La República de las Cosas


«La solidaridad es la ternura de los pueblos»
Gioconda Belli

Parece increíble que el mismo día en que el Diario Oficial publicara las medidas de austeridad republicana del ejecutivo nacional, el ejecutivo estatal de Sonora lance la campaña “adopta una familia”: ambas pretenden sumar estos recursos al manejo de la pandemia: mientras el ejecutivo nacional se priva de ellos, el ejecutivo sonorense quiere que te prives tú. 

Esta columna no tiene otra intención que invitarte a exigir al gobierno estatal sonorense la aplicación de los 20 mil millones que el gobierno federal puso en sus manos a fin de atender la emergencia sanitaria, y su correspondiente rendición de cuentas. Algo más: exijamos que replique las medidas de austeridad republicana siguiendo el ejemplo del gobierno federal; esto no sería un atentado a la soberanía de la entidad sino un ejercicio de congruencia. ¿Por qué el pueblo ha de sangrar mientras la burocracia sonorense continúa ganando más que la escandinava?

Amigos, ayer la Dra. María Elena Álvarez-Buylla dio una muy buena imagen del absurdo rumbo civilizatorio en que el coronavirus nos impacta. El abandono de la tecnología de frontera, transferencias sin articulación de lo público a lo privado, fuga y distracción de cerebros: la “ciencia neoliberal” nos debilita frente a un virus que prende en la pobreza, el diabetes, y la hipertensión una república de seres ensimismados. La dependencia. Esto no se sostiene no por el la corrupción en abstracto sino por como encarna en toda la sociedad. La crítica a la academia nos recuerda la célebre frase de Gerardo Peña “los médicos no hacen medicina para si mismos” que Alex Cabral suele traer a colación a propósito de la artisteada. Y esto está cambiando, mas, la alta burocracia necesita que le demos una ayudadita para dejar esa costumbre de nutrirse con la desgracia, y quizá también tu compa académico vería bien que le digas “¿te acuerdas de aquella investigación de año y medio tras la cual concluiste que “el clima extremo influye negativamente en la salud de los migrantes que atraviesan el desierto a pie”? Pues a mi me da la impresión de que el presupuesto del COLSON podría aplicarse en cosas que no sepamos”.

¿Pero esto ya lo sabíamos no? Sabíamos de nuestro absurdo rumbo entregado a la dependencia, el crimen, el ecocidio, el exterminio de pueblos, en plena alienación ciudadana mirando películas de gente que no nos quiere. Y nos dijimos “2018”. Y 2018. Entonces ¿Por qué permitiríamos a Pavlovich, ya no “los moches” ni defender a socios de ABC, sino el pedirnos adoptar una familia mientras ella usa 20 mil millones de pandémicos pesos en no sabemos qué? Allá afuera, o refundida en sus casas, hay gente que come una vez al día y prescinde de red con que atacarse de fake news. Hay trabajadores de la salud arriesgándose en el desfalcado Issteson y el pauperizado Hospital General. ¿Por qué sólo el Pueblo padecería las consecuencias económicas de la pandemia? ¿Derecho de casta, naturalizando la división de clase o khé hace? ¿Estamos para servirle? Ese dinero sale de nuestro sudor, consumo, y hasta de la especulación que se practica en la bolsa con nuestras vidas.

Cuando esto empezó, las hipótesis conspiranoicas llegaron antes que los cubrebocas. El origen del virus es cosa de científicos naturales, o de Dios, lo que al sentido común compete es la intelección del manejo que los poderes de la tierra hacen con la crisis. Porque una cosa sería especular con propósitos en la aparición del corona y otra no observar propósitos pre existentes que persisten impulsados o a pesar del virus. Diríamos, por ejemplo, que el Gobierno Federal se adaptó guiándose por los principios que ya lo guiaban y el Gobierno de Sonora también. ¿Cuáles?

El Gobierno de Sonora, como el de Jalisco, aplicó la vieja confiable: infunde miedo y obtén obediencia. A diferencia de Alfaro, a quien tanto jalisciense refiere como mafioso y ayer llamó “pendejos” a quienes “no entienden” (¿se llevaría bien con Célida?) Pavlovich juega más al biopoder. A hacer como que te protege asemejándose buena madre de todo sonorense y autoriza toques de queda, acoso policial, multas, manda a su corona vocero a comunicar las peores predicciones de la pandemia ¿a fin de alertar? ¿No te da risa que le hablen a la cámara con tapabocas?

Amedrentada la gente se distrae y un compa de Dportenis muere contagiado. Los gobiernos autoritarios no confían en la razón común a la especie, y no porque ellos ideen estrategias muy elaboradas. Todo aquél que haya visto las explicaciones de López-Gatell a Alfaro o Pavlovich ha sentido pena, sería ajena si no fuese porque nos representan. El autoritarismo no conoce otra fuente de legitimidad que el yo-soy. Todo lo demás es teje maneje, saberse mover, saberse vender, imponer. La democracia en cambio, necesita la inteligencia de la ciudadanía, la ne-cesita y en acción para defender lo común ante voluntades egoístas y parásitas. Aquél que se encubre en el miedo, quisiera convencernos de que vivimos a pesar nuestro y por su gracia. ¿No sería mal pagarle a Hidalgo el permitirles perpetuarse? 

Hay quien lucra con la muerte (recordamos la tragedia del Río Sonora y el fideicomiso que se evaporó) porque ya lo hacía.

Célida se dio cuenta de que abusar llanamente de la tragedia tiene límites y costo político debido a la defensa ciudadana del Cárcamo. Quizá entendió que ni los baches y ni el virus son pretexto para todo, mas no se ve que ella ni su cabildo hayan asumido como principio de su política la preservación y regeneración de las condiciones que hacen posible la Vida. Amigos, esta tragedia debe servir para desenajenarnos y activamente corregir el rumbo de la historia. Es cuestión de salud, de supervivencia. ¿A poco no es bonito pensar que el mundo se relaja? ¿Será que saldremos del encierro con esperanza resucitada y la empatía fresca? Pos mejor de una vez.

Si el Gobierno del Estado se permitiera sangrarnos más, sería por nuestra alienación; y exigir sigue siendo un actuar pasivo frente a la solidaridad. Da gusto ver cómo tanta raza a hecho colectas para los seris, pa’ la raza de la Café Combate, para el personal médico. Pero que no nos confundan, la austeridad es lo menos que ellos pueden hacer. Aplicar y demostrar prontamente los 20 mil millones que tienen ahí para afrontar esta emergencia. ¿Cambiar de principios? Bueno, quizá eso sería como volver a nacer.

Por Paco Alonso

Fotografía de Benjamín Alonso

Cuartel de campaña de Claudia Pavlovich en Hermosillo, año 2015.



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Vende libros, les manda saludos, viva Villa Juárez.


'La República de las Cosas' tiene 4 comentarios

  1. abril 30, 2020 @ 10:06 am Arturo Reyes González

    Suscribo las ideas de este inteligente y muy disfrutable artículo de opinión.

    Me extraña que en Crónica Sonora halla tantas colaboraciones acerca de las cuales el público no comenta nada. Nadie escribe comentarios.

    Una de dos: O ya casi nadie lee por acá; o se está enfriando para siempre la temperatura intelectual de este caluroso estado.

    Felicidades Paco Alonso. Siga usted escribiendo así

    Responder

    • junio 8, 2020 @ 9:54 am Benjamín Alonso

      Quizá todo cambie el día que activemos ‘comentar desde Facebook’. Quizá.

      Saludos, Arturo, y muchas gracias por aportar

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  2. abril 30, 2020 @ 10:55 am Paco Alonso

    Muchas gracias Arturo, su comentario es alentador.

    Qué dirá el editor ¿han bajado los índices de lectura en el portal? En cuanto al lenguaje escrito y la totalidad de lo real, creo que la humanidad tiene un nuevo problema: los algoritmos virtuales. Nos permiten simular la inteligencia, de nuestras bocas, teclas, salen ideas y posicionamientos sofistas, sensacionalistas, cada vez desplazando con mayor furia la interpretación de lo real desde reglas comunes en favor de la presunción de justicia y corrección. La República y la Ley han batallado con este micro autoritarismo desde siempre.

    Y aún así habemos muchos optimistas. El movimiento contra la venta del Cárcamo, la resistencia al acoso policiaco en Hermosillo, el señalamiento de chantaje y pérdida de legitimidad desde la ciudadanía hacia la Autoridad son inspiradores. Quizá si aumentamos la vigilancia sobre las instituciones y confiemos en la razón del prójimo, un día de estos Pavlovich se sienta obligada -política no moralmente- a practicar la austeridad que tanto nos exige. Y a rendir cuentas.

    Saludos!

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