“Fisuras” me oprimió las vísceras y el corazón


 

Las hendiduras parecen respirar:

Precipicios que dividen los cuerpos

Y luego los acercan,

Ardientemente,

Al cerrarse en un clima

De fantasma y jadeo.

David Huerta

Tuve la oportunidad de conocer Fisuras a finales de febrero de este año, cuando Producciones La Lágrima se presentó en la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM en la Ciudad de México.

En esa ocasión no tomé programa de mano, mi única referencia de la obra era que había sido un trabajo estrenado en 2006 y que para la primera exploración del proceso creativo Adriana Castaños trabajó con Manuel Ballesteros y Hugo Carrera, quienes gozaron de amplio reconocimiento por una exitosa presentación en el Palacio de Bellas Artes.

En los primeros minutos no pude evitar que mi mente sobrepusiera a los intérpretes actuales los cuerpos conocidos del elenco original. Me sorprendía identificando (o tratando de) los gestos aportados a la obra por Manuel y Hugo, con los que compartí entrañables experiencias en el grupo. Incluso desde mi butaca me apropiaba del maravilloso trabajo de las bailarinas, imaginándome adentro de la pieza, y podía intuir en mi cuerpo, con gran nostalgia, el origen de cada gesto de las manos, las tensiones, los apoyos, los impulsos de cada movimiento.

Yo sabía que de una u otra manera la experiencia de ver a La Lágrima sería conmovedora, pero poco a poco la obra en sí misma, la energía de las intérpretes y la impecable y altamente evocadora estética de Fisuras me oprimió dulcemente, nostálgicamente, las vísceras y el corazón.

La pasada noche del 25 en el marco de Un Desierto para la Danza me volvió a suceder.

Fisuras me conecta con el misterio de los caminos que andamos para relacionarnos con las otras personas a lo largo de nuestras historias, dichos caminos han sido para mí un territorio sin mapa, sin brújula, a veces doloroso e incierto.

La metáfora del algoritmo matemático como principio de exploración me conmueve profundamente, porque lo conecto con el frustrado intento de control en esa fundamental incertidumbre. En Fisuras, ese intento se traduce en movimiento con la potencia sin tregua de cada gesto, de cada contacto, no existe un milímetro de ese espacio cuadriculado (brillante propuesta de Jesús Maldonado) donde se permita la imprecisión, aunque duela…

Esta claridad y determinación se contrapuntean con la dimensión incontrolable de la poesía y las emociones contenidas en la música y sus silencios, en los rostros de las mujeres; sus expresiones me devuelven como espejos lo que hay en mí de tristeza, esa tristeza que no mata, con la que puedo seguir viviendo…pero que me endurece, me enoja, me hace accionar sin honrar el gesto triste y lo vuelvo defensa, ataque.

Hay dos momentos frente al público cuya delicadeza aún me toca: uno donde los cuerpos se toman unos segundos para respirar, una bocanada, un suspiro para continuar más vulnerables, mostrando la piel, el corazón como si no se dieran cuenta de que algo se libera permitiéndonos entrar en lo más íntimo. El segundo momento es cuando ella y él nos miran de frente, se toman el tiempo, impotentes y serenos, como en esos fragmentos escasos de vida donde parece que tengo perspectiva del camino.

Para el final, la soledad al centro, eterna.

Desafortunadamente no conozco muchos de los trabajos de La Lágrima creados durante los últimos años, pero me atrevería a afirmar que Fisuras se constituye de los elementos más poderosos de la fuerza coreográfica de Adriana Castaños: el gesto poderosísimo, misterioso, cargado hasta la médula y el gozo, y compromiso total con ese lenguaje por parte del sólido equipo de intérpretes: Alejandra López Guerrero, Emmanuel Pacheco, Jessica Félix y Marcela Abaroa.

Por Claudia Landavazo

Fotografía de Juan Casanova



Acerca de

Claudia Landavazo vive en la Ciudad de México y es egresada de la carrera de Letras de la UNISON. Bailarina y coreógrafa de danza contemporánea, actriz de vez en cuando y se dedica desde hace algunos años a dar clases y al trabajo en comunidades y grupos vulnerables a través de la danza. Forma parte de CARPA Colectivo, donde desarrolla la metodología en Artes de Participación.


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