Una hermosillense en Estados Unidos


Porque el Gabacho es mucho más que Trump y los loquitos que lo siguen


Perry, Georgia.-

Recuerdo muy bien el estado de Texas, viví ahí hace tres años, en un pueblito llamado Monahans, situado a cuatro horas de El Paso, lugar donde se cometió el terrorismo doméstico el pasado sábado tres de agosto. Esta zona geográfica tiene un parecido a nuestra tierra, es semidesierto con atardeceres de color ocre en distintas tonalidades; en la comida, también hay similitud, debido a la población mexicana establecida ahí antes de la anexión de Texas a los Estados Unidos de Norte América en diciembre de 1845, reconocida por México en 1848. 

Yo llegué a Estados Unidos en el año 2014 y Texas fue la segunda puerta para continuar conociendo la cultura estadounidense. La primera fue Tucson, Arizona, en el 2008. Estuve un año becada en el Pima Community College, para aprender inglés, fue mi primera experiencia con el multiculturalismo. A pesar de haber tenido una grata estancia como mexicana en Tucson, al regresar a México, me vi influenciada por posturas izquierdistas relacionada con la academia cuyos argumentos estaban sustentados en la intervención gringa en varios territorios de América Latina, los cuales siguen sucediendo, como es el caso de Venezuela. Mis prejuicios fueron alimentados al grado de crear una imagen anti- estadounidense. Desmantelar esta idea ha sido un proceso interesante, porque me he dado cuenta que la praxis social suele ser diferente al contexto político, comprendiendo que existen matices de colores diferentes entre el negro y el blanco, el cual ayudó a cambiar mi narrativa hacia Estados Unidos de Norte América. Y esa mirada de comprensión ha sido gracias al acercamiento que he tenido con la educación de este país, a través de mi familia. 

En estos cinco años, he vivido con mi familia en los estados: Texas, Indiana, Virginia y en este momento en Georgia. Con desplazamientos a las ciudades del El Paso, San Antonio, Houston, Chicago, Washington y Atlanta. Esta movilidad es por el trabajo de mi esposo, quien trabaja para invernaderos de alta tecnología en Estados Unidos. Por tanto, nuestra residencia es legal, sin problemas migratorios, es decir, sin persecuciones. Hemos vivido en colonias americanas, sin ninguna experiencia de racismo o de exclusión por parte de los vecinos. Al contrario, ha sido interesante; desvaneciéndose varios de mis prejuicios.  

Mi relación con la academia en Hermosillo, Sonora, mi lugar de origen, me ha permitido interactuar con el sistema educativo de este país, he participado de forma voluntaria en varias actividades en las escuelas de nivel preescolar y primaria, con: grabación de video y fotografía para eventos; leerles historias a los niños en español; ayudar a las maestras en el cuidado de los niños; organizar actividades dentro del salón en el día de San Valentín o de Pascua. Lo anterior se ha reforzado con inquietudes personales de difundir la lectura en niños indígenas de mi país: se me apoyó con treinta y cinco cajas con libros de inglés para niños. Esta ayuda fue gracias a dos maestras estadounidense y a un traductor de nivel internacional a quienes les interesó el proyecto. En Texas, tuve la oportunidad de dar clases de español a un joven estadounidense quien tenía amigos mexicanos y deseaba platicar con ellos en nuestro idioma. Esa relación de enseñanza y aprendizaje fue muy motivadora para mí.

Los dos años que viví en Monahans, Texas, me enteré que El Paso se encuentra dentro de las diez ciudades con mayor número de población hispana 482 mil personas, el 80% de la población, de acuerdo al censo de Estados Unidos del año 2010, considerada unas de las ciudades más seguras de USA y en constante crecimiento. Y todos los pueblos aledaños a esta ciudad tienen un alto índice de población mexicana que vienen de los estados de: Chihuahua, Coahuila, Zacatecas, Aguascalientes, Durango, Sonora y el sur de México, por el auge del petróleo. Otros suelen trabajar en la agricultura o en el área de limpieza para varios negocios. Mucha de esta gente no tiene papeles y su situación es vulnerable ya que no cuentan con servicio médico y ellos mismos tienen que cubrir los pagos los cuales son carísimos. Aun así, no vi impedimento para estar integrados a la comunidad. El trabajo de inclusión por parte del sector educativo hacia los inmigrantes es excelente. Las escuelas ofrecen clases de inglés para las mamás y papás, con el fin de que apoyen más a sus hijos en las tareas, unas de las principales preocupaciones que vi en los maestros.


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También observé que el sector religioso ofrece el servicio de clases en inglés para apoyar a la comunidad hispana. El deporte es otra institución de inclusión, se realizan torneos con el fin de promover el convivio familiar. Es frecuente organizar eventos en los espacios públicos o en las plazas principales de los pueblos donde las diferentes culturas se mezclan y conviven en sana paz. Esto es gracias al trabajo que han realizado los maestros para integrar a la comunidad hispana a la estadounidense, ocultada hacia el exterior, pero congruente con el discurso que ellos promueven: tolerancia y respeto a la diversidad cultural. La complicidad en apoyo hacia las familias de inmigrantes es un valor que está presente en los maestros. Ejemplo de ello, el maestro Scott Warren quien se enfrenta a veinte años de cárcel por dar agua, comida y cama a dos migrantes en Arizona.

En Texas el sector educativo no está de acuerdo con los supremacistas blancos. Aunque sí observé y escuché de texanos no aceptar la cultura “black”, renegando la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, mientras los inmigrantes mexicanos estaban asustados por Trump. Cuando éste llegó al poder iniciaron las redadas en Texas. Las personas no salían de sus casas, se sintió una tensión en el ambiente. Las familias estaban preocupadas de ser separados de sus hijos, la migra en cualquier momento los podría deportar. Nuestra gente vive con ese sentimiento a diario, para mi es inhumano.    

Basándome en mi experiencia me permite hacer un análisis de lo sucedido en El Paso, podemos observar que los tiroteos han sido cometidos por gente blanca hacia sus iguales, con la diferencia de lo ocurrido en El Paso, que fue directo a la comunidad hispana. Esto es por el constante bombardeo del presidente Trump hacia la reforma migratoria, el capricho por la construcción del muro con México, reafirmado con los 2888 tuits ofensivos dirigidos a la población mexicana y al Gobierno mexicano, sumado a la falta de respeto hacia las mujeres del partido demócrata. Esta actitud del presidente es aprovechada por los grupos conservadores que se resisten a aceptar que Estados Unidos de Norte América, ya no es de blancos.

Desde mi situación como mexicana no me siento amenazada, ni con miedo, al igual mi familia. Sabemos que se están tomando cartas en el asunto, que existen estadounidenses que valoran el trabajo y la aportación de conocimiento mexicano a este país. En este momento se han desplegado unidades policiacas en todas las escuelas de Estados Unidos para proteger a los estudiantes y a sus ciudadanos, se han organizado colectivos que protestan a favor de la reforma a la portación de armas y en apoyo a los migrantes. Actualmente, vivimos en un contexto de migraciones masivas y los derechos humanos deben respetarse.     

 Texto y fotografía por Yadira Sandoval



Acerca de

Hermosillense autoexiliada en el Gabacho. Fotógrafa y maestra en ciencias sociales por El Colegio de Sonora.


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