De lo que pensé cuando El Manzanita murió


Siempre lo vi con una gabardina negra, amarrada en sus mangas con ligas plásticas, de esas con las que morras en cajas del banco hacen que los fajos de billetes parezcan sólo un puño insignificante de papeles. Aunque me dijo su nombre, no lo recuerdo. Sin embargo no olvido, y probablemente quede aferrado en mi memoria, cómo es que ganó su apodo. Él era un niño muy blanco que vivía en el DF. En su primaria, la profesora, en una especie de bullying añejo del que nadie se preocupaba, se burló de su apariencia luego de un día de calor y dijo que sus mejillas parecían dos grandes manzanas y lo nombró El Manzanita. Por lo menos eso me dijo él, por lo menos es lo que él asumió como cierto.

 

El Manzanita era uno de esos personajes de la Catedral de Hermosillo que pasas sin siquiera voltear a ver. Su aspecto no era para nada atractivo: un hombre con más de 60 años, flaco, cabello no en rastas pero sí tieso por la grasa; gabardina negra y pantalones sucios; bolsas plásticas que salían de sus mangas para en tiempo de invierno generar calor; pómulos que alguna vez fueron rojos, ahora se alzaban a la vista como dos huesos intimidantes, como delatores de alguna enfermedad.

 

No quiero decir que fuera un desadaptado o extraño. No, al contrario. En más de una ocasión me tocó ser testigo de cómo defendió a morras acosadas por otro de esos personajes típicos de la Plaza Zaragoza, los «viene-viene». El Manzanita no sólo era un hombre educado socialmente, sino que, según me afirmó, era un Físico. Algunos dicen que eso mismo lo volvió loco y lo hizo pasar su vida en las calles.

 

Entre las historias que me regaló sin pedir nada a cambio está la de tener 16 hijos, los primeros con una húngara. Nunca supe cómo llegó a tener hijos con una húngara, pero sí me explicó, más o menos, cómo fue que logró hablar en muchos idiomas: los viajes, los benditos viajes. En un principio supuse que el hombre inventaba historias e idiomas para impresionar a la gente, pero luego de que me habló en inglés, francés e italiano -idiomas en los que por lo menos tengo una leve noción de fonética y estructura-  y detecté que todo hacía sentido, empecé a prestarle más atención.

 

A muchos en el centro histórico de Hermosillo les molestaba que siempre estuviera con una receta vieja delicadamente guardada en una bolsa plástica pidiendo dinero. Era, me dijo, de su hijo menor, uno que es asmático y vivía con su mamá en precarias condiciones.

 

-Vela, es su nombre, la receta sí es real.

 

Me dijo una vez, pero no quise destruir la confianza que yo misma había generado en torno a ese hombre que por lo menos un centenar de veces vi caminando en la plaza junto a Catedral luego de misa de domingo, cuando nadie le prestaba atención. Muchas veces yo me sumé a ese club, algunas veces por flojera, otras por no tener nada que ofrecerle o por sentir que no tenía el tiempo.

 

Los años siguen pasando y siento una deuda pendiente con El Manzanita. La última vez que pude hablar largo y tendido con él fue donde dormía. Y digo donde dormía porque eso no era una casa ni un lugar para vivir. Prácticamente llegó a formar apenas un refugio.

 

Su cama y algunas pertenencias las mantuvo en la azotea del billar Mr. Don, en el centro de Hermosillo. Ahí, en la más precaria de las condiciones y expuesto a las crueldades del clima –o mucho calor o mucho frio- y a la saña humana, dormía a favor del dueño del negocio, quien a veces -según nos confió al fotógrafo y a mí- lo dejaba bajar al billar para tener un techo sobre él.

 

Es decepcionante pensar que una persona que viajó, se formó como Físico y conoció mejor que muchos los elementos que mueven nuestro entorno, murió sin que alguno de nosotros entendiéramos su entorno o moviéramos un elemento. Siento que tengo una deuda pendiente. Un algo que le debemos al hombre que a muchos nos ilustró y nos llenó horas con relatos interminables sobre sus viajes, de cómo aprendió a hablar catalán e italiano.

 

Para muchos, El Manzanita era el vagabundo de Catedral. Para mí fue el señor de la gabardina negra al que le debo una última platicada, una última oportunidad de decirme cómo ganó esa cicatriz o cómo es que nunca volvió a ser el hombre que soñó ser. A muchos les dio una receta de uno de sus hijos pidiendo dinero. A otros les dio lástima. A algunos les dio asco. A mí sólo me dio historias.

 

Por Perla J. Noriega

Fotografía de Luis Gutiérrez

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Acerca de

Perla Noriega nació en Hermosillo, ahí estudió periodismo y no acabó Letras. En la Universidad de Guadalajara cursó la Maestría en Ciencias Sociales. Gusta del humor negro.


'De lo que pensé cuando El Manzanita murió' tiene 24 comentarios

  1. noviembre 30, 2015 @ 3:08 pm CDGAR

    Tampoco hay que olvidar que el Manzanita dominaba el ajedrez, incluso ganando campeonatos y enseñando a jugar a niños.

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    • diciembre 2, 2015 @ 4:57 pm Isis

      Que chilas letras, es neta que mas de un par de lagrimas me subieron del corazón y a los ojos. Recuerdo que en aquellos días (2011-2012) salí del barrio (SLRC) y me lance a Hermosillo para hacerme corresponsal de LA PRENSA de SAN LUIS. Ahí tripie con un par de saludos a la Perla, que en esos días chilos, se dejaba caer en el periódico Expreso. Morrita bien de aquellas que todo el tiempo calzaba conver´s negros, un morral y cámara . También recuerdo al manzanita de regreso a mi cantón que estaba por la calle Garmendia, a unos pasos del mercado municipal. Ahi estaba siempre el Manzaniya, sentado en ua banca frente a la puerta de acceso a Radio Sonora. Bien cabula el compa, se las curaba siempre cuando la jaina que yo traia en ese momento, lo reconocia y le preguntaba si el era el que escribia una columna en la revista Generos y que si porque le decian el Manzanitas..,

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    • diciembre 3, 2015 @ 6:55 pm Perla J. Noriega

      Sí, tienes razón. De hecho en la revista en que hacía sus publicaciones más de una ocasión hizo textos relacionados a ello.

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    • diciembre 3, 2015 @ 7:08 pm Perla J. Noriega

      Tienes razón, Edgar. En la revista en que publicaba en más de una ocasión hizo referencia al ajedrez.

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    • diciembre 9, 2016 @ 8:11 am Jose robles

      Bonita y triste historia de este personaje nadien sabemos que nos depara el destino yo tengo un hijo enférmo el dia que le faltemos no si depare como esta persoma o como muchas que hay e Hermosillo es triste no es resignacion ni conformismo es impotensia

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  2. noviembre 30, 2015 @ 3:48 pm abraham mendoza cordova

    Gracias Perla por compartir algo del Manzanitas y te felicito, yo lo que se es que vendía libros, me lo dijo un amigo que se dedica a eso, me comentaba con mucho asombro que sabía mucho.

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    • diciembre 3, 2015 @ 6:57 pm Perla J. Noriega

      Abraham, gracias por darte el tiempo de leer y comentar. Y sí, El Manzanita estaba lleno de historias, creo que dosificó las que iba contando, para no darle todas a uno solo y distribuirlas mejor.

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  3. noviembre 30, 2015 @ 6:19 pm Patricia Monge

    Gracias por compartir esas palabras, recuerdo que me compartió una receta para mantener limpia mi cara, realmente funciona, ademas de bonitas historias

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  4. noviembre 30, 2015 @ 9:54 pm Marco

    Buena reseña, que me hizo pensar en retrospectiva ya que yo era de esos que lo miraban con hueva por presentarme su receta jodona. Ahora veo que mi percepción fue poco humana. Gracias por compartir tu experiencia.

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    • diciembre 3, 2015 @ 7:00 pm Perla J. Noriega

      Yo tenía una idea similar a la que comentas, hasta que un día por diferentes razones me vi escuchándolo, terminé viendo dónde y cómo vivía, además de la persona que fue, y mi perspectiva fue completamente distinta.

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  5. noviembre 30, 2015 @ 10:01 pm Ramón Armando Alvarez Figueroa

    Miguel Ángel Álvarez era su nombre y efectivamente, era un hombre culto que en un tiempo se sostenía vendiendo libros.

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  6. diciembre 1, 2015 @ 8:18 pm ANGEL VILLA

    Gracias por compartir esas palabras, me tocó platicar con él en varias ocasiones. Una persona culta en verdad, aunque su aspecto dijera lo contrario ! ! !

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  7. diciembre 3, 2015 @ 11:37 am Lizeth Susana Encinas Ozuna

    En alguna ocasion me tocó platicar con él ya que me ofreció libros en venta en Ley Blvd. y aunque su apariencia era sucia y desaliñada al hablar se notaba su gusto por la lectura y conocimientos descanse en paz Miguel Angel Alvarez «El Manzanita».

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  8. diciembre 3, 2015 @ 8:32 pm Manuel Rosales

    Hubo un tiempo en que se distinguía por ser un hombre elegante: Saco, corbata, pantalón de «vestir» y sus infaltables libros qué vender, y efectivamente, era un hombre muy culto. Hablaba un francés un fluido, me consta. Buena crónica. Me hizo recordarlo. Gracias y felicidades…

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  9. diciembre 3, 2015 @ 10:15 pm Juan Manuel

    Buena Crónica, mi pregunta sería cual consideran que sería un merecido epitafio para Manzanita? O si El alguna vez lo menciono o sugirió
    Saludos y Felicidades!

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  10. diciembre 9, 2015 @ 7:45 pm Gloria Del Yaqui

    Pasamos por la Vida ante la indiferencia de los Demås…Quė Bien que Crønica Sonora a traves de Perla le haga este homenaje al Manzanita,hombre ilustre y Capaz.

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  11. septiembre 1, 2016 @ 1:39 pm De lo que pensé cuando el Manzanita murió | pjnoriega

    […] (Texto publicado en Crónica Sonora). […]

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  12. diciembre 7, 2016 @ 11:20 pm Patiño~Estrada

    Personajazo, desde el 2007 me regresé de Hillo a vivir a mi tierra y no concibo la zona de Catedral – Radio Sonora sin verlo. Leer este texto me llevó, con nostalgia, a esos años. Recuerdo al «Manzanira» con mucho respeto, era muy singular, platicar con él era una postal contra el prejuicio, las primeras palabras que crucé le invité un esquite y aceptó. Me llamaba la atención su gabardina con el calorón. Me parecía un personaje ideal para una rola de Maldita Vecindad. Disfruté mucho la lectura y recordarlo.

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  13. diciembre 8, 2016 @ 4:56 pm Dulce H.

    A mi tambien me toco platicar con El en alguna ocasión, me habló de historia y de algunos lugares que visitó. De verdad era muy claro en sus ideas y en la forma de expresarse.
    Muchas gracias Perlita es una bonita forma de recordarlo. :*

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