De la conversación a la experiencia estética 


Hermosillo, Sonora.-

En esta edición número 27 de Un desierto para la danza, el grupo anfitrión ha propuesto como parte de las Actividades Alternas del Festival, las Charlas con Rosario Manzanos, que tienen lugar en la sala Luis López Álvarez de la Casa de la Cultura de Sonora, a las 7 de la tarde antes de cada función.

Rosario Manzanos cuenta con una larga trayectoria como periodista y crítica de danza en México. Contra todos los obstáculos  y falta de contexto que el oficio de la crítica ha tenido durante los últimos años en nuestro país, ella ha logrado mantener un espacio permanente en la revista Proceso y además ha sido, desde finales de la década de los ochenta, una presencia cercana al desarrollo del quehacer dancístico en Sonora.

Las Charlas consisten en una entrevista, por parte de Rosario, al coreógrafo, previo a la presentación de su propuesta. El público tiene la posibilidad de conocer un poco del universo personal del creador antes de ver su trabajo y probablemente de adquirir algunas “pistas” para lograr conectar con el para muchas personas inaccesible lenguaje de la danza contemporánea.

El domingo 28 de abril la charla fue con la maestra Rossana Filomarino, personaje de la danza nacional con todas las credenciales: alumna de la mismísima Martha Graham, más de 50 años de carrera profesional, más de 70 coreografías, directora de Drama Danza Compañía con 25 años de trayectoria, bailarina y coreógrafa en el mítico Ballet Nacional de México, premios y homenajes varios, “pertenencia casi ininterrumpida” al Sistema Nacional de Creadores dice el programa de mano y por si fuera poco en la charla nos enteramos de que es acreedora al Premio Nacional de Ciencias y Artes, reconocimiento que en escasas ocasiones se ha otorgado a creadores de danza.

Como bien dijo Rosario, tiempo hizo falta para escuchar las historias fascinantes que esta personalidad tiene para compartir. Escucharla es escuchar a muchas voces que han construido junto con ella el territorio que ahora nos permite a muchas y a muchos desarrollarnos como personas, como comunidad y como amantes o profesionales de la danza contemporánea.

Una pregunta clave por parte de Rosario Manzanos fue acerca de que si la Técnica Graham es una técnica de museo, a la cual la maestra respondió con otra pregunta:  “ ¿Es el ballet una técnica de museo?”… No sé si sólo me pasó a mí (no creo) pero en mi cabeza la respuesta a las dos preguntas fue un rotundo SÍ.

De no haber pasado por alto la provocadora pregunta que lanzó Rosario, quizá ahí hubiera iniciado lo más valioso de esta conversación. Entre la presión del tiempo que se agotaba y el temor a cuestionar las poderosas credenciales e importancia histórica que Rossana y otras grandes personalidades de la danza nos imponen como comunidad y como público, perdimos una enorme oportunidad de problematizar acerca de un gran tema: la vigencia que en la actualidad tienen las técnicas de entrenamiento en relación a los lenguajes estéticos de la creación coreográfica. 

Conversación que tal vez nos habría contextualizado para la experiencia con El canto del cisne (Periplo 2018), obra que se presentó después de la charla.

La obra -para mí y resonando con la analogía planteada por Rosario en la charla- fue como ver una pieza de museo, impecable, con coherencia entre todos los elementos que componen su estética, pero muy lejos de la energía, los lenguajes, las estéticas y las problemáticas de esta caótica y difícilmente abarcable actualidad en la que vivimos y de las búsquedas y preguntas sobre las que una nutrida comunidad de coreógrafos y bailarines están trabajando. 

No es que piense que una coreografía de museo no tenga sentido en la escena de la danza contemporánea, de hecho, en el contexto del Desierto y en congruencia con la intención de esta edición, puede resultar interesante para algunos jóvenes bailarines y coreógrafos en formación la experiencia en vivo y no sólo en video de una propuesta de este tipo; también creo que hay público que puede disfrutarlas. Lo que me inquieta es que El canto del cisne no es una pieza de repertorio de la compañía: su estreno es reciente y me inquieta en el sentido de que sean estos criterios artísticos y de creación los que las instituciones de la danza nacional avalan como criterios de validación o desacreditación de otro tipo de búsquedas desde el cuerpo.

Por Claudia Landavazo

Fotografía de Juan Casanova

Rossana Filomarino, Rosario Manzanos y Miguel Mancillas

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Acerca de

Claudia Landavazo vive en la Ciudad de México y es egresada de la carrera de Letras de la UNISON. Bailarina y coreógrafa de danza contemporánea, actriz de vez en cuando y se dedica desde hace algunos años a dar clases y al trabajo en comunidades y grupos vulnerables a través de la danza. Forma parte de CARPA Colectivo, donde desarrolla la metodología en Artes de Participación.


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