Literatos ebrios vs Choppers sobrios


El esperado regreso de Cass Rivera a Crónica Sonora


Enclavada en las inmediaciones del centro histórico de Hermosillo, en esas calles donde en tiempos remotos se ubicara la antigua zona de tolerancia, la cantina el Pluma Blanca es un lugar emblemático en el noroeste de México, un recinto  a donde todo espíritu inquieto inclinado al arte y la literatura, querrá ir para experimentar ahí la vibra de los muchos personajes vivos o muertos que con sus dichos, sus locuras y arrebatos, han contribuido a la propagación de la buena o mala fama de tan singular espacio de recreación y esparcimiento.

Todo, afirman no pocos videntes célebres, responde al mito del eterno retorno a las cíclicas restauraciones de la cultura y la tradición. Émulos de aquella oleada de personajes plumeros que en vida y obra poblaron de historias y anécdotas las décadas de los ochenta, los noventa y principios del dos mil, asistimos hoy  al advenimiento de los nuevos malditos, esos simpáticos e insolentes herederos de la gozosa histeria de los tiempos violentos del Pluma, de las revueltas poéticas de aquellos fabulosos años entre bajadores, columpios o irreverentes provocadores como Sergio Rascón, Rogelio Cifuentes, Caballo Loco o Jorge Alegría El Happy.

Paso obligado de aficionados a la literatura, músicos, editores de revistas y  reconocidos poetas como Alonso Vidal, Abigael Bohóquez, Ismael Mercado,  Julio Ernesto Tánori y un interminable etcétera, el Pluma Blanca acoge hoy, en estos tiempos vertiginosos de mucha paja y poca sustancia, a las nuevas generaciones del parnaso plumero que con sus desplantes, excesos y talento, amenazan con superar a sus maestros.

Saludo desde estas líneas a la Rata Elizondo, a París Sicairos, a  Nicolás Trasviña & a dos tres valedores más que aunque no escriban, hacen sí de la vida “un cuento que hay que vivir en el momento.”

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Nicolás Trasviña, el Nico, es un hombre grande, de cuerpo atlético y uno ochenta de estatura, la primera impresión al verlo es que se trata de un cabrón buscapleitos,  pero no, es un buenazo de hablar presuroso y apasionado. La charla transcurre un sábado por la tarde en el concurrido bar  Pluma Blanca, lo que sigue es la crónica de una noche loca, tal y como entre nubarrones le viene a la memoria.

Viernes 10 de marzo, año 2017

Serían las 6:30 – me dice mostrando unos moretones debajo de las gafas – ya entonado me dispuse a visitar el Pluma Blanca, un bar que para muchos es como un club y hablo de los que acostumbramos ir al bordel de las cantinas.

Así, sin despedirme de los compas, me dirigí al Pluma atravesando la plaza 16 de Septiembre hasta llegar a la esquina de Yáñez y Gastón Madrid.

Afuera, como siempre, sentado sobre la vieja banqueta estaba la Rata Elizondo con la mirada desorbitada escribiendo pensamientos.

Ya dentro me encontré con el Pocho, llegó al rato Paris Sicairos acompañado de tres compas y de inmediato se ambientó la reunión, también se encontraba ahí la Rita María, una chica que acostumbra ir al Pluma.

Como todos los fines de semana las cosas tenían el aspecto deseado; cerveza, la guitarra del Poncho, cigarrillos y algo más…

Sin siquiera notarlo, el grado de embriaguez empezó a tornarse en nuestros sentidos, extasiados por la divertida noche borracha, en el Pluma el ambiente estaba a todo dar.

Hacía unos momentos había finalizado el evento poético “Mujeres en su tinta”, el Pocho y yo ya nos habíamos dado un rondín por el museo de Sonora escuchando la lírica.

Después de unas horas una agrupación de aproximadamente seis literatos nos dirigimos a la Verbena Bar, el París que encabezaba la pequeña gorja literaria,  la Rita María que contaba cosas chistosas,  el Martin que caminaba serio, la Rata Elizondo que vociferaba trabalenguas y su servidor, que solo pensaba en llegar al bebedero ubicado en Pino Suárez y Obregón.

La alegría del pequeño grupo era visible a simple vista; música en vivo, chicas bailando y por supuesto la cerveza, detonante principal acompañada de bocanadas de cannabis sativa.

El grupo musical Desiderata se dejaba aplaudir por sus buenas interpretaciones, el bar estaba lleno de bebedores, que al compás de la música movían sus cuerpos ebrios.

En la mesa platicamos sobre una antología que Paris Sicairos planea hacer con sus cuates literatos, la cerveza rola blanca, roja o negra y nos pone a todos a bailar y parlotear.

Cada cierto tiempo salgo a la calle a tirar la zorra y a fumar, ahí bajo los influjos relajantes y recreativos de la yerba, observo el gran cerro de la campana y los montones de autos  y sus conductores que con el semáforo en rojo, por un momento, miran a los bebedores que entran y salen de la Verbena o al lado al bar gay a donde entran mariposas de la noche parda

¡Oh sí!, no puedo negar que es todo un espectáculo donde se dan cita aquellos inclinados al mundo del arte y al misticismo, las charlas abundan desde lo vegetariano, temazcales, interpretaciones escénicas, historia y por supuesto literatura, filosofía, crítica, narrativas y otras sugestiones mentales.

A los ciclistas también les gusta ir, les gusta la cheve a morir y rolan el porro más de una vez, a ellos notoriamente se les puede ver los miércoles embriagándose con sus trajes de licra puestos.

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Cuando por fin a las dos de la mañana la Verbena cierra sus puertas, en notorio estado de embriaguez los literatos, sin querer nos distanciamos unos de otros y empieza el espectáculo.

Anda por ahí en la banqueta un zaiko con una pierna tirando sabanazos, le dicen el Tuerto Oscar, el mutilado anda muy agitado y ebrio y aunque cae, se incorpora rápidamente y da unos peculiares brinquitos para avanzar sobre el enemigo que al parecer, son todos los que se le atraviesan en el camino.

Todo pasa tan rápido que ni cuenta me doy cuando de la nada, se lía a golpes con el Martin e intercambian aruñones, cachetadas, rempujones. Recuerdo también cómo, en algún momento de la gresca, quedaron en una posición muy parecida al famoso 69 y el mochito, con sus dotes de peleonero y usando la mandíbula, aplicó una mordida a los glúteos del literato, momento en el que un grupo de extraños los separaron… y por un rato cesaron los golpes…

Al frente, al otro lado de la calle, muy atentos un grupo de motociclistas acechaban el momento para entrar al quite con toda alevosía, ya que su ventaja era la sobriedad y el número de cincheros que eran. Al verlos, el mocho, sin usar bastón o muletas, se pasa con sus peculiares saltos al extremo opuesto de la calle donde éstos se encontraban, tal vez poniéndose de acuerdo para arremeter contra uno que otro borrachín. Desde ahí el discapacitado vuelve a la carga, Oscar del Jito, muy bravo, traía toda la caballería, aguantó un chingo de putazos.

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Afuera del burdel las agresiones entre un discapacitado alterado y los literatos empezaron a tener tono colorido, los motociclistas se empezaron a mover al mismo tiempo, ahora estábamos en medio de un huracán, varios abusones se aproximaron más y más hasta ponernos contra la pared, iban sobre el Martin. Al otro lado de la calle la Rita María se debatía verbalmente tratando de parar lo que se dejaba venir. La Rita María tiene un buen coeficiente intelectual pero es sicótica, es gente extrema, es mujer independiente, es buena pero es brava, no le gusta que le quieran ver la cara, como amistad está curada, ella quería parar la bronca.

Todo sucedió en cuestión de veinte intensos  minutos, miré la barra de códigos en repetidas ocasiones, llovieron puñetazos, patadas, jalones y hasta botellas volaron, la Ratita vio como me acribillaron pero no se metió; ¡en la cara nooo en la cara nooo!, uno cuida la carita.

En los momentos de lucidez alcancé a tomar una bocanada de aire, cegado por los golpes de los montoneros y encandilado por los faros de los coches que  permanecían mirando el espectáculo, importándoles poco el semáforo en verde.

Por el rabillo del ojo alcancé a mirar otra refriega, ya estaba casi de pie, entre golpeteos tomé la pierna de un puerco y en la caída volví a sentir el rigor de los golpes cobardes que me aplicaban.

Cuando se anda ebrio el honor y la dignidad son más sensibles, al grado de entrarle a la borrasca de unos cobardes sobrios y montoneros que nada tenían que hacer en un pleito de borrachos.

Paris y los otros literatos se encontraban a unos cincuenta metros cuando empezó el cotorreo.

Cuando andas borracho ves las cosas de otra manera, todo parece un teatro, ya veía borrosón y traté de enfocar, te dompean, está bien sentir el rigor de vez en cuando, me acordé de Chinasky, ya en la mañana con mi papá, me reía.

Lo sé, no puedo comparar esta contienda con Troya. Queda decir que los agresores se basaron en algún sentimiento lastimoso hacia el agitador de ese momento, ya sea porque andaba solo o porque le faltaba un remo, cosa que no impedía que se portara como una fiera, como un guerrero que caía al suelo y se incorporaba maldiciendo y lanzando sabanazos.

Sabía bien que no tenía caso que me metiera, pero me metí, nos chacalearon, claro que nos chacalearon pero hice lo que debía, fue un borrachazo, no fui a buscar pleito y recibí a cambio dos tres choques eléctricos.

Esta noche está comprendida, me dije tirado en el asfalto de la ebriedad permanente, entre risas y disturbios mentales gateaba sobre la Pino Suárez, ¡qué gusto por la vida!, reconozco a todos mis compinches ebrios,  todos casi locos por la cheve.

Nos dieron una curada en el asfalto de la Pino Suárez afuera del bar la Verbena, a donde nos gusta ir a tomar, a dialogar sobre letras y sobre todo a divertirnos.

Aunque los batos se llevaron lo suyo, nos derrotaron porque eran un chingo, les dimos guerra y violaron los tratados de Ginebra, intervino la ONU. ¡Ahora sí! ¡Ahora sí! ¿no? ¡ja ja ja!

Ya estoy bien, me puse mamizan, me movieron los tornillos pero me voy a recuperar, estoy listo para la próxima contienda.

Texto y fotografía por Cass Rivera

Pitic Sonora México / Primavera del 2017

En la barra del Pluma, Nicolás Trasviña ‘el Nico’

De izquierda a derecha el Martín, París y Nicolás



Acerca de

Profesor de niños con dificultades y egresado de la Escuela de Letras de la Universidad de Sonora. Promotor cultural y autor del documental Pluma Forever, video en el que se reseña la historia y aventuras poéticas de una tribu de outsiders que con sus actos y sus obras artísticas han contribuido al crecimiento de la cultura y las letras sonorenses.


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