corrimos a refugiarnos en los cómodos gajos de la Real Academia de la Lengua Española para que nadie mirara algún destello de anemia en nuestros espíritus. 

Cuando lamíamos los huesos fosilizados del mamut de la palabra amor; Diana Coronado reveló la tos y el envenenamiento de la tierra y el Jano Valenzuela nos hizo recitar el juramento yaqui viajando en primera clase en una máquina del tiempo. Las segundas virginidades del libro de Ballesteros trajeron una nueva edad a este mundo; y, bajo la sombra de estas dimensiones se realizó el análisis de un sistema sociópata que tomaba del cuello a las chuparrosas, a los gatos y a los ciudadanos. Ante este espectáculo de sufrimiento social y teórico, el caballero de la educación (el Profesor Lorenzana) encendió una enorme fogata de conocimientos para espantar los depredadores de la explotación, la confusión y el consumismo con garras. 

Aprovechando este espacio ideológico que reverberó la vida social en los tuétanos y fertilizó el zacate en los distintos campos oníricos, Natalia Serna ondeó una brazada de banderas blancas; y con una parvada de jilgueros y el respaldo de Apolo (el dios de la música) en su canto, comenzó a borrar las fronteras y pobrezas. 

Con los mundos indígenas acomodados en su diestra y el amor en su izquierda sonando como el boom, boom, de la sístole y diástole de la tierra; Karina Ochoa eliminó los campos de batalla del machismo y feminismo regalándonos un beso. Dando cátedra con sus labios y su boca, explicó la razón y/o el poder de este acto legendario (un beso) y medicinal. 

Desapareció al Ego frente a nuestras narices y nos hizo visualizarnos conviviendo en una unidad en común (Comunidad); después de esto, el feminismo se volvió perfecto. 

La reanimación cardiopulmonar (RCP- El Foro de Babel) en el Estado de Sonora trajo de regreso las montañas de la cultura, hubo vari@s cómplices de esto; Picot, Partida y Selene Carolina fueron algunas de ellas. En la última jornada del evento, Lorena Enríquez se paseó en el columpio de la literatura infantil y cantó una canción de niña con letras a favor de la imaginación sin censura. 

Para aterrizar el helicóptero de nuestras vidas en el regazo de la poesía: Zuemmy, lavó con sus lágrimas los trastes sucios de las almas, Martin Avechuco encontró la fórmula para multiplicar los amigos, Rodrigo Díaz venció en una pista de atletismo los guepardos de las emociones; y al entender porque el miedo no andaba en burro, Hiram Elizondo decidió hacerse su mejor amigo. 

Pasado todo esto, comencé a escuchar el ladrido de los perros que protegen a Clyo Mendoza y miré ascender como a Remedios la bella al Foro de Babel. 

Quizás esto es el amor…

De izquierda a derecha, Diana Picot, Clyo Mendoza y Fernanda Ballesteros en el Foro de Babel

Texto de Fran Escalante

Fotografía de Edith Cota

Sobre el autor

Francisco Escalante Téllez es psicólogo y narrador. Originario de Huatabampo (1976) con residencia en Hermosillo desde 1998. Terapias: franescalantte@gmail.com

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