Vidas entrelazadas: la muerte del Chapo Romo y la memoria


Hace unos días falleció en Hermosillo,  Óscar “El Chapo” Romo, conocido periodista y polémico comentarista conservador. No tuve el gusto de conocerlo en persona, solo a través de los medios de comunicación en los que colaboraba

Su muerte me llevó a recordar con mucho cariño a su hermana, Gloria, que falleció hace ya más de 20 años, con la que sí mantuve amistad y a quien admiré por su inteligencia, la fineza de sus maneras, su forma de hablar y su especial belleza.

Conocí a Gloria por intersección de su hermano, Marco Antonio, allá por el año de 1973-74, en la ciudad de México. Fue también por Marco Antonio que conocí al esposo de Gloria, Alfonso Muñoz Cáñez, más conocido por el apodo de “El negro” Muñoz.

Ambos tenían un pequeño departamento sobre la calle Revolución, con rumbo a la Ciudad Universitaria. 

Durante mi estancia en la ciudad los visitaba con cierta frecuencia después de concluir mi jornada de estudiante en la UNAM, pues me quedaba cerca. En varias ocasiones me quedé a dormir en su depa, cuando se me hacía tarde para tomar camión. En ese entonces yo vivía en la colonia Condesa en una casa de estudiantes que estaba bastante lejos de su departamento.

Con el transcurso del tiempo fueron mis mejores amigos en la ciudad.  Nos unía el hecho de que éramos sonorenses y que Gloria y Alfonso se inclinaban por la literatura, ámbito en que  yo estaba haciendo mis “pininos”, asistiendo a conferencias, presentaciones de libros, acudiendo a museos para ver a pintores de los que solo conocía a través de libros, entre otras cosas.

De hecho, el propósito de irme a estudiar a la ciudad de México era convertirme en escritor. En ese entonces, tuve la oportunidad, para mi maravillosa, de asistir a una conferencia de Octavio Paz, en el Museo de Arte Moderno, en Chapultepec, pues fue una gran influencia en mí en esos años. También asistí a la presentación que hizo el escritor argentino, Manuel Puig, de su primera novela, El beso de la mujer araña, y así por el estilo.

En el mismo periodo conocí a Carlos Monsiváis, quien era una figura muy popular en los círculos intelectuales y literarios de izquierda. Cuando lo conocí era director del suplemento “México en la cultura”, de la revista Siempre, tal vez el más leído e influyente en aquellos años.

Fue gracias a su apoyo que me publicaron por primera y única vez tres o cuatro de mis rústicas poesías en el suplemento, las que cobraron fama en Hermosillo porque fue un “debut” de un estudiante hermosillense en un reconocido medio nacional. Esas rústicas poesías las dediqué a varias admiradas y queridas amigas, entre ellas, a Gloria.

Monsiváis siempre fue un tipo generoso. En un par de ocasiones me recibió en su casa a pesar de que yo era un “don Nadie”, en los medios literarios y en realidad en el mundo. Desafortunadamente, más tarde perdí su amistad, debido a las actividades políticas en las que me vi involucrado, casi sin querer, en 1975. Ya expliqué ampliamente ese hecho en otros artículos que escribí para Dossier Político.

Como he mencionado antes, la amistad con Gloria, Alfonso y Marco fue estrecha en ese par de años. En particular, Gloria me impulsaba a que siguiera mi camino en la literatura, mientras que Alfonso ya había perdido el ímpetu que lo llevo a intentar entrar al mundo del arte, en especial, el del cine, en el que él aspiraba a ingresar como guionista. Cuando lo conocí era  una persona  al que se le habían cerrado las oportunidades en ese mundo. Desconozco cómo sucedió, pero me daba la impresión que así era.

Ello no le quitaba que Alfonso tenía una inteligencia aguda, un gran sentido del humor e ideas geniales.

Marco, por su parte, siendo muy inteligente, no tenía una inclinación o interés definidos.

En 1974, ellos regresaron a Hermosillo, lo que nos alejó de una manera casi definitiva durante muchos años. A Gloria la vi una sola vez más en la casa de su madre hacia el año 1991, aproximadamente, mientras que a Alfonso lo vi en varias ocasiones más, pero esporádicamente.

Ambos merecían una mejor suerte, fueron personas valiosas. Los recuerdo con cariño por su valía y porque me brindaron su casa y su amistad en aquellos años de mi formación. 

Sirvan estas letras para rendirles personal homenaje y decirles gracias por lo que me dieron.

A Marco no lo volví a ver. Nuestra amistad venía desde los tiempos de la preparatoria de la Universidad de Sonora en 1972. Falleció en el año 2018 o 2019, no estoy seguro. Tal vez Algo le falló en su vida que no pudo vivirla como él hubiera querido, o tal vez estoy equivocado y fue la vida que quiso vivir. No soy quién para decirlo.

Alfonso falleció creo que en el 2018, en Tijuana, dónde una vez nos reunimos a tomarnos un café.




Acerca de

Nació en Ciudad Obregón. Periodista, escritor, exfuncionario público y exactivista. Ha ocupado diversos cargos: Director general de Educación Media Superior y Superior de la Secretaría de Educación y Cultura (Sonora), Coordinador de los campus La Paz y Los Cabos, Baja California, de la Universidad de Tijuana. Excolaborador de Lupa Ciudadana, Letras Libres, VanguardiaInfo.com y Dossier Político.


'Vidas entrelazadas: la muerte del Chapo Romo y la memoria' tiene 2 comentarios

  1. enero 18, 2021 @ 3:13 pm Cipriano Durazo Robles.

    Buen espacio narrativo, y yo aunque a usted tampoco lo conozco, lo entendí muy bien, sobre todo por las vivencias en la Ciudad de México.

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    • enero 19, 2021 @ 10:42 am Héctor Apolinar

      Gracias por su amable comentario, Cipriano Durazo Robles. Quise rescatar algo de aquellos tiempos y a sus personajes, hoy tres de ellos fallecidos.

      Responder


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