Ciudades sin Memoria: El voto presidencial en Sonora


Saludos, estimados lectores. Aunque el objetivo central de esta columna es proponer espacios y proyectos que le den memoria a nuestras ciudades, hoy cierro una serie de reflexiones históricas referentes al tema que tanto nos ha ocupado este año: las elecciones efectuadas el pasado primero de julio. Las dos recientes entregas que ofrecí en Crónica Sonora fueron sobre las elecciones para alcalde y para senadores -sírvanse buscarlas los interesados-, así que hoy sigue la presidencial.

No son pocos los que dicen que Sonora siempre ha sido priista. Esta es una idea que yo, como historiador, he combatido. Primero porque cuando José Vasconcelos lanzó su candidatura presidencial en contra de Pascual Ortiz Rubio, esto en 1929, el estado de Sonora apoyó a Vasconcelos. Para ponerlos en contexto, Ortiz Rubio era el candidato del gobierno y el caballo del expresidente Plutarco Elías Calles, oriundo de Guaymas. Así, encontramos un antecedente interesante en la conducta electoral de los sonorenses: apoyaron al oaxaqueño, y candidato de la oposición, en lugar del candidato apoyado por el sistema.

PEC y Ortiz Rubio

Ese mismo año se creó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), el cual pocos años después se transformó en Partido de la Revolución Mexicana (PRM), para más tarde cambiar su nombre a Partido Revolucionario Institucional (PRI), siglas con las que hasta la fecha se presenta. Si bien hay diferencias entre el PNR, el PRM y el PRI, los tres fueron siempre el partido hegemónico en México. Pues ahí tienen que, aunque suene extraño, en un inicio a los sonorenses no les gustó el PNR y no apoyaron su fundación ni se afiliaron a sus filas, todo lo contrario: lanzaron una proclama (el Plan de Hermosillo), en la que le declararon la guerra al PNR y a su fundador (Plutarco Elías Calles). El gobernador sonorense de aquel año, general Fausto Topete, se unió a la rebelión, episodio que terminó con la militarización de Sonora y el bombardeo de las principales ciudades de la región.

Topete

En 1949 los sonorenses apoyaron al candidato a gobernador del Partido Popular, Jacinto López Moreno, en contra del candidato del PRI, Ignacio Soto (primer candidato y gobernador bajo las siglas “PRI”). El sistema declaró ganador a Soto, lo que ocasionó protestas y descontento en la entidad. Aunque no poseo pruebas irrefutables, siempre he sido de la opinión de que el PRI perdió aquellas elecciones y los sonorenses le otorgaron su voto a la oposición.

Después, en las elecciones de 1967, se declaró gobernador electo al priista Faustino Félix Serna (abuelo del actual alcalde de Cajeme), pero en medio de un complicado, problemático y violento proceso electoral. En esas mismas elecciones, los hermosillenses le dieron su voto al panista Jorge Valdéz para que fuera alcalde, con lo que Hermosillo pasó a ser la primera capital estatal gobernada por un partido de oposición, el PAN.

Valdéz, del PAN, a la izquierda

Y el listado de ejemplos sigue y sigue. Conforme se investiga y se escribe la historia político-electoral de Sonora, ese supuesto priismo de hueso colorado se torna dudoso. Si Sonora realmente hubiera sido muy priista, el gobierno estatal no le hubiera declarado la guerra al PNR en 1929, no se hubiera apoyado la candidatura de Vasconcelos el mismo año y Hermosillo no hubiera sido la primera capital gobernada por el PAN. A eso podemos sumarle personajes como Jacinto López, del Partido Popular, y Adalberto Rosas, del Partido Acción Nacional, quienes en distintos momentos, uno en los 40’s y el otro en los 80’s, declararon haber ganado la elección estatal en contra del PRI y ser víctimas de un fraude electoral, lo cual creo altamente posible.

Sí Sonora hubiera sido tan priista, muchos priistas de la década de 1960 no se hubieran salido del partido para crear el Movimiento Cívico Sonorense, y lo mismo podemos decir de los priistas de Cajeme que dejaron al partido para crear al Partido Demócrata de Cajeme en 1958.

Rafael “el Buqui” Contreras, creador del Partido Demócrata de Cajeme

Las elecciones presidenciales son otro argumento para discutir ese supuesto priismo de hueso colorado de los sonorenses. Si revisamos la historia del voto presidencial, encontraremos que durante el siglo XX, Sonora siempre votó por el candidato ganador, que siempre fue el candidato del PRI. Pero en el año 2000 el candidato presidencial del PAN, Vicente Fox, tuvo más votos en Sonora que su rival priista, Francisco Labastida. Seis años después, el candidato presidencial del PRI, Roberto Madrazo, perdió en Sonora en contra del candidato del PAN, Felipe Calderón. Seis años después el candidato del PRI volvió a triunfar en Sonora, en esa ocasión fue Enrique Peña Nieto. Pero el pasado primero de julio, los sonorenses le dieron más votos al candidato de MORENA, Andrés Manuel López Obrador, que al candidato del PRI, José Antonio Meade.

¿Qué conclusiones nos dan estos datos? Que los sonorenses no son priistas de hueso colorado, que no votan sistemáticamente y que no votan por el PRI sin importar nada. Hablando de elecciones presidenciales, la constante de los sonorenses no es votar por el PRI, sino votar por el ganador. Sería interesante revisar cuándo fue la última vez que el candidato presidencial que ganó en Sonora, no fue también el que declarado ganador a nivel nacional (quizás tengamos que remontarnos a las elecciones de 1929). Tanto Sonora, como Baja California, Chihuahua, Coahuila, Jalisco, Aguascalientes, Colima, Querétaro, San Luis Potosí y Yucatán, son los únicos estados que desde el 2000 han votado por el ganador, dos veces un panista, una vez por un priista y ahora por un morenista.

Los sonorenses han dejado claro que no representan un estado de voto duro al PRI. En el siglo XXI le han dado su voto presidencial al PAN, al PRI y a MORENA. No me sorprendería que en seis años le den su voto a cualquier otro partido. ¿Quieren hablar de voto duro? Entonces quieren hablar de Guanajuato y del pasado. El voto duro está en debacle y el voto dividido va a la alza, repito, todo esto hablando de elecciones presidenciales. A estas alturas, sólo podemos hablar de voto duro en Guanajuato. Los guanajuatenses votaron por el candidato del PAN en el 2000, 2006, 2012 y en el 2018, siendo este último año el único estado donde no ganó López Obrador. Guanajuato no sólo es el último reducto del PAN, sino que es el último reducto del voto duro, la última entidad en la que los electores votan sistemáticamente por el mismo partido. Creo que Sonora dejó de ser así hace muchos, e incluso me atrevería a decir que quizá nunca fue así.

Por Mirinda Grijalva

Fotografía de  Luis Gutiérrez / Norte Photo

Asistentes al cierre de campaña de Obrador en Hermosillo (18.06.18) lo tocan o lo intentan



Acerca de

Miguel Ángel Grijalva Dávila es un historiador sonorense que ha participado en espacios para la difusión de la historia radio, televisión y publicaciones impresas y digitales. También ha presentado sus investigaciones en congresos y foros en todo México. Búscalo en twitter, instagram o pinterest, como Mirinda_GD. En Facebook: Un Día Como Hoy en Sonora. Y en su página de historia y crónica: www.mirindagd.wordpress.com


'Ciudades sin Memoria: El voto presidencial en Sonora' 1 comentario

  1. julio 12, 2018 @ 8:00 pm Sergi Rodrigues

    Muy interesante toda esta información. Y explicado así, me ha convencido usted. Yo era uno de los q hasta leer su reflexión creía falsamente que los sonorenses eran mayoritariamente priistas.

    Dicho esto, me aventuro a ir más allá con algo que dice: los sonorenses han estado votando por el partido ganador casi siempre, o al menos siempre en las últimas elecciones presidenciales. Pensando acerca de una posible explicación se me ocurrió esta pregunta que pongo sobre la mesa, por si quiere tratar de responder: ¿si según parece el voto de los “sonorenses” refleja muy bien el voto de los mexicanos cuando eligen presidente federal, no podrá ser debido a que entre la población sonorense haya abundancia de descendientes de mexicanos venidos a Sonora de todos lo otros estados de la república?

    Obviamente, sería muy interesante saber en primer lugar acerca de datos demográficos oficiales en este sentido de migrantes mexicanos. Pero vaya, algunos datos indirectos me confirman esa hipótesis. Aunque es muy cierto q la “intuición ” a veces falla estrepitosamente. Así q siguiendo su ejercicio de este artículo, sería más prudente hallar cifras oficiales si es posible, antes de elucubrar con hipótesis.

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