Para abrir boca este 2022, una reseña que nos sabe a buen augurio en Crónica Sonora


Brasilia, Brasil.-

Es difícil contar las veces en que ellos me salvaron la vida. Ya perdí las cuentas en realidad. Ellos estaban conmigo en mis primeros intentos de manejar un carro en una carretera expresa, cuando no fui aprobada en un examen profesional importante, en la primera decepción romántica, en la pérdida de un amigo querido entre otras situaciones cotidianas. Estoy segura de que miles de personas tienen historias similares con ellos. Sin duda, son los héroes de mucha gente. Pero ahora, con el lanzamiento de The Beatles Get Back del director Peter Jackson en el último 25 de noviembre la cosa tomó una dimensión más colectiva. Es verdad que los Beatles siempre fueron mis héroes, independiente si tenían poderes extraordinarios surgidos de accidentes en laboratorios o porque eran originarios de otro planeta. En ese sentido, el gran hallazgo del documental de aproximadamente 8 horas es presentar que su super poder provenía de su condición más natural: su humanidad. En los tres capítulos del documental vemos a cuatro flacos de cabello raro en sus veintes produciendo arte en su potencia máxima. 

Se puede afirmar que Jackson trató las casi 60 horas del metraje original dirigido por Michael Lindsay-Hogg, en 1969, y las 150 horas de audio (además de incluir el concierto completo de 42 minutos en la azotea del edificio Saville Row) con la destreza de un historiador. Trabajando en torno a los casi 30 días de la agenda de producción, la trama es tan llena de emociones como el Señor de los añillos: los Beatles tienen 3 semanas para producir un álbum con canciones inéditas, para realizar un concierto que quede en la historia, así como para lanzar una película como resultado de los ensayos. Todo eso en medio a la presión de los productores para la finalización del material, de la ansia de la prensa en diseminar los conflictos entre los integrantes, del deseo de sus fans por un concierto en vivo y, más importante, de la transformación artística de cada uno de los miembros del grupo, algo que ya no podría ser contenido. Cuando una estrella está cerca de la muerte es cuando ella brilla más fuerte. Con ellos no fue distinto.

Paul, Ringo, John y George en tiempos pandémicos

Sin spoiler, pero la riqueza del documental está en la aventura que es acercarse, de modo casi microscópico, de sus héroes en pleno proceso creativo. Confieso que mi miedo inicial fue: ¿Será que descubriré cosas que no quiero de cada uno de ellos? ¿Será que me voy a decepcionar con sus personalidades al verlos cómo son en el cotidiano? ¿Ellos ya no me servirán de modelo e inspiración? La respuesta para todo eso es sencilla: el amor por ellos se expande. Es verdad que Jackson, al contrario de Lindsay-Hogg, no se centró en las riñas o en los momentos de amargura entre ellos, tal como quedó plasmado en la película Let it Be, de 1970. La versión de Jackson tampoco es ajena a los conflictos: se presentan los disensos creativos entre Paul y George; la frustración del último y su renuncia al grupo; vemos a un John silencioso en el primer episodio, como que poco interesado en todo o quizá sufocado por las presiones en el estudio; y en algunos momentos se notan los ojos humedecidos de Paul ante el gran desgaste emocional de los ensayos. 

Sin embargo, creo que porque ellos siempre fueron artistas tan verdaderos verlos así tan expuestos hace con que algunas verdades se consoliden, mientras otros mitos se disuelvan. A John debemos algunos de los momentos más divertidos, geniales y afectuosos que dejan para atrás su fama de peleonero, utilizando con maestría las bromas como forma de romper las tensiones en las grabaciones. Ringo es la buena vibra encarnada y a él le parece suficiente estar con el grupo. Paul está en el auge de su belleza física y artística, actúa como motor de toda la producción y nos sorprende con la creación casi instantánea del clásico Get Back, al hacerla en menos de 5 minutos. Vemos también en el documental a un George siempre dulce y altruista, con mucho estilo en sus ropas exuberantes, expandiendo sus límites creativos. Por fin, Yoko, a pesar de que desafortunadamente nos brinda sus controvertidos aullidos, es posible decir que está en su mundo y no interfiere en los ensayos como se pensaba. Para mí, lo más tocante quizá fue ver la chispa creativa que se prendía entre John y Paul, algo que hacía que todo alrededor quedase menor, incluso la propia presencia de Yoko. Es como si ellos fuesen dos apóstolos y materializasen algo sagrado en esta conexión: yo soy el camino, la verdad, la vida y el rock n’ roll.  

Otra pregunta que surge al ver el documental es: ¿con quién uno más se identifica? En mi caso y probablemente de la mayoría de los que asistieron al documental sea con el quinto Beatle, Billy Preston, el pianista invitado a participar de las grabaciones y testigo privilegiado que tanto actúa como asiste a todo con una timidez y una sonrisa continuas, las cuales expresan su encantamiento por estar en el lugar y en el momento en que la magia ocurre. La presencia de Preston en los estudios trajo levedad y contención de los conflictos, sin hablar que su talento se acopló con suavidad a los genios en producción. Es importante mencionar que Jackson resaltó en este documental la importancia del personal técnico, de los ingenieros de sonido, de los productores musicales, de los auxiliares de estudio entre otros profesionales demostrando que la grandeza de los Beatles también se debía al apoyo de una gente anónima (o no tanto) en la construcción del ídolo. Imposible no crear afecto por el gigante Mal Evans, roadie, asistente y amigo leal desde los tiempos del Cavern Club, personaje siempre dispuesto a atender a cualquier pedido de los Fab Four, fuese por un martillo o por una corbata al estilo cowboy. Además, el director trata de valorar la presencia constante en los estudios de grabación de sus compañeras y esposas, de sus familiares (debemos a Heather, hija de Linda McCartney, algunos momentos muy chistosos), de sus amigos, de otros artistas, incluso algunos hare krishnas, lo que nos permite comprender que el arte se hacía en comunión con las personas y el mundo, y no de forma aislada y separada del todo. 

Tras dos años de pandemia y de sus efectos colaterales dañinos en la vida de casi todas las personas del globo, el documental de Jackson surge como un bálsamo en la heridas dejadas por la crisis sanitaria, como un soplo de vida y esperanza en medio a tantas existencias perdidas. Quizá por eso los Beatles aparecen en el material como los héroes de las aventuras del cotidiano, artistas geniales que crearon algunas de las canciones más increíbles del mundo bajo presión y pocos ensayos, en medio a la gente y a sus propios conflictos creativos, cuyo gran finale se dio con un concierto gratuito e improvisado en una azotea de la gran ciudad de Londres, de modo accesible a muchos. Es bonito pensar que a uno de mis héroes le gustaba la jardinería, a otro de hacer su propio pan, mientras uno de ellos inventó una canción para su mascota. Talentos que muchos de nosotros desarrollamos a lo largo de la pandemia. Héroes cuyo super poder consistía en salvar las personas en los tiempos grises, en esparcir belleza y conciencia ante la dura realidad de los días, en sembrar una alegría sin sentido definido, así como de elevar la vibración de las gentes y de los espacios, tornando el mundo un lugar más ligero, más cálido y más respirable. Quizá porque fue producido en un momento tan sombrío para la humanidad, la virtud del documental está en enfocar el lado luminoso del arte y de la creación de los cuatro fabulosos de Liverpool, mismo que se esté tratando de los momentos finales de su relación como un grupo. En ese sentido, The Beatles Get Back deja la sensación a los fans y aficionados por música de que ellos seguirán siempre juntos, de que más importante que las tensiones que existían entre ellos como artistas era más válido resaltar la amistad que los unía como hermanos, y de que ellos nunca se separaron porque el amor siguió siempre vivo. Todo eso hace muy válida la máxima de la canción The End: and in the end, the love you take it’s equal to the love you make.

Texto y fotografías por Carolina da Cunha

Sobre el autor

Fotógrafa amateur, flâneur profesional.

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4 comentarios

  1. Lindo texto, Carolzinha! Vou correr pra assistir. Essas fotos de Londres se ajustaram perfeitamente aos tempos de agora. Parabéns e feliz 2022 pra vc que é só amor!

  2. Carol, acho que vc conseguiu demonstrar que no meio da adversidade também se produz vida e beleza, uma boa comparação com o período que a gente passa no mundo e aqui no Brasil principalmente. Eles eram gênios, mas também passaram por pressão tal como todos nós, e conseguiram ainda nos deixar músicas incríveis. Saudades!

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