Las Tetas


Asistimos orgullosos al estreno de Iriza Gastélum en esta casa editorial


Los senos femeninos, ese par de bultos en la zona superior del cuerpo, motivos de inspiración, productos de la creación del pincel de la naturaleza o de la orquesta del quirófano dirigida con un par de bisturís. Esos bultos multiformes separatistas de las etapas de la vida: la infancia de la juventud, y la juventud de la vejez. Esas formas redondas que dan la bienvenida a cualquier ser humano que sienta el retumbar de los tambores de la feminidad. Esas que cuelgan en las criaturas salvajes y que se emplean como transporte de alimento, esas que son entrada al maravilloso y complejo mundo de las mujeres, esas que invitan a pensar… Y las tetas humanas, ¿Qué alimentan?

 

Si tu respuesta obvia e inmediata fue «a los bebés», es probable que tomes como referente la realidad de otros países. De acuerdo a datos presentados por UNICEF en 2015, México[1] destaca en el último lugar de Latinoamérica entre las naciones en las que se nutre con leche materna a los infantes, lo cual conduce a pensar que la mayoría de las tetas mexicanas alimentan algo distinto.

 

Tal vez pensaste en el morbo o el impulso sexual como benefactores de las tetas, ¿o no? La industria pornográfica definitivamente se alimenta de las tetas de todo tipo, tan sólo con introducir la combinación de palabras “senos pornografía” en Google, aparecen 877,000 páginas donde se promueven senos: extra grandes, grandes, naturales, pequeñas, todos con diferentes astucias y habilidades que en algunos sitios de internet pueden ser observados a detalle de manera gratuita o a cambio de una cantidad monetaria dependiendo del tipo de página web que se consulte.

 

Se calcula que tan solo en el 2013 las ganancias de esta industria rebasaron los 100 millones de dólares a nivel mundial[2], pero es difícil estimar cuánto dinero arroja el consumo de sitios pornográficos que ofrecen específicamente espectáculos de tetas. Aun así  podemos atrevernos a suponer que senos y sexo forman una fructífera diada.

 

No hay que dejar de lado a quienes se alimentan fabricando implantes mamarios. De acuerdo a datos presentados por la Asociación Internacional de Cirugía Plástica Estética, México ocupa el tercer lugar a nivel mundial en cirugías de aumento de senos. Según CNN en español, el valor de este mercado en México es de 10,125 millones de pesos anuales[3]. Además cada año se realizan 60,000 cirugías plásticas de implantes de mama, de las cuales el 95% se relaciona con cirugías con fines estéticos, de las que se excluyen aquellas que reconstruyen los senos tras alguna mastectomía.  Siguiendo la lógica de esta cadena alimenticia, se encuentran los cirujanos plásticos y el equipo del que se apoyan para realizar estas intervenciones (incluyendo el inmueble), cuyas cajas registradoras reciben entre 30,000 a 50,000 pesos por cada cirugía[4].

 

Siguiendo la ruta de beneficiarios de los senos femeninos, quienes se han dado a la tarea de escudriñar el mercado y los motivos para acudir a los consultorios de cirugías plásticas, han encontrado que la mayoría de mujeres que realizan un aumento de busto se encuentran entre los 15 y 26 años de edad[5]. Sobre los motivos expresados dijeron: mejorar la apariencia física, mejorar las condiciones laborales[6] y ser elegible por un hombre con recursos económicos elevados.[7]

 

Dichos motivos nos pueden conducir a la conclusión de que actualmente los senos femeninos tienen un valor financiero y no únicamente por el costo de una cirugía, sino por los beneficios monetarios que las mujeres pueden obtener a través de ellos: mejores condiciones laborales lo que equivaldría a mejores puestos y salarios, y parejas adineradas lo que siguiendo una lógica de la pareja como proveedor/a implicaría un pase hacia un status social más elevado. Punto y aparte de los grupos feministas, esto parece no asustar ni sorprender a nadie.

 

Lo que sí asusta y sorprende tanto a algunas feministas como a muchas otras personas, es ver a las mujeres utilizando sus senos para alimentar a un bebe o a un niño pequeño: ¡Qué grotesco! ¡Qué sometimiento patriarcal! ¡Qué mujer tan descarada! ¡Vaya constructo social! ¡Qué vieja tan mañosa, ese niño ya está muy grande para que le den chichi! ¡Qué hueva! ¡Qué naco, parecen indias! ¡¿Cómo se atreve a sacar su chichota enfrente de todos los que estamos comiendo, hay niños viendo, por Dios?! ¡Vieja exhibicionista! ¡Que se tape con un trapito! ¡Que se vaya a dar chichi al carro o al baño! ¡Huy, qué asco que te estén chupando la chichi! ¡Quien fuera bebé para que te callaran con una teta en la boca!

 

Estos son algunos de los comentarios y expresiones comunes que escuchamos las mujeres que utilizamos los senos para alimentar a nuestros hijos. Y a pesar de que nuestros senos también aumentan de tamaño, no es motivo para conseguir una promoción en el trabajo, un aumento de salario o una pareja adinerada.

 

Nosotras, las mujeres que amamantamos hemos aprendido a valorar estos comentarios como una muestra de desinformación en la población, como una resistencia expresada ante una nueva configuración de las tetas, esas que son muy parecidas a los genitales, que ahora se exhiben sin reparo y encima llevan a cabo un acto tan vinculado a escenas sexuales: una boca, un pezón y dos seres que lo disfrutan plenamente.

 

Entendemos el significado cultural de las tetas, entendemos la sexualización de las tetas, lo comprendemos porque en algún momento compartimos esas creencias. Y a pesar de poseer el conocimiento de todas esas ideas asociadas y consensuadas sobre las chichis de las mujeres, tomamos la decisión de sacarlas para alimentar a nuestras crías, siempre que nos resulte necesario, mostrando nuestro lado más incivilizado y animal. Reclamamos nuestras tetas como nuestro territorio y exigimos el derecho a emplearlas como nos dé la gana.

 

Las mujeres que usamos nuestras chichis, chichitas o chichotas para alimentar a nuestras criaturas, reducimos las cifras de muerte de cuna, contribuimos a la economía familiar ahorrando hasta 26,000 pesos* al año en leches de fórmula. Contribuimos al sistema de salud del Estado evitando gastos por atención de enfermedades en niños, y reducimos los índices de mortalidad infantil a causa de inanición. Además reducimos el impacto ambiental que produce la fabricación de leches de fórmula. Es decir, nuestras chichis también aportan un beneficio económico, que sería interesante cuantificar.

 

Muchas de las mujeres que damos chichi a nuestros hijos compartimos ideas feministas, creemos en el concepto de empoderamiento, nos hemos formado en las filas de los reclamos que exigen desde el reconocimiento del feminicidio, el cese a la violencia de género, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, el reconocimiento legal a la diversidad de género, la eliminación de la violencia obstétrica y el alto al acoso sexual en todas sus manifestaciones.

 

Existimos mujeres que amamantamos y entendemos de constructos sociales, porque los estudiamos, porque los observamos e incluso trabajamos sobre ellos. Y nos resulta chocante la relación del instinto maternal con el concepto de constructo social presentada por plumas feministas. Dicha relación se puede comprender ante la ausencia de la experiencia de dicho instinto; es decir, se trata de mujeres u hombres que desconocen el instinto animal que involucra a las tetas y la maternidad.

 

¿Qué instintos animales afloran al alimentar con las tetas? Las mujeres que amamantamos sentimos físicamente las necesidades de nuestras crías, y créanme que ninguna definición de construcción social puede describirlo. Sentimos en nuestro cuerpo, específicamente en nuestras chichis. Cuando nuestra criatura está a punto de despertar con hambre, nuestros senos se tornan duros, pesados e incluso comienzan a gotear de leche. También desarrollamos habilidades olfativas que nos ayudan a detectar cualquier anomalía en nuestra criatura.

 

Además sincronizamos etapas de sueño, sentimos cuando nuestro hijo quiere nuestra cercanía (se nos agita el corazón, experimentamos cierto grado de ansiedad), detectamos sobresaltos y peligros, tenemos reacciones físicas que nos alteran con impulsos de correr o atacar. Empezamos a experimentar, descubrir y aceptar (a veces con resistencia, pues nos es culturalmente ajeno y socialmente inapropiado) nuestra parte animal, nuestra pertenencia al grupo de los mamíferos.

 

Si este instinto materno que reconocemos nosotras las mujeres que damos teta, fuese en realidad un constructo social, ¿cómo es que sobrevivimos como especie humana? Dudo que los cavernícolas diseñaran  fórmulas lácteas o abandonaran a sus críos en el monte por no sentir nada por ellos (y no me refiero al amor).

 

No todas las mujeres que experimentan la maternidad sienten lo mismo, no todas tienen la sensibilidad para percibir ese instinto animal. Y es aquí donde puedo comprender la correcta aplicación del concepto constructo social.  A las mujeres actuales se nos ha construido la idea de que no somos capaces de realizar esos actos instintivos relacionados a la maternidad: necesitamos intervención médica para parir (a pesar de que existen miles de evidencias arqueológicas mostrando cómo sabíamos parir naturalmente), necesitamos intervención externa para alimentar y en ocasiones cuidar a nuestras crías. Incluso las que nos rendimos ante ese llamado animal, necesitamos ayuda para aprender cómo amamantar.

 

Existen esos constructos sociales que relacionan la maternidad mamífera con el sometimiento de las mujeres, y es en estos constructos donde las mujeres perdemos el poder de conectarnos con nuestros instintos y todo lo que de ellos florece. Sí, de nuestros instintos: esas reacciones que contribuyen a la conservación de la vida de la especie.

 

Mujeres y hombres: las mamíferas que alimentamos con nuestras tetas a nuestros hijos les pedimos reflexionar sobre la lactancia materna, el derecho humano que tiene todo niño o niña a ser alimentado del seno de su madre, y la libertad que reclamamos las mujeres que amamantamos al desnudar nuestros pechos en lugares públicos. En Sonora, sólo el 30% de los niños que nacen tienen la fortuna de ser alimentados con leche materna, de acuerdo a la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición. Las tetas que alimentamos a nuestros hijos, estamos trabajando en nuevos constructos sociales para que esa cifra disminuya año con año.

 

Por Iris A. Gastélum Gerardo

 

[1] UNICEF, 2015: http://www.unicef.org/mexico/spanish/noticias_29440.htm

[2] “3 relevantes datos de la industria de la pornografía en México”. Merca2.0. 2015: http://www.merca20.com/3-relevantes-datos-la-industria-la-pornografia-en-mexico/

[3] “Implantes de senos, un negocio en auge”. Expansión/CNN, 2014: http://expansion.mx/negocios/2014/04/29/cirugias-de-seno-son-inmunes-a-la-crisis

[4] “Precio del aumento de senos”. Cirugías estéticas, 2015: http://cirugiasesteticas.org/precio-del-aumento-de-senos/

[5] “Implantes mamarios, fabricarse un cuerpo para los hombres llena de riesgos a las mujeres”. La Jornada, 2004: http://www.jornada.unam.mx/2004/10/04/informacion/74_implantes.htm

[6] “Cirugía estética, más allá de una imagen perfecta”. Informador, 2016 : http://www.informador.com.mx/jalisco/2010/192360/6/cirugia-estetica-mas-alla-de-una-imagen-perfecta.htm

[7] “En Culiacán, de una niña bella a una ´Buchona´ extravagante. Café Negro, 2016: http://cafenegroportal.com/2016/03/08/en-culiacan-de-una-nina-bella-a-una-buchona-extravagante/

*Calculo en base al costo de fórmulas lácteas especializadas.

 

Fotografía del Club de Lactancia de Hermosillo

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Acerca de

Iris A. Gastélum Gerardo es comunicóloga y lactivista. Toma la pluma de vez en cuando para expresar sus observaciones y reflexiones. En su andar ha recorrido la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, de la Universidad de Sonora, y la maestría en Ciencias Sociales, en el Colegio de Sonora. También se ha expandido por territorios de la Educación y el Aprendizaje. Contacto: irgage@hotmail.com


'Las Tetas' tiene 5 comentarios

  1. agosto 5, 2016 @ 10:37 am Beatriz Marina

    Bravo, Bravo!

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  2. agosto 5, 2016 @ 5:09 pm Galicia

    A mi el tener hijos me enseñó precisamente que tan ilusoria es la civilidad, somos animales humanos, y una vez que me pasó el shock, pude disfrutar de todo ese instinto. Y eso fue lo que me dió el valor para ver a la gente que me veía con cara de «asco» cuando me veían amamantar en público. En mi cabeza pensaba «Yo muy bien haciendo lo que la naturaleza me capacitó par hacer, asco tú que me juzgas sin saber» jajajajaja

    Responder

  3. agosto 5, 2016 @ 6:19 pm Margarita Rascón

    Pero que necedad de citar y dar relevancia a que ciertas mujeres feministas desprecian, estar contra lo que yo creo, hago, promuevo, porqué seguir así el juego al machismo?
    Por una elemental lealtad de género, la autora podría haber omitido citarlas, porque Feministas pocas, pero sin ellas y su esforzado activismo las mujeres aún estaríamos en peores cautiverios.
    Justamente en los años 70s feministas mexicanas universitarias se sumaron al trabajo de La Liga de la Leche en contrario a la política nacional de ceder a las empresas el transnacionales los grandes contratos para llenar de botes de leche «maternizada» el stock de las instituciones de salud….es importante conocer la trayectoria del movimiento feminista, no solo la que se escucha al vuelo.

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  4. agosto 6, 2016 @ 10:34 pm Rosa Maria Gerardo Perez

    Me encanto la dicertacion acerca de las Tetas….creo que fue abordado desde varios frentes de una manera inteligente y entretenida…No fue un articulo que criticara en modo alguno a las que son feministas….solo se hizo referencia a la postura que estas tienen respecto a la lactancia….tampoco es un articulo sobre el feminismo lo que no obliga a la autora a saber la historia y trayectoria del feminismo en nuestros dia y la felicito por su chispa que tiene al escribir…

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  5. agosto 6, 2016 @ 11:37 pm pediatra

    Simplemente maravilloso. El articulo de las tetas. Y claro el reconocimiento de la lucha del justo lugar a la mujer no esta peleado con algo tan indispensable para el bebe como el ser amamantado. Felicidades Lic. Un pediatra le agradece esta reflexion.

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