“¡Me dan ganas de tirarlos a la basura!”: Rafael Barajas El Fisgón


Hermosillo, Sonora.-

El neoliberalismo ha introducido cambios culturales que han afectado nuestra percepción de la realidad, sostuvo el monero Fisgón en conferencia magistral dictada la tarde del viernes en esta ciudad, cosa con la que el humilde reportero coincide de pe a pa. Nuestro sentido común y nuestra relación con el otro han sido modificados a través de simples cambios en el lenguaje cotidiano, añadió, y seguí coincidiendo con el presidente del Instituto Nacional de Formación Política de Morena, que en esa calidad hablaba a militantes, simpatizantes y colados.

“El pleito por las ideas, por el sentido común, por los valores, es un pleito bien complejo, que incluye hasta el lenguaje. Nos han ido convenciendo, e introduciendo en nuestro lenguaje, términos que en realidad… pues no nos importan. Por ejemplo, ¿cada cuánto escuchan ustedes en anuncios de la radio los términos competencia, excelencia, calidad… ¡Carajo! La competencia es cosa del mercado, no de nuestra vida diaria”.

En ese momento recordé mi efímero paso por la escuelita (Instituto Mora INC) y el sonsonete de la “excelencia académica”. Ah, cómo chingan, pensaba por aquel entonces, sin que eso supusiera discrepar con la esencia de la apreciación: el nivel académico del Mora era notable, como seguramente lo ha de seguir siendo. Pero estoy de acuerdo con la observación sociológica de Barajas, con todo y mi adhesión al darwinismo social. Luego agregó:

“¿No es cierto que ya cambiaron el clásico buenos días al que tenga usted un excelente día? ¡Cuando me dicen eso me dan ganas de tirarlos al bote de la basura!”

Ay cabrón, a ver espérate Fisgón, que sea menos. ¿Cómo que tirarlos a la basura? En ese momento recordé el talante marimandón de nuestro expositor, que lo lleva de la luz a la caverna en un santiamén. Ya sé que no quieres tomarlos por las piernas y aventarlos a un contenedor, ¿pero de verdad te pone mal esa expresión? Bueno, a lo mejor me faltan más círculos de estudio con Enrique Dussel o contigo mismo, pero mientras eso sucede yo sigo pensando que te encanta jalarte los pelos y que esas jaladas demeritan tu discurso. 

¿Es esta una característica de la izquierda delirante? Para nada, la derecha también le hace al barro. Como esa vez que el Ciro Lames Leyva -un periodista por demás necesario, más allá de todo- quiso burlarse del gobierno amliano por la cantidad de dinero obtenida en una subasta de carros blindados del ancien régime: esos millones no representan ni una centésima del PIB, señaló con sorna, y le dije no mames, tan bien que ibas. Y apagué la tele. Buenas noches.

Texto y fotografía por Benjamín Alonso


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Acerca de

Premio Nacional de Periodismo 2007. Director de Crónica Sonora. Contacto: kiktev@gmail.com


'“¡Me dan ganas de tirarlos a la basura!”: Rafael Barajas El Fisgón' tiene 3 comentarios

  1. diciembre 23, 2019 @ 2:45 pm Sergi

    Coincido y coincido, no en todo, pero si en el fondo: la necesidad de valorar y reflexionar más sobre el uso y el abuso del lenguaje, tanto en la relación interpersonal como en la comunicación pública. Pero si me preguntan, hay que empezar por las relaciones interpersonales… dejemos a los comunicadores lo segundo.

    Los que me conocen, saben que soy un sonorense nacido en el extranjero, venido no de la vieja Europa, sino de la Europa que ha pasado por la izquierda a América hace ya décadas. Y si me preguntan una de las diferencias culturales entre allá y acá que más percibo en el día a día es el MENOSPRECIO por las formas en el uso del lenguaje que he visto en Sonora (discúlpenme, desconozco si en otras partes de esta grande república sucede del mismo modo). Intuyo que no, que la cercanía física del país del Norte marca una diferencia notable, no tanto por lo capitalista (que también) sino por esa necesidad «simple» (que me cuesta mucho entender) que la mayoría de la población siente de tratar de ensalzar su retórica empleando vocablos extranjeros a diestro y siniestro. Como si el burro que se viste de seda ya no fuera burro.

    Supongo que mi formación como psicopedagogo ha acrecentado mi sensibilidad hacia este tema del idioma. Sepan por ejemplo, que hay científicos psicolingüistas que sostiene que «lo que no tiene nombre no existe» (entiéndase, en la mente del hablante/pensante). A ese punto el uso del lenguaje es relevante para analizar y luego comprender nuestra realidad (personal, social, histórica, etc…).

    Regresando a la crónica de Benjamín, debo decir que -igual que él- encuentro exagerado el jalarse los pelos por el uso de términos más o menos de origen capitalista. Lo que sí me hace jalarme los pelos es ver a mis vecinos decir las cosas de cualquier manera, e inmediatamente al yo tratar de corregirlos o puntualizar algo que se dijo a medias (o directamente mal), me miren con cara amable pero compasiva y me respondan con un «da igual, ya nos tendemos así».

    Perdón!!!!!????? No, no da igual cómo uno se expresa, como no da igual como uno camina si quiere que su espalda continúe derecha y entera después de los 50 años. No, no da igual.

    Si dejamos que términos de otros idiomas se introduzcan DESORDENADA e INNECESARIAMENTE en nuestro lenguaje, o que cada uno le llame como le de la gana al pan birote (bolillo, panecillo, bla bla bla…) en poco menos de unas décadas no habrá quien se entienda hablando, o peor aún: cada uno entenderá lo que le convenga.

    Y vaya… diría que eso ya sucede de por sí demasiado a menudo.

    En fin. un saludo a ustedes, amables contertulios. Afilen sus lápices y opinen por favor. Y si pueden y quieren alegar, pues mucho mejor! 😉

    Nota: obvié la otra vertiente polémica de la crónica de Benjamín y de el Fisgón, la influencia maligna de los términos capitalistas en nuestro lenguaje cotidiano. Disculpen el haberme salido por la tangente.

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    • diciembre 26, 2019 @ 9:04 am Benjamín Alonso

      Estimado Sergi, gracias por tu generoso y picudo comentario. Yo también coincido y no contigo, ya que el asunto del lenguaje es tan plástico como él mismo. Empero, comparto tu malestar cuando escucho y peor cuando leo el cochinero que hacemos los sonsorenses con el idioma: las cabezas de El Imparcial, Expreso, Diario del Yaqui y tantos más van directo al museo de la ignominia. Como verás, no es la introducción de vocablos extranjeros lo que me produce comezón y tampoco la regionalización del castellano (ocupar por necesitar), que al contrario la celebro. Lo que me repatea es la nula sintaxis, la pobreza del léxico y las muletillas tipo «es como».

      Y si nuestra oralidad no era rica, ahora menos con la avalancha del celular, maldita desgracia del siglo XXI que lejos de hacernos mejores lectores y redactores nos va convirtiendo en zombies.

      Dije.

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      • diciembre 26, 2019 @ 10:48 am Sergi

        Jajaja, después de leer tu comentario me doy cuenta de que aquí cada uno está quejoso de lo que curiosamente más le pica. Así que me da la sensación de que no hay debate posible. Tal vez podría aplicarse la conocida frase de que «entre gustos no hay disputas», pero adaptada: «entre quejas tampoco hay disputas»… o cada cuál se queja cuando le pica, jajaja.

        Ciertamente lo de los celuzombies es algo que creo que a todos nos molesta, incluso a ellos mismos cuando lo sufren de un tercero. Y no tanto porqué alguno se quede absorto con el celular cuando está en una reunión con nosotros, sino porqué en ese momento nos lo roban y nos sentimos «abandonados» o lo que estábamos haciendo/platicando se esfuma ante cualquiera de los bips que emite el aparatito de marras. Pero vaya, si me preguntas diré hay que tener cuidado de que esto no nos haga demonizar los celulares en tanto que avance tecnológico que ciertamente nos ha cambiado la vida para bien. Esa molestia que acabo de describir es la misma que siempre he sentido cuando simplemente estás hablando con alguien bien a gusto, viene un tercero y tu contertulio se gira hacia éste y deja de pelarte o sin pedir permiso pasa a hablar de otra cosa, ¿qué no? Es la misma frustación de abandono. Y no tiene tanto que ver con celulares sino con delicadeza en el trato interpersonal, empatía, etc. Y de eso siempre ha faltado muuuuucho.

        Para acabar el tema de los celulares, diré que coincido contigo en que tenía la vana esperanza de que el tener que leer y escribir más para usar el celular iba a acrecentar las habilidades de escritura de la mayoría. Y todos sabemos que en lugar de extenderse la excelencia parece estar extendiéndose la incorrección ortográfica, sintáctica y léxica… y de momento los correctores automáticos no están pudiendo hacer mucho, peor: a veces convierten una frase mal escrita en algo incomprensible! jajaja En fin… aún tengo la esperanza de que este uso más intensivo del lenguaje escrito acabará traduciéndose en cuanto menos una estandarización de mejores formas. Aunque algo me dice que cuando la comunicación con el celular usando la voz (en lugar del teclado) mejore definitivamente… ahí sí ya se acabó el escribir y el leer para todos… volveremos a la era de los escribas egipcios o de los monjes medievales en donde solo unos pocos sabían leer y escribir, ahora sí prefesionalmente del todo 😉

        En cuanto a nuestras quejas sobre lo lingüístico, probablemente va a sonar extraño (y tal vez molesto) pero aquí debo decir que yo vine a esta tierra bastante crecidito y con la cabeza ya definitivamente amueblada, especialmente en materia lingüística, así que soy consciente -y espero que lo entiendas- que vamos a ver siempre este asunto del idioma de forma diferente. Yo diría que con 13 años acá puedo entender el punto de vista tuyo. Pero creo que no es recíproco el entendimiento ni puede serlo. Probablemente, si preguntamos a alguien con conocimiento profundo y cultural de otro idioma (europeo, asiático, africano, etc…) tendría a su vez una opinión diferente.

        Estoy aclarando esto, para recalcar lo que ya dije en mi segundo párrafo de mi primer comentario: que mi punto de vista es el de un sonorense nacido y crecido en el extranjero por 40 años. Y en ese ejercicio de lingüística comparativa al que no puedo escapar por nacimiento, es cuando siento y entiendo todo lo que expresé. Entiendo que ustedes no lo vean del mismo modo. En todo caso, cabría preguntarse si le ven algo de sentido a lo que dije (en mis quejas) o si alguien más venido de fuera también concuerda conmigo.

        Por cierto, creo que no entendiste bien mi queja: no estoy en contra ni me parece no-deseable la regionalización de un idioma ni la incorporación de vocablos extranjeros. Me aprece no-deseable que eso se haga 1) por ignorancia del propio idioma, 2) por parecer «cool» ante los «compis», 3) por vender imagen de «persona de mundo» por introducir vocablos en inglés, etc…

        Sí entiendo que se regionalice el idioma para inventar palabras para conceptos que no tenían un vocablo bien definido ¿fajarse? o incluso enriquecer las leperadas (¿bichi?) o incluso incorporar términos de las lenguas pre-hispánicas del territorio (si me preguntas, ése es el mayor y mejor aporte que el idioma oficial puede recibir).

        Saludos! Y buena entrada de año.

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