Patriarca o el moderno Platón


El frío de la noche que se sentía en esa pequeña plaza a un lado del kiosko del pueblo  era el escenario perfecto para reunir a media docena de personas, agazapadas todas ellas en esa fría y estrecha banca de metal para escuchar con cautelosa atención las palabras del hombre más viejo de todos ellos, el patriarca. El relato comenzó como suelen iniciar la mayoría de los relatos en el norte del país, con el trago de una cerveza que alude al nombre de aquella ciudad fronteriza de Baja California.

… Carlos se despertó temprano esa mañana de Julio, recordó el proyecto que tenía en mente desde hacía varios meses y que deseaba presentar en la ceremonia de reconocimientos a los mejores vehículos espaciales de ese año, el 3625. Recordó de inmediato los relatos que su abuelo, fanático y pionero de los viajes estelares le contaba en todas las vacaciones cuando lo visitaba al salir de clases. 

En alguna ocasión su abuelo le empezó a platicar la historia de ciertos vehículos de la Neo antigüedad llamados motocicletas: vehículos extraños y primitivos usados por ciertas personas de aquella época. Las imágenes que Carlos encontró de estos vehículos eran peculiares, en cualquiera de sus versiones consistían básicamente en un rudimentario motor impulsado por la mezcla de un extinto hidrocarburo llamado gasolina. Tenían además dos ruedas, las cuales giraban siempre en la misma dirección. 

Anteriores a estos vehículos impulsados por un motor hubo otros más sofisticados llamados carros, los cuales fueron, según los datos del abuelo de Carlos, el medio de transporte más utilizado por más de dos siglos, aproximadamente entre el siglo XX y el XXI de la era Neo antigua. 

Aquel día cuando su abuelo le contó acerca de esos vehículos se imaginó un mundo lejano, distante de todo lo que él conocía. La idea de que las personas de aquella época, quienes viajaban de un lugar a otro en esos extraños y primitivos vehículos, guardaran un código de honor le parecía sacado de una película de ficción. 

Según las investigaciones de su abuelo, los motociclistas o bikers, como se solían llamar en esa antigua y desaparecida lengua llamada inglés, mantenían ciertos códigos, aunado a una manera peculiar de relacionarse. Esos extraños vehículos no solo eran un medio de transporte, sino además representaban una forma de interacción entre sus conductores.

… La fría banca del parque fue llenándose de más personas. Como abejas a la miel los motociclistas fueron rodeando al patriarca, algunos buscaban donde acomodarse lo más cercano a él para no perder detalle de su plática. Con augusta naturalidad y sabiduría de quien llega a esa edad en la vida, el patriarca mantuvo su narración por más de una hora. Todos escuchaban atentos lo que él decía. Sus ideas convertían el frío de la noche en calor que nos iba llenando el cuerpo y el espíritu de gratitud al escuchar cada una de las frases que salían desde lo profundo de su memoria. No era su boca la que pronunciaba las palabras, sino la energía que salía por ella. 

La escena de inmediato me remitió al gran Platón. Por varios minutos mi mente convirtió el escenario de esa noche en la mismísima Atenas griega. Imaginé a un nutrido grupo de estudiantes de la acrópolis escuchando al sabio filósofo reflexionar desde su propia experiencia y compartir con sus discípulos toda la sabiduría acumulada por años.

… Los viajes estelares eran peligrosos, llenos de aventuras sí, pero siempre había riesgo en ellos. Aun así, había varios aventureros a quienes no les preocupaba esto. La emoción que provocaban era más excitante que cualquier otra cosa en el mundo. Además cada día surgían más personas interesadas en iniciarse en este nuevo tipo de aventura. Carlos se preguntó de pronto si aquellos viajes de épocas remotas en motocicleta provocaban la misma sensación en los llamados bikers, que en los pilotos actuales que se aventuraban en los recientes viajes ínter estelares.

¿Era posible que después de más de mil quinientos años de distancia entre las antiguas motocicletas y las nuevas naves espaciales hubiera una extraña relación entre máquinas y pilotos como la había en aquella antigüedad? De una cosa estaba seguro; la adrenalina y la sensación de total libertad que representaban estos viajes eran dos elementos de los cuales era difícil escapar. Además de ello, los pilotos de estas modernas naves compartían un código de lealtad y amistad que solo ellos conocían, probablemente derivado de los riesgos y peligros propios de este tipo de vehículos, muy similar al que guardaban los antiguos conductores de motocicletas siglos atrás.

… El Patriarca terminó su narración, unos segundos de silencio perduraron vibrando en el aire, era como si el eco de su voz continuara arropando a su estóica audiencia. Detrás de nosotros la banda de rock seguía tocando y amenizando la noche. La cerveza Tecate mantenía vivo el ánimo y nos hacía olvidar el frío del ambiente. 

De vez en cuando se escuchaba el rugir de algún motor que nos recordaba a todos cual era el motivo de estar reunidos ahí: rendir un pequeño homenaje no a la maquina, sino al espíritu que nos permite ser libres y alcanzar el sueño de compartir la aventura como una comunidad, de viajar sin importar las fronteras y saber que a cada biker o piloto lo ha movido el mismo sentimiento de libertad que produce el viento mientras es atravesado por dos ruedas.



Acerca de

Antropólogo graduado de la heroica y siempre combatiente Escuela Nacional de Antropología e Historia, músico pianista especializado en jazz egresado del Conservatorio de Música de Puerto Rico y apasionado del motociclismo desde hace más de 25 años. Actualmente realiza estudios de posgrado en el Colegio de Sonora.


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