La cultura se sirve en platos pequeños y nos quedamos con hambre


El 10 de octubre se celebran 37 años de la Casa de la Cultura de Sonora y para celebrar se ofrece un concierto de aniversario por parte de la Orquesta Filarmónica, de Sinatra a Manzanero. Hasta aquí todo suena fabuloso. Admisión gratuita, faltaba más, 19:00 horas.

La serie de eventos desafortunados comienzan cuando uno le pica al botoncito Asistiré en esos eventos y de pronto ves que hay 1,000 interesados y 600 asistentes. ¿Pero cuántas butacas tenemos disponibles? La capacidad máxima del ya cansado Teatro de la Ciudad es apenas de 491 personas.

Pero les platico mi odisea desde el comienzo: tomar el camión. Salí optimista de mi departamento, que no está muy alejado de la UNISON, y a pesar de usar bicicleta cotidianamente creí más oportuno ir en autobús al teatro por varios motivos: primero, por llevar minifalda y temer ser agredida; segundo, porque el trayecto por el bulevard Rosales hasta la Casa de la Cultura es kamikaze para un ciclista; y por último, y no menos absurdo, quería llegar temprano.

Llegar temprano a los geniales conciertos que ofrece la filarmónica no era un problema en el 2010, los asientos estaban vacíos y a veces no se llenaba ni la cuarta parte del pequeño teatro. Me imagino que hace 37 años, cuando se creó la estructura, la cultura era todavía más decadente y la publicidad escasa, pero la ciudad creció y 491 asientos ya no alcanzan para nada, con las puras mamás de los músicos se llena.

Pero les contaba del camión, aunque ya deben saber el final: tardó en pasar, nos fuimos de pie, amontonados, y no se paró en la estación de la Casa de la Cultura, sino que nos aventó por alguna calle de Villa de Seris. Entonces tuvimos que caminar de reversa un largo tramo para darnos cuenta, desde lejos, de la interminable fila que salía del teatro. Ya valió. Últimamente hay que llegar hasta hora y media temprano para tener esperanzas de entrar a los conciertos.

Chingado, todo mundo se enteró del concierto. ¿Y si en vez de gastar en tanta publicidad para promocionar sus eventos lo echan a un cochinito y ahorran para un nuevo teatro más grande? Si quieren pasen el sombrero, acá les echamos unas moneditas.

Nos acoplamos a la fila sin demasiadas esperanzas para después enterarnos que había una segunda cola, esta para entregar boletos. La idea es buena porque a causa de la demanda facilita llevar un control y despachar a la gente que ya no alcanzó lugar más rápido. Si no alcanzas nada en una fila, menos en la otra, y ya te puedes ir a casa a ver la televisión. Así no te cierran la cadenita apenas faltando dos personas y sufres mayor desencanto.

Las puertas se cerraron y quedó el lobby lleno de personas de toda edad (ya dije que las canciones serían de Sinatra y Manzanero) A pesar de las negativas, más de la mitad de las personas se quedaron. Parecía una tokada banquetera de esas que se arman cuando el cover está bien caro y mejor te compras unas cheves y escuchas de afuerita. Aquí no había ni cheve, sólo un montón de burócratas llegando con elegante retraso y pasando ya con su boleto. La alfombra roja encabezada por el Welfo, que nunca se pierde un evento cultural. ¿Cómo le hacen para llegar tarde y sentarse hasta enfrente? Pura suerte. Los demás seguíamos resistiendo afuera, esperando algún milagrito. Fueron desertando de a poco. Que ya está abarrotado, que gracias por venir y aquí tienen un programita de consuelo.

De repente aparecían boletos mágicos que se pasaban del otro lado de la cadena y uno que otro logró entrar. En la bola dos señoras conversaban, conocían a uno de los cantantes de la noche y este ya les había platicado por celular que las butacas se habían llenado de políticos…

Nos terminamos de encabronar y nos fuimos de regreso, esta vez a pie porque se llega más rápido. En el trayecto pasamos por el Auditorio Cívico y también había filas sobresalientes. ¿Qué van a presentar, señor? Al John Milton. ¿Y cuánto cuesta el boleto, oiga? 300 pesos.

El Auditorio Cívico tiene capacidad para 957 personas. Fin de la tragicomedia.

Texto y fotografía por Michel Axel



Acerca de

Nació en el desierto (1993). Estudiante de la Licenciatura en literaturas hispánicas en la UNISON. Inconduce Radioliteratura los lunes por el 107.5FM. Lectora más que escritora. Trabaja recetando libros. Diletante, ha participado en distintos concursos y talleres literarios. Colaboradora en el proyecto La ciudad del solitario. Editora del número 20 de la revista Hayaza.


'La cultura se sirve en platos pequeños y nos quedamos con hambre' tiene 2 comentarios

  1. octubre 11, 2017 @ 8:20 am Yadira Cota

    Allá porque se llena y acá porque no hay…. planeacion y programas estatales integrales necesitamos, no proyectos al vapor, los buenos eventos culturales y cotidianos deben de estar presentes en todos los municipios, además de crear los espacios adecuados

    Responder

  2. octubre 11, 2017 @ 10:22 am Javier

    No es un secreto el nepotismo y el compadrazgo. No causa extrañeza la impunidad. Y he aquí lo deprimente: a nadie le sorprende la ineficacia del Estado. Pero la indignidad y frustración, esas siempre perduran.
    Buena crónica Michel.

    Responder


Quieres compartir tus ideas?

Tu email no será publicado

Crónica Sonora