La metáfora del perro muerto


Una persona de mi barrio tiró frente a mi casa un perro muerto. Llamé a Atención Ciudadana (es un decir) del municipio de Hermosillo para que lo recogieran, dado que estaba en la vía pública, y allí rápidamente me dieron un folio atención (el A25003), pero nunca llegaron, el perro empezó a apestar y entonces agarré pala y pico y lo enterré.

El llano enfrente de mi casa es lo que se supone sería el área verde del Residencial Sacramento, pero está en litigio porque el fraccionador (un tal Aguilar, papá de un imbécil que mató a una pareja en Kino hace años por andar manejando borracho, y al que no le pasó absolutamente nada porque la autoridad lo protegió) le “dio” el terreno al municipio (cuatro mil metros cuadrados para área verde a que estaba obligado por ley); el municipio, entonces en manos de un priísta de nombre Temo Balderrama (1987), lo recibió y luego se lo “vendió” al fraccionador en 15 millones de pesos. Esos 15 millones de pesos no eran más que 15 mil pesos por la pérdida de los tres ceros y el valor presente de ese dinero es de 600 mil pesos. ¡Un terreno que vale al menos 16 millones de pesos y que el fraccionador “compró” en 15 mil! El de la tranza fue un priísta, pero del cochupo han estado enterados todos los presidentes municipales desde entonces, incluyendo al inútil que ahora nos “gobierna”.

El asunto tiene varias implicaciones. En primer lugar, una ciudadanía que no respeta ni las más elementales normas de convivencia; un gobierno que no atiende ni las necesidades más básicas de la población, como ir a recoger un perro muerto, y una persona que tiene que tomar en sus manos la solución del problema, como si no hubiera instituciones.

Ese no es el único perro muerto que he tenido qué enterrar. Con este van tres en el mismo lugar. He recogido basura de todo tipo que la gente va y arroja allí como si fuera el basurero del barrio, en un lugar donde el camión de la basura pasa dos veces por semana. Y no vaya a creer usted que las personas de mi barrio son pobrecitas gentes que no saben lo que hacen. Son, por como veo que van todas las tardes a hacer ejercicio o pasear a sus perros, gente que desayuna, come y cena… Es gente que ha ido a la escuela (aunque ir a la escuela no le quita en México lo pendejo a nadie), que tiene algunos privilegios y que si usted platica con ellos, hasta parecen normales.

He visto perros muertos en barrios muy pobres y nadie se preocupa por ellos, porque las calles están retacadas de basura y porque por sus calles pasan drenes apestosos y ya nadie se fija en los malos olores. Sin embargo, la gente de mi barrio y otros con más dinero, no son de una catadura distinta. Al empresario que vive a 20 metros de mi casa le tiene sin cuidado el perro muerto, el funcionario que vive al lado pasa por la mañana con sus hijos haciéndose el que no ve, y así. Vi pasar a unas señoras (todavía llevaban en su sitio el peinado que a media mañana les habían hecho en el salón) que iban ejercitándose; iban respirando gordo como el esfuerzo físico lo ameritaba, pero  tan sólo apresuraron el paso cuando las envolvió el olor del perro muerto, y se olvidaron del asunto.

La tumba del perro de marras, fotografiada por el mismo enterrador.

El perro muerto no es más que una débil metáfora del desastre nacional. Citaré enseguida un párrafo que no tiene desperdicio. Dice así: “Si nos es permitido referir los acontecimientos de la vida de un pueblo a lo que obra en ellos como elemento preponderante, no cabe duda de que el problema que México no acierta a resolver es un problema de naturaleza principalmente espiritual. Nuestro desorden económico, grande como es, no influye sino en segundo término, y persistirá en tanto que nuestro ambiente moral no cambie. Las fuentes del mal están en otra parte: están en los espíritus inmorales del pueblo y de la clase dirigente”. Ese párrafo fue escrito por Martín Luis Guzmán en 1921. Quiere decir que la catástrofe moral del pueblo mexicano no es de ayer. Y eso explica muchas cosas, desde las nimias, como aventar el carro a los demás sin la menor cortesía, tirar la basura o un perro muerto en la vía pública, saltarse la fila de los que esperan, violar la ley sistemáticamente y tomarlo como ejemplo de astucia, votar por la caterva de malvivientes que nos han gobernado y aspiran a gobernarnos, de izquierda, de derecha y de centro, agarrar puestos públicos para enriquecerse, simular que se estudia, simular que se enseña, simular que se gobierna, simular que se trabaja, simular, en fin, que queremos a la patria.

En ese contexto, ¿por qué habríamos de extrañarnos porque un mexicano venda su voto? Sabemos que la necesidad es mucha, pero el que lo hace está vendiendo por una miseria el futuro de sus hijos. ¿Por qué habríamos de extrañarnos que los políticos de todo signo estén saqueando a la nación?

Nadie me ha pedido mi  opinión respecto a qué hacer. Y qué bueno, porque no sabría ni qué contestar. Oteo el futuro con desesperanza porque necesitamos un gobierno honesto, responsable y austero, sistema de justicia y de seguridad pública que imponga la ley y termine con la delincuencia y la impunidad que llega ya al 95% de los crímenes cometidos, necesitamos un sistema de partidos sin financiamiento público y con estricta fiscalización de sus finanzas, necesitamos reducir el poder legislativo a una cámara porque no necesitamos de más de 100 representantes, necesitamos poner fin a un capitalismo depredador y abusivo y sustituirlo por un sistema de libre empresa responsable y honesto, necesitamos, en fin, un cataclismo moral, pero ¿de dónde vamos a sacar todo eso con el pueblo que tenemos?… Lo dicho, no tengo ni la más remota idea de cómo hacerle, pero sí tengo una pregunta que ya he formulado antes:

¿Qué tipo de pueblo es este pueblo que a pesar de la Guardería ABC, a pesar de Ayotzinapa, del crimen sin control, del hambre y la pobreza, que pesar de los pesares, sigue eligiendo a la misma clase política que nos ha saqueado con jolgorio sin igual?

Por Alejandro Valenzuela

Fotografía de portada por Benjamín Alonso

 



Acerca de

Alejandro Valenzuela es originario de Vícam, Sonora, un pueblo muy feo pero que tiene buen lejos. Si uno lo ve a la distancia, digamos desde lo alto del cerro del Omteme, es un lugar hermoso donde el verde intenso de sus árboles, como de fantasía, resalta en el marco de un vallecito de ensueño que se prolonga hasta una cordillera de montañas que de lejos parecen azules. De cerca es un pueblo feo, polvoriento y reseco, de calles intransitables y casas construidas con una arquitectura sin gracia. Vícam se está pudriendo en el abandono porque está pagando, pidiendo permiso para todo, el pecado originario de entrar sin permiso en territorio yoreme. Es profesor-investigador en el Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Sonora en Hermosillo, donde imparte los cursos de ingeniería económica, costos en ingeniería, estadística y probabilidad, econometría y teoría económica (microeconomía y macroeconomía). Es el director del Vícam Switch, medio de comunicación de las comunidades yaquis, medio que tiene la misión de contribuir al logro de una sociedad de personas iguales, tolerantes y respetuosas conviviendo en una región con usos, costumbres y leyes propias. Busca que se respeten los intereses culturales, históricos, sociales, políticos y económicos de todos los habitantes, hombres y mujeres, yaquis y yoris. Alejandro Valenzuela aprendió lo poco que sabe en las escuelas primarias Benito Juárez, de Bácum, y Florencio Zaragoza, de Singapur; en Vícam, en Secundaria Federal Lázaro Cárdenas y en el CBTA 26; en la Ciudad de México, en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM y en UAM-Xochimilco; en El Colef, de Tijuana; en la University of Connecticut, en los Estados Unidos, y en El Colson, en Hermosillo. (Autopresentación)


'La metáfora del perro muerto' tiene 5 comentarios

  1. junio 6, 2017 @ 12:39 pm Octavio Montiel

    Descanse en paz Firulais y que una Jauría de perros con vida sepulten a los responsables de la atención ciudadana, a lo mejor son mas perros que los humanos y tienen su espíritu vigente. En verdad que es el espiritu quien le da direccion y sentido o no a las personas y a los diferentes procesos.

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  2. junio 6, 2017 @ 12:58 pm juan enrique ramos

    Excelente artículo, impecable redacción, profunda reflexión que ilustra cómo todo está ligado con todo: para muestra basta un botón. En efecto, nuestros veccino son normales, la norma desgraciadamente parece ser la desidia, el valemadrismo, el indiviudalismo que desccribes…tu diagnostico y tu solución son correctas, lo peor es que no sabemos cómo lograrlo

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  3. junio 6, 2017 @ 2:59 pm Sergi

    Gracias querido Benjamín, por recomendarme tan sanadora lectura. Y digo sanadora aunque a muchos pudiera parecerles surrealista, porqué por fin sé que hay gente en esta región que siente la misma tristeza y la misma desesperanza al ver la pésima materia prima con la que nuestra sociedad cuenta para llegar a ser una sociedad civilizada.

    No se trata de política. Llevo 10 años diciéndolo desde que esta tierra me acogió. Se trata de integridad, de valores, de humanismo, de ver a los demás como un todo que no es ajeno a mí sino al contrario, del cuál dependo. Se trata de CALIDAD CIUDADANA, vamos… de lo que toda la vida se ha llamado civismo, valores, etc…

    Alejandro, tus raíces culturales y geográficas son muy alejadas de las mías (Benja te dirá), pero tu artículo, tu grito de impotencia, créeme, es el mismo que sentimos aquellos pocos que por feliz azar fuimos educados de manera diferente por nuestros padres. No estás solo en tu análisis de la situación ni en tu pesar.

    A veces se me pasa por la cabeza que la única manera de huir de este presente desesperanzador sería buscar almas gemelas como las de ustedes y fundar una colonia en una isla desierta. Jejeje, ¿no les recuerda la idea a la película «La aldea» (o «El bosque»), magistralmente dirigida por Shymalan? (¡si no la conocen se están tardando en verla!… icónico film).

    Pero otros días recobro la serenidad y quiero creer que estas dificultades han estado ahí siempre. De hecho, en este sentido me ha ALEGRADO saber que alguien en 1921 ya retrataba en México esta misma situación. Confirmacion irrefutable de que no son «estos ni aquellos politicos» los culpables. Es algo inherente al ser humano. Me imagino que los teólogos católicos lo explican con el poco entendido «pecado original».

    Éste es otro punto que me entristece: tantos MILENIOS de espiritualidad religiosa -en variedad de continentes, colores y sabores- y el pinche egoísmo individual no se ha movido de su sitio ni un milímetro… y sigue siendo la misma mosca cojonera que todo lo ensucia y lo echa a perder ¿?¿?¿? Algo se está haciendo mal, ¿no creen?

    Algunos dicen que «no estamos igual que hace milenios… que hemos mejorado mucho!». Discúlpenme… lo que ha avanzado ha sido nuestro conocimiento científico y nuestra tecnología, y efectivamente -al menos a la quinta parte privilegiada del planeta- nos permite tener aire acondicionado y sobretodo comida tan abundante como para tirarla e incluso para morir de obesidad literalmente. Pero las envidias, las traiciones, la inmoralidad, la falta de empatía, etc.. yo creo que incluso han empeorado! De todos es sabido que al menos en tiempos de escasez la gente tiende a ayudarse (no hay de otra, aunque sea hipócritamente). Pero en estos tiempos de artificial «abundancia» cada uno mira por sí, y peor aún con incertidumbre en el futuro, es decir, cargados de miedos que todo lo embarran y desvirtúan. Les recomiendo a este respecto el libro «Las cadenas de la ilusión» de Erich Fromm, el humanista de mediados de siglo XX.

    Vaya, voy a cortar ya el rollo, porqué aquí se supone que solo debía comentar, no discursionar!! jajajaja… saludos a los presentes!!! ¡Les quiero! 😉

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    • junio 6, 2017 @ 11:18 pm Alejandro Valenzuela

      Gracias Sergi, me alientan muchos tus palabras y, sobre todo, saber que no soy el único «desencantado»… ¿No eres acaso el cineasta que hizo un documental sobre la tribu yaqui?

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  4. junio 6, 2017 @ 5:35 pm NORMA

    Bastante buena tu crónica- análisis-protesta Alejandro, con tu pensamiento critico audaz y beligerante haces énfasis en señalamientos por demás conocidos por todos y cada uno de los ciudadanos de este México, lindo y querido ..pero demasiado golpeado por la demagogia.. Sin duda alguna hablamos (o escribimos mucho y muy bonito, con letras bien fundamentadas) pero el resultado es el mismo….no hacemos nada. PREGUNTA: ¿DE QUE NOS SIRVE TANTO CONOCIMIENTO Y TANTA PALABRERÍA, SI NO DESPERTAMOS LA CONCIENCIA DEL MEXICANO?..AHI SE LOS DEJO,,,,, SALUDOS!!!

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