«Historias de miedo para contar en la oscuridad»: 1968 no se olvida


En Checoslovaquia – hoy escindida en dos: República Checa y Eslovaquia – comenzó La Primavera de Praga. El anhelo por “un socialismo con rostro humano” fue reprimido con brutalidad por la Unión Soviética; también fue el año del Mayo Francés, cuando estudiantes y obreros protagonizaron una revuelta irrepetible; y del asesinato de Martin Luther King, en abril y Robert F. Kennedy, en junio. 

Por supuesto, 2 de octubre es la fecha de La Matanza de Tlatelolco, origen y consecuencia de profundas heridas nacionales y, más adelante, el 5 de noviembre, el republicano Richard Nixon es elegido como trigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos de América.

Vietnam. Pesadilla recurrente. 1968 representó una jornada única, cruenta y memorable que ha servido para que cine y literatura produzcan reflexiones y homenajes vitales. Hasta nuestros días. 

Así, Historias de miedo para contar en la oscuridad (André Ovredal, 2019) toma como punto de partida el libro de Alvin Schwartz – ilustrado de manera magistral por Stephen Gamell – y, al ubicar la producción en el 68, propone una especulación interesante entre los miedos políticos y sociales de entonces con los que ahora nos niegan la templanza. 

Guillermo del Toro aparece como escritor de la adaptación cinematográfica y es productor de esta película. Eso explica la perspectiva crítica detrás de engendros sobrenaturales. Los demonios andan sueltos, en todo sentido. 

Es la noche de Halloween en Mill Valley, Pennsylvania. La incertidumbre respecto a las próximas elecciones – Nixon contra Humprey – y el temor al reclutamiento hacia Vietnam preocupan al mundo y a esta pequeña comunidad norteamericana. 

Sin embargo, para Stella (Zoe Margaret Colletti), escritora en ciernes que usa su talento para escapar de un ambiente opresivo, y también para Augie (Gabriel Rush) y Chuck (Austin Zajur), la noche de brujas es solo el pretexto para divertirse y, si acaso, enfrentar a Tommy (Austin Abrams), el chico que, con empeño y constancia, los molesta en la escuela.

Hasta aquí, Historias de miedo para contar en la oscuridad, es otra cinta de terror adolescente como las que se han realizado desde hace más de treinta años. Eso sí, a medida que avanza el metraje, el filme adquiere una dimensión cada vez más atractiva.

El valiente y travieso encuentro entre Augie, Chuck y Stella contra Tommy, el bully, provocará impredecibles consecuencias. La persecución tendrá, como primera parada, el autocinema que exhibe La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), clásico de culto ambientado, of course, en Pennsylvania. Preciso. Macizo. 

De ahí en adelante se incorpora Ramón (Michael Garza), inmigrante mexicano dispuesto a ser parte de la pandilla freak por la atracción instantánea que siente por Stella. Y entonces, para esconderse del cruel y violento Tommy, llegarán a una casona que encierra una leyenda negra, sangrienta y embrujada. Nada mas conveniente. 

Stella descubre y se apropia de un libro demoníaco. El maleficio se libera. Cada uno de los adolescentes recibirá su castigo a partir de sus miedos más profundos, a lo Eso (Andrés Muschietti, 2017), pero gracias a la yuxtaposición de monstruosas criaturas creadas ignorando el CGI, con el ascenso al poder de Nixon – el arco temporal de esta cinta apaña del 31 de octubre, al 5 de noviembre – el filme consigue un comentario genial ante este ambiente campirano, de racismo salvaje e intolerancia proverbial. 

Además, Historias de miedo para contar en la oscuridad, otorga a Stella la mejor línea de la cinta: “There are stories to hurt, and stories to heal”, lo que significa puntual parábola de horror acerca de la huella que las historias orales o escritas pueden dejar en el espíritu humano. 

El gran valor de cultura y literatura, pues. 

Estamos ante un ejercicio ligero, pero efectivo. Se trata de una película ideal para adentrarse en el género del horror sin comprometer las horas de sueño. Y que, en la tendencia actual, incorpora opiniones políticas que funcionan como analogías para entender nuestro ominoso y aterrador presente. 

Historias de miedo para contar en la oscuridad tiene los arrestos necesarios para convertirse en una nueva franquicia cinematográfica. Millenials y Baby boomers comparten paradigma: resolver su lugar en la sociedad contemporánea. 

Ay, nanita. El momento ha llegado. A ver como nos va.

Que leer antes o después de la función

En las montañas de la locura, de H.P. Lovecraft. Sin duda, el más aplicado discípulo de Edgar Allan Poe, entrega aquí el descubrimiento de seres extraordinarios que llegaron a nuestro planeta muchos años antes de la aparición de la humanidad. Se describen como casi extinguidos, pero que aguardan para surgir en el tiempo preciso. 

Esta novela corta forma parte de los mitos de Cthulhu a través de las crónicas de una expedición a la Antártica, “desnudo reino del hielo y la muerte”, en la narración que mejor comparte el miedo a hallazgos en los lugares más remotos de la Tierra.

En tiempos del calentamiento global, Lovecraft ya había advertido la pertinencia de dejar a la naturaleza en paz. 

P.D.- 1968 es, también, el año en que inicia sus transmisiones En familia, con Chabelo, así como Los supergenios de la mesa cuadrada, donde aparecen, por primera vez, personajes creados por Roberto Gomez Bolaños, Chespirito. Nada mas revolucionario y eterno.



Acerca de

Horacio Vidal (Hermosillo, 1964 ) es publicista y crítico de cine. Actualmente participa en Z93 FM, en la emisión Café 93 con una reseña cinematográfica semanal, así como en Stereo100.3 FM, con crítica de cine y recomendación de lectura. En esa misma estación, todos los sábados de 11:00 A.M. a 1:00 P.M., produce y conduce Cinema 100, el único -dicen- programa en la radio comercial en México especializado en la música de cine. Aparece también en ¡Qué gusto!, de Televisa Sonora.


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