¿Por qué las mujeres? Feminicidios: la complicidad histórica


Soy Jeaqueline, soy antropóloga y llevo 10 años haciendo investigaciones sobre  hombres y masculinidades. Actualmente soy directora del Departamento de Igualdad y Género de la Fundación Maternidad en Plenitud A.C. Vivo en San Andrés Cholula, Puebla,  sí, aquí muy cerca de la calle 14 Oriente, mejor conocida como “la calle de los antros”, allí donde estuvo Mara Fernanda Castilla por última vez la madrugada del 8 de septiembre, disfrutando al lado de sus amigas,  antes de ser violada y asesinada por un taxista de la empresa Cabify. Yo también camino sola por las calles y viajo sola en taxi, a cualquier hora. También soy mujer y me duele profundamente lo sucedido hace casi un mes. Temo por mi vida y por las de las demás mujeres, por eso rompo el silencio.

Ayer, México se dijo triste e indignado. Movilizaciones en diferentes estados expresaron repudio y clamaron justicia por el feminicidio de Mara Fernanda, la estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP). Marchas, pancartas, opiniones, consejos, publicaciones y noticias fluyeron en los días siguientes al terrible asesinato. Por un lado, resaltan las versiones que critican el suceso y exigen justicia; por el otro, sobresalen las versiones de los hombres que se defienden y dicen que “no todos son iguales” debatiendo acerca de la aplicación y uso correcto del término “hombre”.

Y como paliativo, para terminar de ocultar la envergadura de la problemática, amenizando el tortuoso espectáculo de opiniones y soluciones desperdigadas, apareció Tony Gali, gobernador de Puebla, prometiendo aplicar un castigo ejemplar al feminicida. Añadido a esto, el mandatario propuso solucionar el caso cancelando el permiso para laborar a Cabify, como finalmente ocurrió, bajo el entendido de que la empresa de servicio de transporte privado solapó el feminicidio. ¿Un individuo aislado? ¿Una empresa? ¿El gobierno? ¿A quién vamos a culpar? ¿Cómo entender este suceso sin avistarlo en términos históricos estructurales?

El caso de Mara no es un caso aislado. En este sentido, es importante remarcar que fue el sesgo de clase lo que permitió que el feminicidio resonara con fuerza a nivel nacional. Baste recordar que días previos al asesinato de Mara, en la localidad de Zacatlán, Puebla, apareció una mujer asesinada a golpes, quien tenía seis meses de embarazo. De este feminicidio casi nadie se enteró, ni generó tanta polémica, porque su clase social no le alcanzó para reclamar justicia dentro de un sistema donde solo quien tiene los recursos puede apelar a sus derechos. Lo cierto es que en Puebla ya van 82 feminicidos solo en 2017, en tanto que la Organización de Naciones Unidas informa que en México, cada día son asesinadas 7 mujeres (ONU, 2015).

En torno al caso de Mara, me interesa evidenciar las reacciones más comunes que presencié en los días posteriores al acontecimiento, tanto en la cotidianeidad como en las redes sociales, lo cual puede darnos luz acerca de cómo se sostiene y se reproduce un sistema desigual de género de lógica patriarcal a través del consenso y la coerción, la complicidad, la justificación y el ocultamiento. En primer plano, saltan los hombres “conscientes” que interpelados por las acusaciones hacia los hombres, emiten discursos en su defensa eximiéndose de culpas, escriben notas y postean mensajes donde aseguran que ellos no son machistas ni patriarcales, que lavan platos y barren la casa, que profesan una nueva masculinidad, y que están en pro de la equidad de género. Me pregunto si sabrán la perversidad y las condiciones de desigualdad en las que se enraíza este último término.

Por otro lado, salen a relucir aquellos que uniéndose al espíritu del feminismo culturalista de corte neoliberal, muy a la vanguardia de las problemáticas sociales, aprovechan para protagonizar, publicando sus fotos con la leyenda tan sonada de “ni una más”. A este lúgubre espectáculo se unen los y las que intentando a toda costa banalizar la magnitud e importancia del suceso, se posicionan a la defensiva, señalando que los hombres también son maltratados, argurmentando que a ellos también los matan y nadie dice nada. Además, despuntan aquellos “ofrecidos” que comparten por Facebook un mensaje donde dicen que quieren cuidar a las mujeres y por ello, están dispuestos a brindar asilo en su hogar a las mujeres que por cualquier razón, no pueden llegar a su casa. Asimismo, no pueden faltar los machos empedernidos, los buenos hijos del patriarcado, que defendiendo sus privilegios de género vociferan discursos machistas y misóginos que justifican la violación y el homicidio en atención a la ropa que portaba la víctima, al alcohol, a la hora, al hecho de andar sola. A esta caravana de opiniones y soluciones ambiguas, se unen aquellos que optan por dar consejos a los padres y madres, o los que comparten sugerencias de cómo viajar con seguridad en los taxis. Todos dando explicaciones y buscando culpables. Cómplices, cómplices y más cómplices.

Ahora que todo parece que se ha resuelto reduciéndose a dos culpables: el taxista y Cabify, mientras todos y todas las demás nos lavamos las manos lanzando explicaciones al aire, considero importante resaltar el trasfondo histórico, el sesgo sexista de la economía política y el androcentrismo cultural que ha permitido y sigue permitiendo que casos como el de Mara sucedan. Es tiempo de hablar de complicidades y de la existencia de un modelo de masculinidad hegemónico del cual se benefician en menor o mayor medida todos los hombres, que asegura la subordinación de las mujeres, en cuyo sostenimiento y reproducción participamos activamente hombres y mujeres, donde además están involucradas las instituciones (escuela, iglesia, empresas) y el Estado. Esta hegemonía no solo se vale de la violencia y la dominación, sino que está fuertemente enraizada en la cultura, las instituciones, las organizaciones, generando consenso y persuasión entre la población.

El feminicidio es un asesinato por razones de género. Es decir, se nos asesina por el hecho de ser mujeres. Porque no hemos logrado erigirnos como sujetos políticos y ni siquiera se nos considera personas, sino objetos de placer e intercambio. Como lo explica Raewyn Connell, investigadora australiana de las masculinidades, durante el siglo XIX, en la coyuntura histórica en la que se consolida el Estado-nación moderno y asciende el capitalismo, se fragua un modelo hegemónico de masculinidad que, fundamentado en las dinámicas de clase impuestas por el liberalismo, garantiza la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres. De tal forma, en las sociedades capitalistas occidentales, las relaciones de género se enraízan en un poder patriarcal que va desde el plano individual hasta el institucional. A su vez, el capitalismo es un sistema que históricamente ha ido moldeando la división sexual del trabajo, dotando a los hombres de ciertos privilegios y estatus, produciendo una acumulación de capital segregada por género.

El Estado es una institución androcéntrica que organiza las prácticas de género en torno al escenario reproductivo, legitima la división sexual del trabajo y sienta las bases para que hombres y mujeres tengan un acceso desigual en términos de ciudadanía, cargos de poder y prestigio, acceso a bienes materiales y simbólicos que reproducen la desigualdad misma. Carole Pateman en su libro The Fraternal Social Contract (1998) muestra que el contrato social que sienta las bases del Estado moderno, es un pacto androcéntrico, una fraternidad masculina a través de la cual se erige una sociedad civil de corte patriarcal que impone un orden masculino. Tal como lo refiere Pateman (1988: 131), “el contrato social es un moderno pacto patriarcal que establece los derechos sexuales de los hombres sobre las mujeres, y el individuo civil ha sido construido en oposición a las mujeres y todo lo que sus cuerpos simbolizan, entonces ¿cómo podemos llegar a ser miembros completos de la sociedad civil o los partidos del contrato fraternal?”.

Por lo tanto, sale a la luz que el Estado-nación moderno y el capitalismo se fundan en un contrato sexual de estructura patriarcal, un contrato que produce una acumulación de género y que otorga derechos políticos a los hombres sobre las mujeres, a la vez que otorga derechos sobre sus cuerpos. ¿Cómo repensar la justicia de género cuando nos topamos con que estas “fallas” son parte de la morfología del Estado y el capitalismo? Frente a la indiferencia, la banalización, las soluciones vagas y las condiciones de desigualdad inherentes al orden de género patriarcal, las mujeres seguimos buscando erigirnos como sujetos políticos con el fin de preservar nuestras vidas, lo cual implica repensar la justicia en términos no solo de reconocimiento y derechos, sino también, en términos de redistribución económica.

Texto y fotografía por Jeaqueline Flores

Fachada del antro que Mara Castilla visitó antes de ser raptada.

Plano general de la calle 14 Oriente, “la calle de los antros”, en San Andrés Cholula, Puebla.

«Mujeres Barra Libre»



Acerca de

Zacatecana avecindada en Puebla. Maestra de yoga y casi maestra en Antropologia Sociocultural por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Su tesis de licenciatura, realizada en la Universidad de las Américas Puebla, ganó dos premios en 2014: el Bernardino Sahagún, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y el Sor Juana Inés de la Cruz, del Instituto Nacional de las Mujeres.


'¿Por qué las mujeres? Feminicidios: la complicidad histórica' tiene 10 comentarios

  1. octubre 3, 2017 @ 7:06 am Juan Aguilar

    En el articulo señalas a los hombres desde cualquier trinchera, que porque son cocientes y defienden la equidad de genero, que porque se vuelven feministas puros y publican mensajes de apoyo a la lucha como «ni una más», los hombres que defienden a otros hombres y luego los hombres que defienden el machismo y su posición social.
    Bueno, entonces según tu punto de vista, ¿cual es la mejor actitud que puede tomar un hombre-varón-del sexo masculino ante esta situación?. Según tus comentarios yo pienso que nada o evitar hablar o publicar algo entorno al caso, pero me imagino que a estos también los tendrás tachados de algo.
    Me interesa conocer tus comentarios. Saludos

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    • octubre 4, 2017 @ 7:04 am Jeaqueline

      Hola Juan!
      Gracias por tomar tiempo para leer el texto. En realidad, todas esas trincheras que describo, es decir, las posiciones que toman la mayoría de los hombres y también las mujeres frente a la problemática, no hacen más que aminorar y banalizar el hecho; por ende, aclaro que no estoy jerarquizando ni planteando que una postura sea mejor que otra. Es importante notar que aquí no se trata de liberarnos de culpas individualmente, sino de ver cómo estructuralmente se gesta y se sostiene una economía y una cultura que apoya la subordinación de las mujeres. No es una guerra de mujeres contra hombres. Vayamos más allá de esas visiones simplistas y desinformadas. A lo que yo estoy invitando con mi texto es a reflexionar en la forma en que todos y todas apoyamos a sostener este sistema, pero sobre todo, a notar que la morfología del sistema es lo que solapa y promueve este tipo de actos. Ahora, ¿cuál es la mejor actitud de un hombre? Considero que en el plano individual, en lugar de saltar a la defensiva y decir “yo no tengo nada que ver”, sería importante revisar la forma en que activamente participamos para afianzar, reproducir y sostener la subordinación de las mujeres a través de palabras, discursos, actitudes, comportamientos que actúan en contra de la igualdad de género. ¿Utilizamos lo que se asocia con lo devaluado para significar a las mujeres? ¿Nos valemos de una doble moral para decir que las mujeres tienen que seguir ciertas reglas diferentes a los hombres? ¿Seguimos pensando que el lugar de la mujer está en la casa y con los niños y a toda costa defendemos nuestros privilegios?
      Saludos.

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  2. octubre 3, 2017 @ 9:20 am abraham

    Fachada del antro que Mara Castilla visitó antes de ser raptada.?????

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  3. octubre 3, 2017 @ 1:46 pm Arturo Reyes González

    Licenciada y candidata a maestra en Antropología Sociocultural, maestra de yoga, la felicito por su artículo que habla de un hecho que la ley establece como un delito del fuero común como si fuera la base para el cambio de modelo económico y en el mismo sentido de la idea también un cambio en el contrato social entre los mexicanos. Esto equivaldría a refundar el país, lo cual no se lee descabellado en función de lo grave que está la problemática, para lo cual se necesitaría, más o menos, escribir una nueva constitución en los que se revirtiera el carácter de estructura patriarcal de acumulación de género en el que se otorga derechos políticos a los hombres sobre las mujeres y en las que se les otorga derecho sobre sus cuerpos… y dejar de toparnos con estas «fallas» que son parte de esta morfología del Estado y el capitalismo, y por lo que se deduce habría que cambiar la morfología del Estado en pro de la igualdad de género y de paso, pues, detalle menor, darle la espalda al capitalismo, es decir, abandonar el capitalismo como modelo de Economía Política y acercarnos al modelo de Corea del Norte, de Cuba, de la China pretérita o el modelo soviético… o si lo que se propone es una perfecta e idealizada tercera vía, vamos viendo cómo la diseñamos y adaptamos a nuestra propia economía nacional o mercado interno, y luego cómo se la anunciamos al mundo como una especie de Brexit mexicano sin causar el dolor de estómago de risas de propios y de extraños.
    Disculpe, maestra, no trato de ser irónico. Refundar el país para cambiar la morfología del Estado a partir de los focos de la violencia de género y cambiar el modelo económico capitalista por uno que no se menciona o no se propone sino que simplemente se descalifica el capitalismo por ese rasgo, parece por lo menos una idea radical y una crítica directa sin un grado de elemento constructivo. Si lo que quería decir es que se reforme o se reoriente el capitalismo eso es otra cosa. Pero hay que decirlo de tal forma. Ahora bien, si utilizamos indistintamente los términos neoliberalismo y capitalismo, hay que ser una precisión. El neoliberalismo es una forma del capitalismo. Y el neoliberalismo tiene los defectos prácticos y teóricos del mundo. Si el capitalismo es un modelo económico harto defectuoso por su naturaleza o lógica de acumulación, el neoliberalismo realmente se luce porque sus postulados han caído destrozados toda y cada vez en todos los países del mundo. En realidad el neoliberalismo se puede definir como el miedo a lo otro, es decir al estatismo, el socialismo y comunismo. Pero todas las promesas del neoliberalismo se han roto, porque sus promesas de llevar a un puerto a las economías nacionales nunca se logra (por ejemplo, con la venta de Pemex eventualmente bajarían los precios de las gasolinas, promesa rota). Las economías nacionales no son sino barcos naufragados que jamás llegan a ningún puerto y son pocos sus supervivientes. Pero no quiero agarrar monte ni por ello quiero decir que estoy de acuerdo en que el modelo económico de nuestro país sea el gran detonante de la violencia de género, aunque no ignoro el peso tangencial que contiene.
    El feminicidio se clasifica como tal, y esta es la opinión tan sólo de un ciudadano de la calle, porque la mujer está en inferioridad de fuerza física y por lo tanto se acepta generalmente la idea de que se ve indefensa ante la superioridad de fuerza de un hombre. Esto es, el cuerpo de un hombre se puede considerar un arma mortal frente al cuerpo de una mujer. Si un hombre se propone matar por la fuerza (perdón por la obviedad o redundancia en favor de la claridad) lo puede lograr tan sólo con el uso de su fuerza física. Si en el ínter de los acontecimientos decide hacerlo con sus manos o con algún arma o por medio de objetos materiales, se da a lugar el feminicidio en el sentido de que la mujer no está en condiciones favorables u óptimas, o en seguridad, de poderlo impedir. No soy un abogado. Es lo que pienso del concepto de feminicidio. El hombre comete homicidio sobre la mujer a través de la ventaja de su fuerza física, hecho que lo dota de ventaja cierta, de juicio, de conocimiento acerca de esa situación de dominio. Sean los motivos que sean. Nunca va a justificarse un feminicidio. En pocas palabras, no se vale. No hay derecho. Pero sin que me tenga nadie que responder a esto. ¿Qué pasa cuando una mujer grande y fuerte se sabe en superioridad física de una frágil mujer y se establece esa misma diferencia de fuerza física entre ambas, de indefensión por parte de la mujer más debil, y ésta cae abatida y muerta por mano de otra mujer debido a una situación de dominio físico, sean cuales fueran los motivos? ¿Es un simple homicidio o es un feminicidio? Queda abierto.
    En cuanto al modelo económico, viendo todo esto desde un plano más general, para mí todo lo que implica el modelo de economía política, es decir el capitalismo, y el modelo económico, es decir el neoliberalismo, desde un transfondo amplio, si son generadores de violencia de género; pero antes de ello hay un fenómeno de violencia de clases, en general y no sólo contra las mujeres. La corrupción es una forma de violencia contra la ciudadanía sin diferencia de género. El robo al erario. La construcción de obra pública de mala calidad que ocasiona muertes accidentales o incidentales es volencia contra la ciudadanía. El nepotismo es violencia contra la ciudadanía porque se premia el privilegio en perjuicio de la meritocrtacia. Así el fraude electoral, así el hecho de que los gobiernos federales, estatales y municipales gasten mucho y gasten mal es violencia económica contra la ciudadanía sin diferencias de género. Y la violencia económica por medio de la corrupción, la mala administración y el mal manejo de las finanzas públicas se traduce en falta de atención al desarrollo social, falta de beneficios en cuestiones de vivienda, salud, nutrición, educación, seguridad social, seguridad pública, etc… si se roban el dinero de los transportistas es violencia económica contra la ciudadanía, si se roban el dinero de los pensionados del isssteson es violencia contra la ciudadanía, si se roban el dinero del Cobach es lo mismo, si se lanzan proyectos como el Sonora Sí y como el Sonora Proyecta y eso significa endeudamiento de las futuras generaciones para realizar obras públicas caras y malas, es violencia económica contra la ciudadanía… y toda esa violencia del ESTADO contra la ciudadanía es caldo de cultivo de la violencia intrafamiliar y de la violencia de género… no es que tenga que ser así, pero así es. Afortunadamente hay mucha gente, la mayoría, que se pone por encima de esa situación y resuelve sus problemas a pesar de la existencia de un ESTADO corrupto, bandido, saqueador, nepotista y despótico como el que tenemos a níveles federal, estatal y muchas veces municipal. El hombre sufre tanto o más de la violencia de género como lo hace la mujer. Pero el hombre sufre la violencia del Estado o para ser más exactos del hombre contra el hombre. ¿No se ha inventado el término de violencia de especie? Ah, bueno, ahí lo tiene, el hombre es violento contra los de su propia especie. No sólo contra las mujeres. No especialmente contra las mujeres, No específicamente contra las mujeres; sino contra su propia especie. ¿Qué piensa usted o qué piensa alguien del tiroteo en Chihuahua que en cuatro minutos dejó 16 muertos en un centro de rehabilitación para adictos a las drogas? ¿No eran seres humanos? ¿No eran inocentes muchos de ellos? ¿No estaban totalmente indefensos?
    Aquí la postura podría ser por parte del movimiento feminista: Si al hombre le gusta la violencia, pues que se maten a gusto entre ellos y que a nosotras nos dejen en paz. Y tal vez tendrían toda la razón. Pero vivimos juntos en este planeta. De hecho, los hombres no podemos vivir sin la mujer. Venimos de una de ellos, perdón, de una de ustedes.
    Sinceramente, cuando un hombre tiene una buena niñez, lo primero que lo viene a la mente es que cuando crezca, cuando sea un hombre, quisiera conocer, enamorarse y vivir con una hermosa y buena mujer. Pero ¿qué pasa en todo el ínter entonces? Pasa que el mundo y las sociedades se han ido haciendo más y más complejas, y con ello las relaciones. Nunca se han pensado o planeado las sociedades en términos de que los hombres vivan peleados con las mujeres y ni siquiera dominándolas, sino queriéndolas y viviendo en armonía con ellas. A lo que se le llama patriarcal, cuando funciona, ¿por qué no se le llama FAMILIAR? ¿Por qué cuando surgen rasgos de conflictos o de toxicidad social se le llama PATRIARCAL y no familiar? ¿Y por qué no se reivindican los equilibrios, la paz social, la viabilidad de las sociedades que por siglos y siglos ha permitido a occidente pervivir en un camino progresivo, con defectos y todo, que ha traído consigo el modelo de sociedad practicado en el nuestro y en tantos países? ¿O somos peor que el mundo indígena precolombino? ¿O somos peores que en Arabia Saudita en cuestiones de género? ¿Somos peores que China, que Siria, que El Salvador, que Argentina, que Colombia, que Estados Unidos? Y ¿Si no somos mejores que Estados Unidos en cuestiones de igualdad de géneros; somos mejores que ellos en cuestiones de distribución del ingreso, de salario promedio, de oportunidades de empleo, en términos de corrupción, como sistema educativo, somos mejores que ellos en algo aparte de que no somos mejores que ellos en igualdad de género? Debería reconocerse que en el último año ha habido avances en cuestiones laborales, en leyes que las protegen, en apertura de espacios profesionales y en cuanto a la política? Ahora bien ¿hay algún indicador de que el acceso a espacios de poder político por parte de las mujeres haya disminuido los índices de corrupción, de actuación mejor de las administración pública, lo hay? Quisiera saber uno. No. No estoy en contra de sus reivindicaciones, estoy a favor de ellas. Pero por ello dejo de hacerme preguntas lógicas.
    Yo me inclino a creer que el problema de la violencia de género en este país, traducida en maltratos, golpes, feminicidios o lo que sea, es una cuestión SOCIAL de la mano con cuestiones CULTURALES de las cuales no queda para nada libre el ESTADO.
    Le propongo, licenciada y candidata a maestra en Antropología Cultural e Instructora de Yoga, (¿si le confesara que soy cinta negra en karate me catalogaría como un machista? ¿Habrá en el mundo occidental o el mundo entero alguna maestra de yoga que no haya tenido nunca un problema de conducta, son todas en realidad un perfecto ejemplo de estabilidad emocional?) que considere por favor los siguientes factores… y no… no es necesario que cambie su visión sobre el problema de violencia de género. En realidad se necesita gente como usted que estudie y manifieste a fondo la necesidad de una visión integral del problema, este serio problema que cobra vida de inocentes y que no hay que olvidar que muchas de las víctimas sobreviven pero con una calidad de vida lamentable a nivel psicológico y personal. Los factores a los que me refiero son: DROGADICCION en regresión lineal o correlación con los feminicidios.
    POBREZA en regresión lineal o correlación con los feminicidios y otras formas de violencia de género.
    DESEMPLEO en regresión lineal o correlación con los feminicidios y otras formas de violencia de género.
    ALCOHOLISMO…
    INFIDELIDAD O ADULTERIO…
    GRADO DE ESCOLARIDAD DE LOS INVOLUCRADOS…

    entonces podremos hablar de CRIMEN ORGANIZADO, de DESARROLLO SOCIAL, de SISTEMA EDUCATIVO, de CRISIS DEL SISTEMA DE SALUD por la PROLIFERACION DE ADICCIONES… DE VIOLENCIA DEL ESTADO CONTRA LA CIUDADANIA, especialmente en contra de los hombres, que sí están obligados a trabajar, y no como una opción de reivindicación o superación… la mujer puede o no puede trabajar, quien de ellas lo hace es una triunfadora y una excelente persona, pero el hombre DEBE trabajar, porque si no sufre un daño moral, sensación de fracaso, desvalorización… LEA EL HORROR ECONOMICO, DE LA SOCIOLOGA FRANCESA VIVIAN FORRESTER, entonces me comprenderá… el trabajo como un derecho humano y universal, condición que no se cumple en México y en muchos otros países y el principal afectado es el hombre, no la mujer… o ambos por igual si usted gusta…

    lo que quiero decir es que el problema de la VIOLENCIA INTRAFAMILIAR Y EL ESTIGMA SOCIAL DE LOS FEMINICIDIOS es un problema sistémico, social, complejo, multifactorial, ningún hombre desde su naturaleza más honda, a menos que esté loco, quiere matar a una mujer… ningún hombre quiere vivir como perros y gatos junto a una mujer… no creo que nadie lo prefiera… no venimos a eso… son otras las cosas que lo provocaron… son otros factores. No que el hombre se dedique a violentar a la mujer, en cuyo caso, siempre es deseable resolverlo como problema, cueste lo que cueste y a como dé lugar. Perdón por la extensión, a Usted y a todos.

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    • octubre 3, 2017 @ 2:10 pm Benjamín Alonso

      Ningún problema con la extensión, don Arturo. Al contrario, gracias por el interés.

      Saludos cordiales

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    • octubre 3, 2017 @ 2:43 pm Miguel S.K.

      Está más interesante este comentario que el articulo.
      Saludos y muchas gracias.

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      • octubre 3, 2017 @ 10:36 pm Roberto Carrasco

        Excelente análisis. Me parece que arroja mucha luz sobre una problemática tan compleja… o mejor dicho… muchas más interrogantes de problemática tan compleja que no se fagocita en un problema de división de géneros. Ambos textos son muy buenos. Me encantaría leer una réplica. Aunque no sea de la misma autora, ni del mismo autor… que siguiera el debate.

        Responder

    • octubre 4, 2017 @ 7:07 am Jeaqueline

      Hola Arturo. Gracias por tus comentarios.
      El modelo del Estado nación liberal, burgués y capitalista se funda desde la Revolución Francesa por lo que no es solo “un contrato social entre mexicanos”. No tiene sentido remitirnos a la Constitución ni señalar que el feminicidio es un delito penalizado, porque los procesos y la aplicación de la justicia están insertos en esta misma estructura de corte patriarcal. Baste revisar la manera en que son tratadas las mujeres que van a denunciar violación y la forma en que esa “fraternidad masculina” desde el plano institucional sigue defendiendo sus privilegios como colectivo. Y sí, efectivamente y sin darle tantas vueltas, mi crítica está fundada en el feminismo marxista, así que, no podemos seguir dándole vueltas al asunto, intentando ver en qué falló el Estado y cómo podemos clamar justicia dentro de un modelo inherentemente explotativo, desigual y patriarcal. Y si crees que los feminicidios son la única falla del capitalismo, y no logras ver la polarización económica, el impacto ambiental y todas las desigualdades inherentes al sistema, eso sí es realmente grave. No hay forma de reformar el capitalismo. Y sí el modelo económico es el detonante de la violencia de género. Mi texto no está basado en una mera opinión personal, en la espontaneidad o las primeras ideas que se me vinieron a la mente, pertenecen a un corpus teórico, el cual te invito a revisar. Por último, considero importante invitarte a que dejes de ver al feminismo como una corriente política en contra de los hombres, o como la antítesis del machismo. El feminismo es un movimiento que busca la paridad entre hombres y mujeres, es decir, humanizarnos en igualdad de condiciones lo cual incluye, por supuesto, las condiciones materiales.

      Saludos

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      • octubre 4, 2017 @ 1:17 pm Arturo Reyes González

        Nunca dije que el modelo del Estado-Nación liberal, burgués y capitalista se haya fundado en México ni tampoco negué que se haya fundado desde la Revolución Francesa; pero debes recordar que el antecedente a ello es el oscurantismo de la Edad Media. ¿Le gusta a Usted mucho o prefiere el rol que jugaban las mujeres durante las épocas monárquicas y durante los largos siglos en que la Iglesia dictaba las leyes y las normas de conducta, los castigos, las penas?
        Quien hablo primero de contrato social fue Usted. Yo nada más lo retomé. Si el estado liberal lo fundaron en Inglaterra, Francia o Rusia y nosotros lo adoptamos, necesariamente debemos hablar de nuestro contrato social. El contrato social entre los mexicanos. No nos los van a resolver los estadunidenses, ni los franceses, ni la ONU, ni la OEA, ni la OEI ni la Sociedad Interamericana de Prensa ni la Comisión Internacional de los Derechos Humanos. El contrato social de los mexicanos, término que apenas se usa porque a los políticos y legisladores o les da miedo o no lo conocen ni lo quieren conocer o no saben ni con qué se come.
        Ahora bien, tiene Usted razón al decir que es exagerado hablar de refundar al país, se ocuparía una revolución y los mexicanos no somos un pueblo revolucionario, pero debe aceptar que en cuestiones de modelo económico es más exagerado, impráctico e improcedente sugerir la adopción de un modelo marxista, aunque en ese corpus teórico se haya deducido o detectado que es el más generoso, incluyente o bondadoso con la igualdad de géneros o con respecto al papel de la mujer a nivel global.
        Nunca negué que el modelo neoliberal o que el capitalismo tenga un efecto mariposa o dominó nocivo o en detrimento sobre la igualdad de género o el trato a la mujer. Al contrario. Lo expliqué. Me tomó varias lineas y minutos pero lo que Usted teorizó de una manera general, yo lo aterricé con referencias concretas.
        No me voy a sostener en la escritura de una nueva constitución porque primero tendríamos este mafioso e ineficiente sistema de partidos que se gobiernan solos, que se regulan solos, que se financian solos con el dinero de los mexicanos. Tienen la sartén por el mango y cada voto los legitima cada año más.
        De hecho, al reformarse los códigos punto por punto y detalle por detalle, la constitución, las leyes en lo general, se reforma casi todos los días. Y muchas de esas reformas a la ley es innegable que se han hecho en pro de la igualdad de géneros. Y qué bueno porque es lo justo. Porque es lo que debe ser, mayores y mejores derechos para las mujeres. Negar que incluso se han creado instituciones que actúan directamente en favor de la mujer es cerrar los ojos a la realidad.
        Los procesos y la aplicación de la justicia, insertos en esta estructura de corte patriarcal, funcionan lo mismo para todos. Hay tantos homicidios de mujeres, feminicidios, como homicidios de hombres igualmente sin resolver. Hay tantas injusticias, asaltos, robos con violencia, robo de carros, robos domiciliarios, secuestros, golpizas, torturas, que no son resueltos a lo largo y ancho del país lo mismo de hombres que de mujeres. Acá de lo que hablamos es de IMPUNIDAD generalizada. Acá de lo que hablamos es de un FALLIDO SISTEMA DE JUSTICIA y por lo tanto hablamos de eso que nos asusta tanto reconocer es de UN ESTADO FALLIDO. México es un ESTADO FALLIDO en TAMAULIPAS desde hace muchos años. Quién lo niegue tiene cerrados sus ojos a la realidad.
        MÉXICO es un ESTADO FALLIDO en el ESTADO DE MÉXICO porque en ECATEPEC desaparecen muchachitas y adolescentes en manos del crimen organizado desde hace varios años y esas muchachitas y adolescentes continúan desaparecidas. SINALOA ha llegado a ser un ESTADO FALLIDO porque ha estado controlado por el crimen organizado, lo mismo que GUERRERO, que BAJA CALIFORNIA, CHIHUAHUA y ciertas regiones de COAHUILA.
        Por supuesto que las destinatarias de este nivel de violencia y de impunidad han sido las mujeres. Por supuesto que sí. Pero no más que los hombres. Lo que se lee es que las mujeres están indefensas a ello y que los hombres no. Pero esa es una verdad relativa. Los hombres están igualmente indefensos a la impunidad y a la violencia como las mujeres. ¿Cuántos hombres son secuestrados y cuántas mujeres son secuestradas? ¿Cuántos hombres son extorsionados y cuantas mujeres lo son? ¿Asesinados? ¿Torturados? ¿Asaltados?
        Por favor, lo primero que quiero evitar es un malentendido. Creo que vamos de acuerdo en muchas cosas. Estamos perfectamente de acuerdo en la mayoría de las cosas y sobre todo en la cuestión central. No tengo nada contra el feminismo, excepto que a veces se vuelve machismo a la inversa. Si pensamos un poco, la mujer puede llegar a tener o desarrollar la misma capacidad de violencia que un hombre: Violencia Psicológica, Violencia Verbal, Violencia Sexual, Violencia Económica. El único tipo de la violencia en que la mujer se le queda atrás es en la violencia física por una mera cuestión natural. Pero, sin ser un psicólogo ni ningún antropólogo, y nunca jamás voy a atreverme a generalizar sobre la capacidad de violencia de las mujeres como tampoco acepto bajo ninguna circunstancia una generalización en la capacidad o inclinación a la violencia por parte de los hombres. En pocas palabras: Hay hombres violentos, los menos, y hay hombres no violentos, los más. Y hay mujeres propensas o con inclinación a la violencia, las menos, y hay mujeres no violentas, no propensas y sin inclinación a la violencia, las más, felizmente, afortunadamente. ¿Cuesta mucho trabajo aceptar eso? Si entendemos que hombres y mujeres son igualmente capaces de generar violencia verbal y psicológica por los motivos que ustedes quieran (motivados por que falta dinero en el hogar, la sombra del Estado neoliberal, porque no se encuentra trabajo, porque no alcanza para las necesidades de los hijos; o por una foto impertinente del facebook, o por un sospechoso mensaje encontrado en el celular, o por uno de los un millón de pequeños problemas que se pueden suscitar) y se genera la violencia verbal, la violencia psicológica, cuando las cosas pasan a mayores porque alguien no quiere ceder, porque alguien no cuenta hasta diez, porque alguien por orgullo quiere imponer razón, o porque a las mujeres les ha dado a pensar que ceder u otorgar la razón a su esposo o novio es un sinónimo de sometimiento y por lo tanto es inadmisible transigir, entonces, cuando la cerrazón irremediable de uno de los dos o de ambos lleva a la violencia física, la mujer lleva las de perder. Creo que en la gran mayoría de los casos antes de una violencia física hubo una vioplencia verbal y psicológica, y a lo último una violencia física,. Todo un proceso. Pero no se trata de generalizar de que en todos los casos la mujer es a la violencia, sino co-partícipe.
        En cuanto al caso de Mara Castilla, ni hablar. Es una aberración social: rapto, violación, homicidio, feminicidio. Y si en Puebla hubo otro caso menos mediático, ni hablar. Es verdad. Hay un problema ahí. Hay un problema serio. Hay un problema que con todo derecho las mujeres y toda la sociedad tienen derecho a protestar, a exigir, a criticar, a levantar la voz, derecho a una tolerancia cero de estos casos y las autoridades deberían dar una respuesta expedita, urgente, efectiva, clara y contundente de estos hechos. Porque MARA CASTILLA es una entre cientos, entre miles en los últimos años. Hay cuerpos que no son localizados. Y es una pena que en México tengamos que aceptar ante el mundo que a las que no las matan terminan en las filas de la Calle Coahuila de Tijuana en el negocio jugoso de la trata de blancas. Creo que se trata de IMPUNIDAD el problema, y de CRIMEN ORGANIZADO. Estos tipos actúan con las ventajas de la inoperancia de la seguridad pública y del sistema de justicia.
        Creo, candidata a maestra, que si usted dice que baste revisar la manera en que son tratadas las mujeres que van a denunciar violación y la forma en que esta fraternidad masculina desde el plano institucional sigue defendiendo sus privilegios como colectivo. Bueno, parece que le consta, pero UN MOMENTO: ¿No se ha dado usted cuenta de la cantidad de mujeres que trabajan en el sistema de justicia, la cantidad de secretarias escribientes, la cantidad de secretarias de acuerdo, la cantidad de abogadas ya sea particulares o de oficio, la cantidad de actuarias o de asistentes de los jueces que trabajan dentro del sistema de justicia? ¿Nunca las ha visto ahí? ¿Son indiferentes a una mujer que acusa violación? ¿No la ayudan? ¿No exigen por ellas un trato digno y justo? ¿No les tienden una mano para que sientan bien para que se sientan de mínimo seguras? ¿Se ha sabido alguna vez de un paro laboral de mujeres del sistema de justicia o una denuncia pública por parte de ellas, una renuncia de grupo o masiva, por parte de trabajadoras del sistema de justicia en desacuerdo al trato que se les da a las que denuncian violación u otros delitos? ¿Hay documentado algo acerca de la solidaridad de las mujeres que trabajan en el sistema de justicia en favor de las mujeres que denuncian delitos?
        ¿No será que las mujeres que trabajan para el sistema de justicia comparten esos privilegios de los que Usted habla como exclusivos de los hombres y se ciñen al modus operandi de los sistemas de justicia que rigen este país inseguro e impune? ¿No hay juezas corruptas en este México nuestro de cada día? ¿No hay agencias del ministerio público cuyas titulares sean mujeres? ¿Etán completamente limpias en su accionar, su trayectoria? ¿No tiene privilegios?

        En cuento a los hombres. ¿Tenemos algo qué decir respecto de nosotros mismos? Los llamados Centros de Reinserción social, antes llamados Centros de Readaptación Social, son totalmente indignos, inoperantes y un mundo de crimen organizado hacia dentro. Los otros se laman CEFERESOS Centros Federales de Readaptación Social para delitos federales. En todos ellos se violan todos los días los derechos humanos de sus internos. Hay insalubridad, hay hacinamiento, tráfico de drogas, extorsión, violencia. Es decir, la pena por el pago de un delito no es sólo la privación de la libertad: Es vivir el infierno en vida. Por eso cuando un delincuente sale de la cárcel, reincide. Sale con maestría. Sale drogadicto. Sale marcado por la violencia interna de la institución donde lo iban a reinsertar. Ya no les llaman de readaptación; porque era una verguenza ese nombre en el sentido de que casi nadie se readaptaba. Para no sentir la molestia del título de la institución y de los encargados de ellas, quitaron el nombre de readaptación y pusieron el de reinserción, menos burlesco e irrisorio.
        ¿No es el trato a los varones en los CERESOS de México un caso multitudinario, extensivo, prologado y generalizado de violencia de género?
        No. No lo es. Porque vivimos en México y no en Japón, Noruega, Dinamarca, Finlandia o Estados Unidos. Vivimos en México y la violación sistemática a los derechos humanos las sufrimos todos sobre una base diaria.

        Para terminar, estoy perfectamente consciente de de la polarización económica, desde ayer la referí ilustrativamente, el impacto ambiental es una cuestión de corrupción y de impunidad, ayer lo referí indirectamente, es parte de lo mismo. También concordé en que el modelo económico es el detonante de violencia de género, pero no estoy de acuerdo en que sea el factor determinante del problema y nunca voy a estar de acuerdo que de allí vaya a provenir la solución.
        Si usted defiende a los sistemas soviéticos, marxistas, socialistas, comunistas… allí también se anidan las dictaduras y los despotismos. ¿No sabe Usted como vivían las mujeres y los hombres de Berlín Oriental, con sus libertades coartadas? ¿En Rumania? ¿En Bulgaria? ¿En Polonia? ¿En Yugoslavia? ¿En la China de Mao Tse Tung? ¿Las mujeres de Corea del Norte? ¿De Cuba, que se prostituyen por un jabón de baño? ¿De Venezuela?
        Por favor, una cosa es la economía y otra cosa es la igualdad de género.
        Por lo menos en las ciudades fronterizas, la inversión extranjera en la industria maquiladora ha generado más empleo para las mujeres de lo que se había hecho en toda la historia de México. Y las trabajadoras de la industria maquiladora a todo lo largo de la frontera norte, ninguna gana el salario mínimo. Todas ganan más que eso. Y existen miles de puestos de trabajo para supervisoras, para oficinistas, para administrativas y otros puestos importantes. Las mujeres que estudian jamás permanecen en la línea de producción, siempre alcanzan puestos más altos. Exactamente lo mismo que los hombres.
        ¿Quiere que se vaya la inversión extranjera de toda la frontera norte porque es parte del neoliberalismo y del capitalismo? ¿Quiere que se vayan miles de empresas extranjeras de este país? Muy bien. Que se vayan. Entonces verá usted lo que es un movimiento migratorio estilo Africa. Entonces usted verá lo que es la inseguridad pública, entonces usted verá lo que es la violencia generalizada y la violencia de género.
        Cuando una guapa mujer con traje de sastre sale orgullosa de su oficina de dirección de recursos humanos o de contabilidad, de una empresa de ochocientos empleados, entonces sí, el capitalismo muy bien, el neoliberalismo muy bien… pero si en Guerrero un sicario del narco descubrió que su joven esposa subió una foto al facebook donde se deja ver semidesnuda por sus 88 amigos… y la mata. Entonces, es el modelo neoliberal el que tiene la culpa.

        Es la cultura, maestra. La cultura.

        Y recuerde que la literatura de los estados soviéticos, toda era propaganda. Sólo estaban autorizados para publicarse los que hablaran bien del marxismo-leninismo y los que criticaban al capitalismo y los demás no los podía leer la población. Lo mismo que ahora en Honk Kong y en Taiwan. Está prohibida la literatura en favor del mercado. ¿Le gusta? La prohibición de la libertad de expresión? En estos tiempos, un régimen sin libertad de expresión. De ahí empezamos y después qué sigue.
        ¿Primero la censura y después qué?

        Por último: ¿A qué viene esa obsesión con la igualdad material?
        ¿Vivimos en un país de hombres ricos y mujeres pobres?
        Somos un país de sesenta millones de pobres. ¿Cuál desigualdad género en ese sentido? ¿Cuál es el índice al que se refiere aquí?
        Somos iguales de pobres y de desiguales a nivel distribuición o concentración del ingreso todos por igual. Tan desplazado laboral y salarialmente se encuentra el hombre como la mujer.
        O díganos qué hacer, por favor. Cítenos a Hugo Chávez o a Evo Morales, o a Fidel Castro. Por favor.

        Y ya sin mucho andarnos por las ramas o sin darle tantas vueltas, como dice usted. Yo votaré por Andrés Manuel López Obrador, otra vez. A pesar de que Felipe Calderón gane el voto de la gente diciéndoles que López Obrador es otro Hugo Chávez, lo cual es una reverenda estupidez, y que nos va a convertir en otro Venezuela. Nomás que el voto ahora lo quiere para su esposa. Lindo cuadro en un México sin memoria.

        Es la cultura. La falta de cultura política. La falta de cultura, en general.

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