Un llamado de atención del Chuy Huerta en la era del miedo


Se supone que nacimos para ser libres, libres como las aves del cielo, y se supone que la libertad es un valor intrínseco en el ser humano, pero no es así. La humanidad cada día está más sometida, más amarrada, más enrejada o más presa de algo. Somos presos de los mercachifles del vacío total. Estamos encerrados en la cárcel de piedra que nosotros mismos hemos construido con sangre, sudor y lágrimas. Estamos amarrados a miles de cadenas que no nos dejan levantar el vuelo. Es triste nuestra situación porque hemos perdido la dignidad del ser.

Estamos presos, encadenados a nuestra ignorancia de la cual no queremos escapar porque ni siquiera logramos detectar. Amarrados a nuestras adicciones que aprisionan nuestra alma y acaban con nuestras ganas de vivir. De las adicciones nadie se salva o casi nadie. Somos adictos al juego, a las drogas legales e ilegales, a comer por comer, a las mentiras, a la carne, a victimizarnos, al dinero que tenemos o que nos falta.

Somos presas de nuestras debilidades y temores, de nuestras ilusiones y sueños frustrados, del qué dirán de la gente y de los partidos políticos. Estamos amarrados a los prejuicios y a la cárcel se sus besos.

Presos de los calendarios, los relojes y los días de la semana. Subsistimos y morimos a capricho del día y de la noche.

Estamos acorralados por los criminales y por la incapacidad de las autoridades.

Presos de lo que es y no de lo que queremos ser. Estamos amarrados a empleos mal pagados y a lo que diga el mercado de valores. Vivimos esposados a sindicatos trasnochados y a dioses ocultos que se venden al mejor postor. Nos aprisionan las supersticiones y las bolsas vacías, mientras que la basura de las calles no nos deja ver que la naturaleza es un milagro y la vida un misterio que hay que desenmarañar poco a poco pero con amor.

Presos, estamos ¡presos!

Como esos elefantes que estuvieron amarrados durante años y cuando les quitaron las cadenas siguieron ahí porque ya le temían a la libertad…

No seas como ellos, anda y libérate que después de todo nadie sale vivo de aquí.

Por Jesús Huerta

Un usuario del autotransporte urbano porta el cubreboca más percudido del mundo «porque debemos cuidarnos del mal ese», en Hermosillo el 23 de marzo de 2021

Fotografía de Benjamín Rascón

Sobre el autor

Obregonense, músico, columnista, amante del medio ambiente y del boxeo

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