The Last Dance V y VI: Kobe, Barcelona, Drexler, las apuestas y los Knicks


Comenzaba el capítulo cinco y yo ya sabía qué esperar, sería un domingo lleno de emociones y fui advertido desde la semana pasada. La verdad que no me sentía preparado para lo que estaba a punto de ver. Primero, un tierno mensaje en su honor y luego era Kobe Bryant, sonriente como siempre explicando la relación de hermano mayor que Mike le había brindado, la comunicación estrecha que existió entre los dos y un Kobe aceptando que lo que había logrado era por Mike. Curiosamente, él fue mi Michael Jordan: por simple cuestión de tiempos en este planeta me tocó ver todo el proceso de Kobe, afortunadamente. Fui testigo de cómo recibió algo de manos de Mike y lo entregó perfeccionado a las generaciones futuras, algo que todas las personas deberíamos de hacer, entregar algo mejorado a las siguientes generaciones.

En palabras del joven Kobe, él había logrado escalar el Everest y poder hablar con el Buddha pero, ¿Qué le dijo el iluminado? Bueno, para conocer la respuesta debemos cada uno de nosotros llegar a la cima de la montaña y entrevistarnos con él, quienquiera que sea. Sea lo que sea a lo que nos dediquemos y a quién admiremos, muchas veces buscamos el autógrafo o la foto con aquel personaje, pero lo que verdaderamente vale es ganarnos el respeto, el tener acceso a esa charla, el ser reconocidos por ellos, esos que admiramos y crecimos queriendo ser como ellos.

Kobe escuchando a MJ

Ya hemos hablado del Madison Square Garden, conocido por muchos como la Mecca del básquetbol. Si de verdad eres un grande en esto, lo tienes que demostrar en un escenario de la misma magnitud y justamente en 1998 el juego de estrellas volvía a Manhattan justo entre la séptima avenida y octava a la altura de la treinta y uno y treinta y tres, contra esquina del metro veríamos como un el jovencito en un gesto tierno después de haber competido a tope lograba llamar la atención del iluminado con algunas preguntas de cómo mejorar su juego. 

Durante todo 1998 todos estábamos ahí para ver un hombre interpretar su mejor acto hasta ahora. Su majestad tocaba las notas más altas donde se presentara y se vestía para la ocasión con su primer modelo de zapatos, esos maravillosos Air Jordan 1 que han pasado actualmente a ser zapatos casuales y su majestad ya lo sabía, era una ocasión especial volver a Nueva York y debía incluso él vestirse a la altura y revivir épocas mágicas cuando los llevó por primera vez a la gran manzana. Jordan estaba seguro que era la última vez que visitaba Nueva York combinando el trabajo y el placer de presentarse en el Madison.

El año fue 1992 mi familia recién llegaba Hermosillo y yo tenía casi tres años, mi primer par de zapatos Jordan fueron el séptimo modelo en blanco, mismos que utilizó su majestad para el siguiente capítulo. En lo personal, siempre me ha gustado mucho más el color blanco, pero curiosamente Mike durante playoffs solamente utilizaba su calzado en negro ya que pensaba que otro color era de mala suerte.

Siempre se nos ha dicho que llegar no es suficiente, ese es el principio del verdadero camino de un campeón: defender el título. Defender la cima es lo que realmente vale y manejar la presión. Este es un dicho que toma especial valor en deporte ya que muchas veces no se da el mérito a los atletas y se habla de suerte o de cómo se “acomodaron los factores”, además que los mejores del básquetbol lo habían logrado dos veces al menos y ya que si a esta fórmula le sumamos el factor consecutivo, entonces estábamos ya en otro debate. En palabras de Mike, sabía que era el momento perfecto para asegurarse un lugar entre los más grandes y quería más que nadie ponerse a la altura de los mejores de todos los tiempos, en especial a los Birds y de los Magics. La temporada del 92 se movió a un ritmo donde Mike ya era un animal diferente, él dejaba jugar a todos, todos se divertían con la bola, pero para él, el juego era exclusivamente ganar.

Cuando se compara a una persona con Michael debemos de saber que existirán daños colaterales, ese daño fue: Clyde “the Glide” Drexler, quién por los medios se nutrió la idea de que era lo más parecido a MJ. La segunda final de Michael era la oportunidad de demostrar de una buena vez por todas que no había ningún parecido y en una conversación con Magic Johnson, el mismo Jordan le asegura que se haría cargo de esas comparaciones. Su majestad salió decidido a ejecutar y sepultar, los Trail-Blazers salieron a limitar el acceso a la canasta y dejar el perímetro libre para que no hubiera tanto daño pero en esta ocasión al parecer el aro se hacía más grande cada vez que intentaba detrás del arco y con un total de seis tiros de larga distancia acertados, los cuales en su momento marcaron un récord en finales, su majestad aplicó el legendario gesto con un encogimiento de hombros sin tener una explicación aparente “no sé qué pasa detrás de la línea hoy, pero los estoy matando!” este gesto se volvió una tradición en la NBA hasta el día de hoy.  El desenlace fue su segundo anillo de campeón, una vez más el Larry O’Brien estaba reunido con el hombre que podía volar.

1992, Barcelona. El verano qué hizo el basquetbol un deporte mundial, ese fue el verano que todos fuera de EEUU aprendimos a jugar. Ese año el basquetbol se volvió un fenómeno mundial con Michael Jordan como el embajador perfecto ya que todos queríamos “ser como Mike”, una figura sin una sola mancha. Con contratos de grandes organizaciones que veían como la imagen de un hombre con extrema confianza en sí mismo estaba dispuesto a trabajar por toda la gloria que él merecía, esa imagen era la adecuada para llevar un montón de marcas. Pienso que aquí en Sonora fuimos afortunados geográficamente de tener cerca a los vecinos y presenciar desde antes el efecto “Like Mike” pero la realidad es que ese maravilloso verano con el mejor equipo de la historia el fenómeno ya no se podía mantener dentro de las fronteras de EEUU, después del mundo y dentro de poco, del universo, ya que no podemos olvidar aquella vez que los marcianos volaron desde montaña “Tonto-landia” a reclutar a Mike y los Looney Tunes. El verano de 1992 originó a los: Manu Ginobilis y equipo Argentino que se haría de la corona olímpica doce años después, los seres mitológicos griegos como Giannis Atetokoumpo, los Dirk Nowitzkis, Tony Parkers, los gigantes como Yao Ming y los millones de personas alrededor del mundo que se vieron influenciados por ese equipo.

El básquetbol dejaría de ser el tablero del juego donde una vez más gringos y soviéticos se jugarían otro capítulo de la guerra fría y se volvía un deporte con participación mundial.

Existen personas qué cuando presencian algo brillante en su vida su primera reacción es no creer y buscar algo negativo. Hay gente que no puede evitarlo, es su naturaleza. Cuando nos presentan algo brillante muchos de nosotros buscamos el defecto, la impureza, el error. Y eso es algo que pasa mucho a nivel deportivo, cuando somos afortunados de presenciar una era donde el dominio es absoluto o la emancipación de un héroe, gran parte de nosotros lo queremos ver caer. Es como si tuviéramos algún cierto tipo de envidia y lo enmascaráramos en “¡Qué ya ganen otros, hay que darles la oportunidad a los demás, hombre!” eso pasó justamente con Mike.

Cansados de ver al Mike exitoso, lleno de patrocinios y lleno de éxito se decide darle una imagen de ludópata, de apostador y de irresponsable ya que algún defecto debe de tener ¿no? Su relación con los medios se empezó a volver cansada y agobiante, todo mundo hablaba de su problema de apuestas, de su competitividad desmedida y su afición al juego como si el hombre no pudiera elegir en que distraerse. Al final muchos hombres no podían entender que la forma de distraerse de Jordan era precisamente alimentando su competitividad por medio de otros juegos u actividades y muchas veces esas actividades conllevan la apuesta. MJ no tenía un problema de apuestas ya que de haber sido así hubiera terminado en la calle como pasa a diario en el mundo, el problema lo tenían las personas qué siempre buscan juzgar de alguna manera u otra a los ídolos.

El estar metido todo el tiempo dentro de la opinión pública sin poder descargar toda la negatividad más que en tu trabajo debe ser extremadamente agobiante, el estar obligado a dar las mismas explicaciones una y otra vez sin tener porque y además tener que demostrar tu inocencia cada vez que hablas debe ser algo sumamente cansado. Por eso Michael pensaría que lo mejor era tomar un descanso y volver a hacer lo que él quisiera pero ahora desde la tranquilidad del retiro, solo que para ello debía terminar la temporada y los Bulls tenían la oportunidad soñada de conseguir tres campeonatos consecutivos.

Unos Bulls encerrados en sí mismos tendrían frente a ellos los que para mí fueron uno de los rivales más a la altura, esos Knicks de los noventas: Un equipo increíblemente talentoso, físico y ordenado por un coach como Pat Riley quién no está lejos de ser uno de los mejores de la historia. Los Knicks eran duros al estilo Nueva York como película de Martin Scorsese. Con fanáticos como Spike Lee, el mismo qué produjo los comerciales más geniales de Air Jordan e interpretaba al chico de Brooklyn llamado “Mars Blackmon” que atosigaba a Michael por sus zapatos con la pregunta que muchos recordamos años despues: Is it the shoes Mike? It’s gotta be the shoes! Nadie deseaba el titulo más que los fans de Nueva York acostumbrados a ver los mejores espectáculos y pasar las mejores noches, además de la sequía de títulos de aproximadamente veinte años. Esos serían los combustibles que alimentaban a esos Knicks de los noventas en una batalla durísima.

Los Knickerbockers físicos como subirte al metro en hora pico y duros como el concreto de sus calles le ganaron los primeros dos juegos a Chicago. Los Bulls tendrían que sacudírselos durante los próximos partidos y eso fue justo lo que hicieron ¿Los Knicks querían ser físicos? Los Bulls fueron más físicos, ¿Querían hablar mierda? Los Bulls les llevaban carretillas llenas de mierda lista ¿La clavó John Starks sobre MJ y los Bulls? Pues todos los Bulls les iban a caer encima como el espíritu santo. Los Knicks jugaron ese básquetbol físico, espectacular y callejero de New York  pero los Bulls tenían lo mismo y un poquito más, ellos eran un campeón probado dos veces.

Uno de mis raperos favoritos es Nas de Queens, fabuloso para relatar historias en sus canciones lo deja claro al referirse a Michael como “el hombre”. El respeto que existe por Michael Jordan en las calles de Nueva York a pesar de ser un rival, es grandísimo. No olvidemos que la gente de Nueva York sabe reconocer lo que es el estilo, la clase y más que nada: el talento.  

Charles Barkley el jugador más valioso de la temporada y los Phoenix Suns eran los contendientes que esperaban pacientemente al vencedor de la guerra entre los Bulls y Knicks. Recuerdo una declaración de Charles Barkley que iba más o menos así: Dios quiere que ganemos el campeonato de la NBA este año.

Lo que Charles no veía era que Michael era aquel Dios y una vez más, Él estaba furioso porque alguien más fue votado el más valioso de la temporada. Y si la ofrenda del jugador más valioso no era para el Dios Michael, entonces Él debía dejar caer toda la furia sobre los falsos dioses.

Cuando yo veo a Charles Barkley veo un tipo durísimo que puede hacer de todo, teniendo una estatura razonable dentro de los parámetros de la NBA era los suficientemente duro para competir con gente mucho más grande y fuerte que él en su posición por las tablas, un hombre grande que podría tirar corta, media y larga distancia, un jugador físico que si agarraba tantito vuelo, gracias a su condición atlética ya no lo ibas a poder parar en el trayecto a la canasta ni con faltas. Un hombre que dio juegos brillantes junto con Phoenix y pudo evitar que Chicago le celebrara en la cara en el quinto juego de la serie. Pero era el turno de que Chicago fuera de una buena vez por todas a atender negocios a Phoenix y Michael Jordan no llevaba más que un solo traje porque no pensaba quedarse más que un solo día.

Al final de un juego seis tremendamente parejo surge lo que para mí resume el último campeonato,  la graduación de todos los demás jugadores. Esta vez más que otras ocasiones todos los jugadores supieron manejar la presión asfixiante y después del tiempo muerto abajo en el marcador se idean una jugada donde Jordan sería sofocado para no tomar ese último tiro, el balón llega a John Paxon después de una especie de “in & out” donde toda la defensa se colapsa, surge el nuevo héroe: 

El tiro perfecto ya estaba en el aire y era la daga que se encajaría lentamente en el corazón de Phoenix para hacer de Chicago el equipo tres veces campeón de manera consecutiva.

A estas alturas hambre por ganar ya se había saciado, Jordan agobiado por el maltrato mediático y los Bulls en la cima ya sin nada más que demostrar veía desde las alturas que no quedaban más críticos, la pasión que se desbordaba ahora era escasa. Y termino con una frase que me viene a la mente de Ludwig Van Beethoven:

 Interpretar la nota incorrecta es insignificante, interpretar sin pasión es inexcusable.



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Hermosillense adoptado. Contador público, comerciante y emprendedor. Aficionado al deporte, la cultura y la ciencia. Amante de las buenas conversaciones y el intercambio de ideas.


'The Last Dance V y VI: Kobe, Barcelona, Drexler, las apuestas y los Knicks' tiene 2 comentarios

  1. mayo 10, 2020 @ 6:21 am Samuel Escobar

    Muy bueno tu comentario pero hay un error. La NBA tenía como regla usar zapatos negros en post temporada, no porque MJ creyera que era de mala suerte. Saludos

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    • mayo 26, 2020 @ 2:27 pm Carlos Gil

      Qué pasa Samuel? No hay una regla que establezca si en postemporada un jugador puede usar calzado blanco o negro. La única condición era usar zapatos del color de tu equipo y que combinarán con tus compañeros, por eso los Air Jordan I fueron sujetos a sanción de la liga la cual era pagada por Nike y son uno de los modelos más emblemáticos de su majestad.
      Checa juegos de playoffs de la misma era de MJ verás que en calzado perfectamente se podía jugar con blanco.
      Qué estés bien carnal, mantente a salvo!

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