¿Y si lo agarro y lo dono?


De plano, no hay tregua con la información. La culpa la tiene ya saben quién, pues decidió exponer (y exponerse) ante los medios en las cinco mañaneras y continuar con sus rondas por el país los fines de semana. La oposición no ha hecho malos quesos y se sube a este tobogán informativo que día con día se pone más complicado, ilustrativo y atractivo. ¿Aburridos?, para nada. 

Ante la incapacidad de asimilar todo, bajemos el ritmo y detengámonos en la serie de programas sociales anunciados de apoyo a la población y las comunidades que desafortunadamente no consiguen la difusión y la discusión mediática de otros temas, a pesar que de una u otra forma nos veremos involucrados. Evidentemente, hablamos de iniciativas tales como Jóvenes construyendo el futuro, Apoyo a los adultos mayores, el programa de reforestación Sembrando vida y el llamado Plan de Bienestar surgido, a raíz de la lucha contra el robo de petróleo y todos sus derivados que constituyen un eje fundamental de la política social del sexenio. 

Más allá del total de personas beneficiadas y del dinero gastado (¿o invertido?) en la implementación de este esquema de redistribución del ingreso, es un hecho que entre los ciudadanos sí levantan amplias y legitimas suspicacias; tal vez porque la probabilidad de caer en la muestra de los favorecidos es muy alta o incluso igual a 1, como es el caso del programa de adultos mayores, que como usted sabe tiene carácter de universal. Y es justo aquí donde asoma el primer pero: ¿por qué a todos y no solo a los más necesitados? Partamos de que se ha estipulado como un derecho, un derecho adquirido por el solo hecho de haber contribuido en su momento al desarrollo del país y por lo mismo, porque es un derecho, pues no es obligatorio ni registrarse, ni cobrarlo; luego entonces, se espera que muchos y muchas mexicanas no se apunten o que si les llega lo regresarán. 

Desde otra perspectiva, suponemos se está pensando que el hecho de otorgarlo a todos deberá disminuir los gastos y el tiempo invertido en la elaboración de los padrones de marginados. Para nadie es un secreto lo caro que le resulta a los desheredados tener en regla sus papeles de pobre: que la constancia de su miseria ya no es legible; que el acta de nacimiento ya caducó, que necesitamos datos más precisos sobre sus limitaciones etcétera, etcétera. Y ahí anda la gente, esforzándose por demostrar su desgracia. ¿Cuánto cuesta, socialmente hablando, ese esfuerzo de auto-devaluación? ¿Cuánto cuesta la autocompasión en la que cayeron muchos con tal de demostrar que no pueden sin el apoyo? 

Con la universalidad se borra el requisito de ser, estar y sentirse jodido, se evita la tentación a la subestimación y quizá hasta consiga que dejemos de mentir… por lo menos en ese aspecto. En términos administrativos, se presume que entregarlo directamente, deberá disminuir el gasto destinado al personal de oficina encargado de actualizar los registros de desamparados, aunado al ahorro de la manipulación política de los padrones que tanto ha costado al país pues en teoría (y solo en teoría) no será necesario congraciarse con nadie para recibirlo.      

Un segundo comentario es aquel que se detiene en juzgar veladamente a las personas que recibirán los apoyos (viejos, estudiantes, discapacitados, los habitantes de zonas marginadas y demás): “Ojalá que hagan buen uso del dinero”, “Vamos a ver qué hace la gente con los apoyos” ¿Pues qué va a hacer? Lo va a gastar en lo que más necesita: comida, ropa, atención de la salud, diversión, mejoras a la vivienda, más ropa, calzado, más diversión, más comida, cerveza… tal y como lo “derrochamos” (si se le puede llamar derroche), la mayoría de los que percibimos ya sea un salario, una renta, una remesa, un diezmo; en fin, cualquier tipo de ingreso. Es curiosa esta tendencia a pensar que todo el dinero que “llega de la nada” o “regalado” será mal gastado. Pero más curioso resultará ver cómo estos juicios tenderán a cambiar cuando en la tarjeta de un ser querido o de un conocido se refleje el respectivo deposito. 

Al respecto, Rutger Bregman, en su libro Utopías para realistas, argumenta que actualmente es tan rico el mundo que es factible regalar dinero a la gente. Relata algunos interesantes experimentos como el Providing Personalised Support to Rough Sleepers llevado a cabo en Londres, el proyecto del Grupo de Asistencia a los Sintecho en Utah y GiveDirectly desarrollado en Kenia, en los cuales se entregó dinero a la gente sin condición alguna. A través de ellos pudo observarse que el “dinero regalado” sin requisitos y sin vigilancia sobre su gasto, puede ayudar a reinventarse una nueva vida o salir de una depresión, a poner un negocio, a tomar unas clases, a pagar por el cuidado de los hijos, tomar decisiones, rentar una casa, entre otras muchas “ocurrencias” que cada uno de los participantes enunció. En la mayoría de los casos resultó un alivio.

Como se ve no es una idea nueva. De hecho, el lector puede navegar entre el libro citado e internet buscando el tema y cuando menos piense desembarcará en Utopía, la isla de Tomas Moro, no sin antes pasar por las discusiones de Malthus, Friedman, la Ley Nixon o el referéndum que sobre una renta básica universal se realizó en Suiza en 2016. En México se han entregado apoyos “a los pobres” en el pasado reciente; solo que ahora, para regresar con los viejitos, se propone sin condiciones y para todos, con lo que nos ponen a pensar a todos. Y si antes como ciudadanos podíamos estar en desacuerdo con Progresa y Oportunidades o no nos importaban, resulta que al llegar el dinero a la tarjeta de nuestras madres, de los tíos jubilados, de la abuelita o de la vecina, pues nos atrapa en el laberinto de los eternos  cuestionamientos: ¿Lo cobro o no lo cobro? ¿Mis conocidos si lo gastarán bien? ¿Quiénes lo regresarán? ¿Tendré que votar por el partido en el poder? ¿Si tengo buena  jubilación, para qué necesito más dinero? ¿Me quieren comprar? ¿Y si lo ahorro? ¿Y si lo agarro y lo dono? ¿Será esto el populismo? O por qué no, poniéndonos más macroeconómicos: ¿No sería mejor gastar todo esto en escuelas y hospitales? ¿Será verdad que impulsará el mercado interno? ¿Pasará algo con la inflación? Y así, hasta continuar con otras preguntas no menos incómodas: ¿Y por qué a través de Banco Azteca? ¿Y si no lo cobro, se lo quedará este banco? ¿Cuáles serán las ganancias para el conocido empresario? Si, así, subsumidos en este laberinto ético/político del que por supuesto no escapará ni el nuevo régimen.

Por Ana Lucía Castro Luque

Fotografía de lopezobrador.org.mx en Político.mx

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Acerca de

Cajemense. Demógrafa. Profesora investigadora de El Colegio de Sonora. Contacto: lcastro@colson.edu.mx


'¿Y si lo agarro y lo dono?' tiene 5 comentarios

  1. marzo 7, 2019 @ 8:23 am enrique ramos

    encantado de leer una mente libre, preparada, creativa, sobre las novedades que estamos viviendo. Abrazo

    Responder

    • marzo 8, 2019 @ 1:23 pm Ana Lucía

      Huy mi estimado, que honor que le digan a una mente libre, creativa… y en un 8 de marzo. Gracias por tus comentarios.

      Responder

  2. marzo 7, 2019 @ 2:02 pm Sergi

    Pues yo discrepo con la autora. Prefiero que al estado se «le vaya la mano» repartiendo dinero entre las clases bajas y medias, a que se le vaya la mano repartiendo/no-fiscalizando a las clases que más tienen.
    Este país tiene una DEUDA inmensa con el 99% no-rico de la población. Creo necesario recordar que según datos Unicef 2009 en México hay 55 millones de POBRES !!! (que no pueden hacer 3 comidas al día).

    La verdad, creo que tienen derecho a gastarse las ayuditas que les lleguen en lo que puedan. Conozco a muchos en situación precaria que se lo gastarán en el camión de los hijos, en la colegiatura, en ir por primera vez al dentista o llevar al perro a vacunar. ¿Algunos se lo gastarán en ampliarse la casa porqué viven hacinados 5 personas en menos de 60 metros cuadrados? No me molesta.

    Por cierto, si se quiere analizar los efectos macro-económicos de políticas que favorecen el empoderamiento económico de los que menos tienen (se lo merezcan o no), hay que recordar que cuando la familia de clase media o baja recibe un dinero extra, lo suele invertir en el comercio local de productos y servicios, dinamizando muchíiiiiisimo más la economía de su entorno. El rico, en cambio, cuando le sobra dinero se va de vacaciones al extranjero, envía a los hijos a estudiar al extranjero, se compra artículos electrónicos o carros en el extranjero o del extranjero. O directamente: para evadir impuestos crea una off-shore a donde desviar sus «ganancias» (léase Papeles de Panamá). De hecho, cuando en general se gastan su dinero tratan de declararlo como desgravación fiscal de algún modo. Lo digo por los que se quejan siempre de que en el mercado pequeño y local hay demasiada evasión de impuestos (no-facutras, no-IVA).

    Por otra parte, un estado benefactor o «del bienestar» como gustan llamar en Europa, no es garantía de ausencia de tramposos. No es garantía de alcanzar una sociedad UTÓPICA. La mayoría de la gente siempre quiere más. Y aún en estados europeos (vengo de uno de ellos) en donde hay prestaciones del estado que en México de momento solo pueden soñar (más 30 días de vacaciones pagadas, excedencias por maternidad y PATERNIDAD de meses y semanas PAGADAS, subsidios de desempleo que tienen más de dos ceros, etc.), aún en esas condiciones hay gente que SIGUE TRATANDO DE EXPLOTAR todo ese sistema asistencial en su beneficio propio sin ningún límite moral.

    Solo pondré un ejemplo (hace 25 años): un amigo mío, con 2 carreras universitarias, con super-salario, decide darse un año sabático y PACTA EN SECRETO con su empresa un DESPIDO IMPROCEDENTE por parte de la misma, para que el estado le otorgue a mi amigo un subsidio por un año del 80% de su sueldo!! sin tener hijos ni parientes a cargo… solamente porqué ese subsidio está creado para que la gente que PIERDE su trabajo no pierda al día siguiente su casa, su carro, etc… por impago. Y sin embargo, gente que tiene dinero de sobras, aprovecha esto (los demás lo intentan pero no todo el mundo es apoyado por su empresa) para tratar de sacar lo máximo. Lo paradójico es que esos mismos después son los primeros en quejarse de que las pensiones no suben lo que deberían. O peor aún… esos mismos después van hablando pestes de los que cobran un subsisidio sin merecerlo, sin trabajar, etc… Vaya hipocresía, o cuánta miopía moral!

    En fin, que de gente egoísta y aprovechada la hay y la seguirá habiendo. Me parecen muy respetable los cuestionamientos éticos con los que la autora de esta publicación comienza su artículo, pero sinceramente, las políticas socio-económicas NO DEBEN AUTO-LIMITARSE bajo el pretexto de que algunos tratarán de desvirtuarlas y aprovecharse. Señoreeeees…. eso sucede SIEMPRE, hágase lo que se haga!!

    En fin, espero que mi intención de aportar datos y reflexiones profundas sobre esta cuestión sea apreciada sin desconfianza. Si empleo un tono tajante no es por grosería, es porqué en un país con 55 millones de pobres me resulta indignante que se someta al tercer grado de interrogatorio y análisis a las primeras medidas REPARTIDORAS DE RIQUEZA de este gobierno, que desde antes de postularse como electo anunció su voluntad claramente.

    Al que no le guste, ajo y agua 😉

    Llevamos ya 75 años de capitalismo neo-liberal deshumanizante como para buscarle ahora los tres pies al gato al gobierno actual. Discúlpenme, pero creo que los intelectuales (dejémoslo en gente leída) de este país deberían centrarse más en la transformación de la mentalidad y la psique del mexicano y no en lo atinado o no de cada una de las actuaciones y palabras de AMLO.

    Porqué la TRANSFORMACIÓN DE MÉXICO no funcionará si no hay una transformación mental de los ciudadanos mexicanos. Las transformaciones socio-económicas no funcionan si la parte-humana de la ecuación no se transforma. No transforma uno un país reescribiendo leyes o anunciando subsidios. Se transforma un país cuando se ayuda a la gente a transformar su modo de ver las obligaciones y las responsabilidades de los ciudadanos y de sus gobiernos.

    Si algo me ha enseñado la vida es que con demasiada facilidad mucha gente intelectual se cree de izquierdas nada más por ser abierta de mente. Como si los de derechas no pudieran ser abiertos de mente. El ser de derechas o de izquierdas no depende de tu apertura mental, sino de tus prioridades: a favor del 99% o del 1%. Así de sencillo. Así como para ser machista no hace falta ser hombre, ni para ser feminista hace falta ser mujer.

    Imploro a los que lean esto a que se pregunten a favor de quienes están (a parte de a favor de uno mismo, eso siempre y lo primero, por supuesto).

    Saludos!
    Sergi

    Responder

    • marzo 8, 2019 @ 12:56 pm Benjamín Alonso

      Híjole mi Sergi recomiendo darle una nueva lectura, aprovechando el viernes nublado en la capital de Sonora

      Responder

    • marzo 8, 2019 @ 1:26 pm Ana Lucía

      Hola Sergi, muchas gracias por tus comentarios… deberíamos continuar este intercambio. Para cuándo escribes??? Un abrazo,

      Ana Lucía

      Responder


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