Abelardo Casanova, el periodista que no juzgaba


En octubre de 1962 el mundo se mantuvo tenso y preocupado a causa de una posible conflagración mundial por la llamada Crisis de los Misiles, uno de los conflictos más fuertes que se vivió en la época de la famosa Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Por entonces, la gente de Sonora, y especialmente la de Hermosillo, no estuvo ajena a las vicisitudes de ese conflicto, ni mucho menos alejada de aquel temor.

Era un temor colectivo que se expresaba en las charlas familiares, con los amigos, en las escuelas, entre los niños y en los parques, en los mercados y en las esquinas; en todas partes se hablaba de la posibilidad de que estallara la tercera guerra mundial y se acabara el mundo. Se puede pensar que ese año el planeta estuvo en verdadero peligro, porque las armas de destrucción con las que se alardeaba a través de la prensa eran cohetes teledirigidos cargados con bombas atómicas.

Eran los tiempos en que el mundo se equilibraba con dos poderosas fuerzas: el capitalismo y el comunismo. En esa época, el Canal 6 de televisión en Hermosillo era presidido por Raúl Azcárraga, quién comentaba con el joven periodista Abelardo Casanova –en ese entonces encargado de la contabilidad de aquella exitosa empresa de telecomunicación– sobre  la responsabilidad de ofrecer al teleauditorio un mensaje de ecuanimidad y tranquilidad, dirigido a la población a través de un programa en vivo que destacara la necesidad que tiene el ser humano de construir antes que destruir(se).

El programa se hizo y fue todo un éxito gracias a la identificarse con los sentimientos de la gente. De esta forma nació el aún recordado y muy querido programa de televisión Hechos y Palabras, con el destacado comentarista Abelardo Casanova. Mi padre.

Sobre este programa Ernesto Camou Healy dijo en su columna Batarete lo siguiente:

“Cuando por fin llegó la señal de la TV a Hermosillo, a la novedad de tener cine en casa se añadió la de contar con una celebridad vecina, pues un señor de la cuadra de al lado, ahí en la calle Bravo, atrasito de Catedral, papá de nuestros amigos, muy amable y serio, el Abelardo pues, aparecía en televisión, dirigía un noticiero y lo hacía de un modo ameno, inteligente, y con una cuidada técnica que le permitía controlar la cámara, adueñarse de ella y parecer que hablaba con la naturalidad y frescura de quien platica en la sala de su casa…

“Para entonces me quedaba claro un filón ético muy especial en Abelardo: una convicción profunda de que la vida tenía un sentido y había que impregnarla con ese compromiso fundamental.

Era un humanista que poseía una cierta dosis de sano cinismo frente a una comunidad, regional y nacional, que ostentaba y presumía sus creencias, y se dedicaba con ahínco a contradecirlas en la vida cotidiana; y él las documentaba, con agudeza e ingenio, que le permitían narrar y hacer evidente las contradicciones, sin parecer un juez severo”.

Abelardo Casanova Labrada retratado el año de 1965

Me tocó trabajar cerca de mi padre en el periodismo, cuando me mandó en unas vacaciones con José Ángel Partida, en ese entonces reportero del noticiero de televisión El Mundo al Día, a quien acompañé como asistente montado en una motocicleta negra Yamaha, para echar las luces a la hora de filmar con una cámara de 16 mm, en entrevistas a personajes de la ciudad y contrastarlas con la opinión de altos personajes de gobierno y servidores públicos, al mismo tiempo que vivía experiencias personales y familiares que marcaron mi adolescencia.

Una de ellas, cuando temprano por la mañana, rumbo a la escuela secundaria, pude observar con asombro que en las bardas de la ciudad  por donde pasaba iba descubriendo grandes pintas, de letras grandes y rojas con el lema “Casanova Mientes”. Y al rato me di cuenta –ya de vuelta a casa– que esa famosa pinta estaba hasta en el Cerro de la Campana.

Otra, cuando la policía judicial disparaba gases lacrimógenos a los estudiantes cerca de la Universidad de Sonora, observé de lejos que una de las bombas cayó a los pies de mi padre. Y él ni se inmutó.

Una más, cuando lo acompañé como reportero en las ciudades de Nogales y Magdalena, a cubrir la visita que hizo el presidente de Estados Unidos, Gerald Ford, al presidente de México, Luis Echeverría, quien asistió acompañado de una parte de su gabinete, y entre ellos surgía la presencia del polémico Secretario de Estado de los EEUU, Henry Kissinger. Obviamente los gringos venían por el petróleo que se había descubierto en esa época, y con un poco de dignidad, no se llegó a ningún acuerdo con ellos.

Hubo muchas más experiencias, sobre todo familiares, cuando hablábamos de las cosas buenas. Porque de las malas, ni me acuerdo.

Abelardo Casanova se distinguió por el apoyo decidido que dio a los jóvenes estudiantes en el movimiento del 67 y del 73. Y sus adversarios en el periodismo –cuando lo atacaban– lo llamaban “hippie viejo”. En esas décadas los jóvenes se manifestaban en casi todos los países en contra de la guerra de Vietnam y por una mayor democracia, a favor de un cambio pacífico en las relaciones políticas y sociales, y Sonora no fue la excepción.

En 1972 funda el periódico Informacion. Fue toda una legión de reporteros, articulistas, columnistas, administrativos y gente del taller que se identificaban entre sí por su idealismo ante la vida.  Y si en la primera época de periodistas en el equipo de Abelardo Casanova el mejor reportero fue José Ángel Partida, en la segunda etapa ocupó ese lugar el reportero César Gallegos, quien en sus recuerdos señala:

“Era la época de la lucha social y gran discusión de las ideas que buscaban los cambios trascendentales de la sociedad. En esa discusión, Información siempre se puso del lado de la justicia. Denunciando todo atropello y abuso de autoridad –pública o privada– que afectara intereses legítimos de la población. Para el periódico de don Abelardo Casanova, buscar y encontrar la verdad era fundamental para el ejercicio del periodismo libre y objetivo. La verdad se encargaría de inclinar la balanza hacia quienes tenían la razón. No juzgaba a nadie, como sucede en la actualidad. Ubicaba a los líderes de opinión y a quienes ejercían el poder en su exacta dimensión social, para que llegado el momento, respondieran por sus actos si estos afectaban negativamente a la sociedad”.

EL PENSAR DEL CORAZÓN

A su vez, el historiador Ignacio Almada Bay, expuso lo siguiente en una semblanza del escritor y periodista, al ser homenajeado en una edición de Las Fiestas del Pitic:

“Abelardo Casanova toma conciencia de que el mundo ha cambiado y sigue cambiando con rapidez desde finales de los años sesenta. Es un hito la fundación del diario Información, en agosto de 1972, con algunos colegas de la experiencia televisiva y una pléyade de entusiastas colaboradores de todos los niveles sociales y para todos los oficios y tareas que hacen a un diario. Ahí se desempeñó como bujía, director, editor de las cabezas de primera plana y propietario. Como lo había hecho en televisión, siguió sus pautas de no responder a las injurias, comunicar la problemática viva y expresarse en buen español. La polarización política y cultural que se registró en Sonora y en México en los años setenta hizo inviable económicamente la empresa, a pesar del pluralismo y la calidad de los articulistas de Información y de su planta de reporteros y trabajadores. La hazaña era pagar la raya semanal”.

Cuando murió mi padre la noticia corrió como reguero de pólvora. Entre otras cosas, Gerardo Godoy escribió en ese entonces en Dossier Político:

“Se ha ido hoy, 26 de noviembre de 2010, uno de los más grandes del periodismo no solo de Sonora sino de México entero. Don Abelardo Casanova Labrada, gran maestro forjador de varias generaciones de reporteros, nunca pretendió ser tomado como tal, sin embargo sus acciones, actitudes y enseñanzas no eran lecciones de periodismo, sino de vida.

“Catalogado por sus detractores como comunista y de izquierda por la apertura que siempre brindo a las causas estudiantiles, al sindicalismo y a su desacuerdo con la violencia, las injusticias y las imposiciones, paradójicamente su formación y su fe lo habían llevado a ser uno de los más activos miembros de la Asociación Católica de la Juventud Sonorense (ACJS), fundada por el padre Hermenegildo Rangel Lugo, con quien tuvo una entrañable amistad, así como con el obispo Don Juan Navarrete y Guerrero”.

Mi amigo Rubén Duarte Rodríguez fue de los primeros en enterarse de la partida de mi padre, y de inmediato me envío por internet este poema, a manera de condolencia:

Abelardo se ha ido,

Partió de Madrugada,

Sin Hacer Ruido,

Mientras sus Amigos,

Todos sus Lectores,

Estaban Dormidos,

 

Se ha ido Abelardo,

Dejando sus Hechos

Y Palabras,

Su Información,

Sus Días de Vida,

Sus Pasos Perdidos,

 

Abelardo se ha ido,

Así,  sin Borlote,

Me han dicho

Que dijo,

Antes de Marcharse,

A sus Hijos.

No me queda más que cerrar este texto retomando las palabras de Rossana Cassigoli:

“Las nuevas generaciones requieren de alas y raíces. Fomentemos que las nuevas generaciones tengan curiosidad por conocer la obra y trayectoria de Abelardo Casanova, donde encontrarán alas, raíces, rumbo y buen humor”.

Por Francisco Casanova Hernández

Fotografía: Colección particular de la familia Casanova

Una versión preliminar de este texto fue presentada como ponencia en el XXIX Simposio de Historia de la Sociedad Sonorense de Historia, “Historia de los medios de comunicación en Sonora, en Hermosillo, noviembre de 2016.

Este retrato lo hizo Juan Casanova, hijo de don Abelardo. De ese momento, Juan recuerda: “Mi papá me vio a los ojos de una manera única”.


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Acerca de

Periodista, promotor de la lectura y Asociado Fundador de Comunidades al Desarrollo A.C.


'Abelardo Casanova, el periodista que no juzgaba' 1 comentario

  1. marzo 12, 2018 @ 9:19 am Miguel Manriquez

    Muchos estamos agradecidos con Abelardo Casanova. Mi amistad con él fue valiosa y plena de anécdotas. Un abrazo.

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